Hung

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Trabajar para vivir

Una de las virtudes que tiene la ficción televisiva (la estadounidense, en concreto) es su capacidad para mostrar historias y personajes de gran actualidad y vigencia. Son sonados los casos legales de The Good Wife, a veces anticipándose de una forma sorprendente a la actualidad. Por eso no es de extrañar que la noticia que más cobertura mundial ha tenido durante los últimos años, la crisis económica, se haya filtrado dentro de los guiones tanto de las networks como de las cadenas de cable, dando lugar no solo a nuevas tramas y conflictos en las series ya estrenadas 1 , sino al nacimiento de series cuyo mcguffin son los problemas económicos de las clases medias en los países desarrollados.

Es el caso de, por ejemplo, la Mildred Pierce de Kate Winslet (y de Todd Haynes), una mujer separada que intenta salir a flote en la Gran Depresión 2 y dar de comer a sus dos hijas mientras mantiene su dignidad. También es el caso del protagonista de Hung, serie de la HBO cancelada hace unos meses que contaba la historia de un hombre de mediana edad que decide prostituirse para poder vivir una vida sencilla y feliz.

No son extrañas las comparaciones con Weeds y Breaking Bad, en las que dos personas de los barrios residenciales de EEUU (quizá tan no-lugar como cualquier centro comercial o aeropuerto) van paulatinamente despojándose de los valores morales que les oprimían siguiendo impulsos de ambición y (sí, directamente) avaricia y egoísmo. Pero mientras que en la dramedia de Showtime y sobre todo el genial thriller/drama de AMC sus personajes abandonan toda justificación y criterio ético para entrar en terrenos ilegales, inmorales y deshumanizados, el descafeinado Ray Drecker es el protagonista de un amable relato indie de autosuperación y tímidos encuentros de cama. No es lo mismo, claro.

Sin embargo, no hay que menospreciar el valor de una entretenida serie que se atreve a hacernos ver que hay una diferencia entre subsistir y vivir en el marco económico (y social) actual. Los creadores Colette Burson y Dmitry Lipkin arañan la superficie del juego del “todo vale” aunque no llegan a plantearse cuestiones que Jenji Kohan y Vince Gilligan sí imponen sobre sus Nancy Botwin y Walter White. La liviandad de esta historieta no habría ahondado aunque la HBO no la hubiera incluido en la purga en la que también desaparecieron Bored to Death y How to Make It in America (también indies y con aspiraciones limitadas), pues se conformaba con imbuir en situaciones estrafalarias a unos excéntricos personajes. En este caso destacan la estridente y desquiciada Tanya Skagle de Jane Adams y la sutil ama de casa-juguete roto (a lo Betty Draper) que es el personaje de Anne Heche, la ex-mujer de Ray.

Quedó inconclusa, de todos modos, la aventura de este Don Juan por dinero, pues el final de la tercera temporada estaba escrito de forma abierta, despreocupada por una renovación que no pensaron que no llegaría. Queda en nosotros el deber de adivinar dónde acaba ese puñado de gente media (mediana edad, clase media, mediocre) en un mundo hecho para grandezas.

Yo a Ray Drecker, y a Tanya, los veo en el coche que él compra en el primer capítulo de la tercera temporada. A su manera, viviendo, porque lo han decidido así.

1.La fusión entre hospitales en Grey’s Anatomy, la venta del mismo en Nurse Jackie, la absorción de la compañía papelera Dunder Mifflin en la versión estadounidense de The Office, los vaivenes financieros de las Desperate Housewives… Son solo algunos ejemplos.

2.Un caso en el que se juega con lo cíclico de la economía y que vuelve a demostrar el poder de la ficción mediante lo alegórico y la abstracción de situaciones y estereotipos para hablar de problemas vigentes a través de situaciones históricas.

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