Star Wars. Episodio I: La amenaza fantasma (3D)

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Regreso al futuro

Ahora que George Lucas anuncia su retiro del mundo del cine, nos vemos retrotraídos, en una especie de salto temporal a un pasado no tan lejano (1999), al estreno de la película que volvía a colocarle en primera línea de la palestra de Hollywood tras años en hibernación: el primer episodio de su imperecedera saga galáctica. Cerciorados ya de que no es que nos hubiésemos montado en el DeLorean, sino que es que Lucas y su séquito han aprovechado el negocio del 3D para reestrenar la cinta tras la oportuna y chapucera reconversión a este formato, no queda sino lamentarse en silencio.

Si alguien espera encontrar en esta crítica un sesudo análisis de La amenaza fantasma, de por qué Lucas arruina su mitología de esa manera, por qué Yoda es una marioneta peor hecha que en los 80, por qué el mejor villano de todos los tiempos es el típico niño americano decepcionado porque su padre no ha ido a verle jugar el partido de béisbol, o de por qué nadie le dijo a George que Jar Jar Binks quizá no iba a gustar tanto como él pensaba, se sentirá ligeramente consternado. Si ya la han visto, sabrán que no hay mucho que decir al respecto (salvando cierto duelo final de espadas de luz, y la ya constante entrega de Liam Neeson). Si no, no lo hagan, que encima el 3D es unos euros más caro. Guarden su dinero, vayan a casa, y pónganse Una nueva esperanza (1977).

Volviendo al tema de la jubilación anticipada del que fuera el padre fundador del merchandising (los muñequitos y demás), no creo que se pueda, en términos estrictos, hablar de su adiós al cine. Lucas es un señor que quitando la interesante THX 1138 (1971) y la película generacional que es American Graffiti (1973), no encuentra variedad en su obra. Ha dedicado su vida por completo, para bien o para mal (ahí ya juzgará cada uno),  a la rentabilización de la empresa de su Flash Gordon particular. No empresa entendida como obra, sino como su primera y más sórdida acepción: industria, negocio, o las dos juntas, por qué no.

Si le juzgase un poder superior quedaría exento automáticamente de cualquier crimen que se le imputase, porque el haber regalado al mundo tres excepcionales óperas espaciales que recogen toda la magia de los códigos clásicos de la ciencia ficción y del cine de aventuras es una preciada carta comodín para evitar el linchamiento. ¡Ay si se hubiera quedado ahí! Pero de nuevo, ¿qué empresa se detiene ante la posibilidad de seguir creciendo? Los nuevos activos hicieron su papel, esto es, llenar las arcas, pero por el camino se perdió la esperanza de volver a contemplar algo del calibre de la mejor entrega de la saga, El imperio contraataca (1980, y que precisamente no dirigió él), o para qué engañarnos, de cualquiera de los otros dos dignos episodios.

Ahora Lucas se convierte en protagonista de una paradoja hilarante: me retiro, dice, no haré más cine, pero ahí os dejo preparados los estrenos consecutivos, de cara a los próximos seis (!) años, y en sobrecogedor 3D, de dos trilogías consanguíneas que se parecen la una a la otra en el blanco de los ojos. Como Natalie Portman y Carrie Fisher.

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