Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres

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La excusa como Cine

En su anterior película La Red Social (The Social Network, 2010), David Fincher, escoltado por el guionista Aaron Sorkin, aprovechó el nacimiento de Facebook para presentarnos una historia sobre la amistad y los valores. Mark Zuckerberg no era sino la excusa para contarnos una tragedia griega. Fincher nos regaló un clásico generacionalmente definitorio, mientras otros jugaban con peonzas, sueños y calles imposibles.

En Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (The Girl with de Dragon Tatoo, 2011) Fincher se sirve del Best-Seller de este jóven siglo para cerrar su llamada “triología de la perversión” (Carlos Reviriego dixit). Millenium viene a completar el camino que inició con Se7en (1995) y continúo con Zodiac (2007), siendo ésta, su última película, lejos de una obra menor o una simple adaptación, un cierre perfecto que recoge todas las características de su cine en un envoltorio neonoir y posmoderno.

El propio Fincher asegura que la adaptación de la obra de Stieg Larsson era la única manera para llevar a la pantalla –de nuevo- “la violencia criminal y el sexo enfermizo”. La multiplicidad de enfoques de la historia permite la crítica sociopolítica que abunda en la novela o la introspección y la relación entre los personajes por la que apuesta Fincher: el magnetismo de esta extraña pareja es lo más estimulante del film. Millennium es una historia de redención profesional, en el personaje de Mikael Blomkvist, y personal, en Lisbeth Salander, esta última uno de los personajes más originales del género y genialmente interpretada por Rooney Mara que merece reconocimiento por la construcción de un personaje tan complejo.

La iracunda, provocativa e incomoda historia que nos cuenta Millennium viene excepcionalmente introducida por los agobiantes y viscosos títulos de créditos bajo la atronante versión de Inmigrant Song de Led Zeppelin a cargo de Trent Reznor y Karen O. Muy destacable la labor de Trent Reznor (Nine Inch Nails) y Atticus Ross con un trabajo sonoro excepcional que sabe integrar la música y los efectos sonoros en la historia, consiguiendo la atmósfera que requiere el film.

 

No sólo los temas tratados encajan a la perfección en la filmografía del director, la voluminosa primera novela de la triología sueca requería un esfuerzo narrativo al que Fincher está acostumbrado. Hay que reconocer la enorme empresa del guionista Steven Zaillian para condensar la primera novela y, a su vez, cerrar la historia sin necesidad de completarla con otras dos nuevas adaptaciones. Sin embargo, es Fincher quien desarrolla su capacidad narrativa para contarnos frenéticamente una historia muy extensa. En este aspecto guarda muchas similitudes con Zodiac (2007), incluso su duración, película donde realizó un ejercicio cinematográfico complejo, que el director continúo en la enorme labor que supuso El cusioso caso de Benjamin Button (2008). Posiblemente sea La Red Social (2010) la película en la que mejor construye la narración con la continua discontinuidad temporal, pero esto no hace sino manifestar que la obra de Fincher es una constante progresión y que nos encontramos ante el mejor y más estimulante narrador audiovisual del cine americano.

“Resulta curioso que el miedo a ofender sea más poderoso que el miedo al dolor” le dicen a Blomkvist después de acceder voluntariamente a una trampa mortal. Fincher juega continuamente con lo mórbido y lo extremo, se desliza en la fina línea entre la provocación y la ofensa. Pero siempre es capaz de equilibrarse. La controvertida apuesta de adaptar el Best-Seller Millennium, le ha salido bien a un director que se lleva la historia a su terreno con el fin de mostrarnos su universo. David Fincher utiliza las historias para crear su cine y utiliza el cine para contarnos sus historias.

Nota: Muchas de las claves del cine de David Fincher fueron desgranadas en el BIOPIC de este número de Revista Magnolia.

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