Juego de Tronos: Primera temporada

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Vives o mueres

En su primera temporada, Juego de Tronos logró la dupla perfecta: por un lado, convertirse en la serie de la que todo el mundo hablaba, generando un interés que traspasó la pantalla y se tradujo en ventas sin parangón de los libros en que se basa (en especial del segundo, parecía que nadie podía esperar a ver qué ocurría tras el capítulo final de temporada). Por el otro, fue bendecida con la aprobación y los elogios de gran parte de la crítica. Recién comenzada su segunda tanda de episodios, que adapta el segundo libro, Choque de Reyes, ofrecemos una breve reseña de lo que fueron estos diez primeros capítulos.

Se acerca el invierno (Winter is coming). Un lema que oiremos más de una vez en esta primera temporada. Las estaciones en Poniente, o Westeros si se es amante de la versión original, no duran lo que aquí. Tras una larga primavera, se acerca un invierno a esas tierras que puede durar años. Tierras que se nos presentan en una inspiradísima cabecera, en la que una cámara recorre a vista de pájaro el continente, deteniéndose en los territorios que vamos a visitar en el episodio.

En el prólogo que da inicio a la serie se nos presenta el muro, la más vasta construcción que haya visto el hombre. Se erige en el norte y actúa de barrera para con el resto de los siete reinos, unidos bajo el mandato de un solo rey. Allí, un leal grupo de caballeros, la Guardia de la Noche, custodia y vigila el paso de salvajes, lobos huargos y desertores desde el helado norte hacia el cálido sur. Pero una amenaza mayor que los salvajes o los lobos llega con el invierno: los caminantes blancos, los otros, seres de azulados ojos que vienen a perturbar la aparente paz de la que disfruta Poniente. Nuestros ojos en el Muro serán los de Jon Snow, hijo bastardo de Eddard ‘Ned’ Stark, a quien conocemos decapitando a un desertor con su propia espada, porque quien pronuncia la sentencia debe también ejecutarla.

Precisamente a Eddard Stark es a quien busca el Rey para nombrarle Mano, o consejero, tras el fallecimiento en extrañas circunstancias del anterior (la verdad tras este hecho no la conoceremos al final de la temporada, pero volveremos a ello en el futuro). Stark se ve obligado a abandonar su hogar para marchar, junto con dos de sus hijas, Sansa y Arya, hacia la capital del reino, donde comenzará a descubrir una intrincada red de mentiras y confabulaciones que más le hubiera valido ignorar. Su honor se lo impide, y su honor será la causa última de su caída.

Al otro lado del mar, el vástago del antiguo rey busca reunir un ejército para recuperar el trono de hierro y restaurar la dinastía de su casa en el continente. Para ello pretende casar a su bella y frágil hermana con el líder de una tribu bárbara, a cambio de que le provea con hombres suficientes para dar su ansiado golpe de estado. En palabras del joven, “Si hiciera falta dejaría que te follara todo su khalasar, hermanita, los cuarenta mil hombres uno tras otro y también sus caballos si con eso consiguiera mi ejército”. Tan sólo una muestra del nivel de crudeza que alcanza esta serie, alejada de los habituales maniqueísmos del género fantástico.

Si los primeros capítulos en toda serie sirven para conocer a los personajes y entender sus motivaciones, en ésta que nos ocupa se hace esencial el dedicar tiempo a este efecto, por lo complejo y voluminoso del material que adapta. Una adaptación, por otra parte, a la que no se puede reprochar nada. De hecho hay escenas que han salido de la mente de los guionistas, utilizando siempre como base los libros, y que demuestran lo bien que ha entendido lo que debían hacer con la serie. Muchas de estas escenas que no aparecen en los libros, como digo, se cuentan entre las más sobresalientes.

Así, con la amenaza del norte, la que viene de más allá del mar, y la que se asienta en el propio reino, llegamos al capítulo final, Fuego y Sangre. Y al igual que en el final del primer capítulo de la saga de los anillos, en que la Comunidad se disolvía y sus miembros emprendían caminos separados, las piezas de esta dantesca partida de ajedrez en la que sólo cabe vivir o morir empiezan su recorrido en solitario por la magnitud del tablero. Con la cabeza de Ned Stark en una pica, su hijo y heredero Robb asume sus responsabilidades como tal. De las hijas que viajaron con él a la capital del reino, la mayor, Sansa, ha sido prometida al asesino de su padre, sometida a un despertar sin clemencia de las historias de príncipes y princesas con las que tanto soñaba, mientras que la pequeña, Arya, huye de incognito con una caravana hacia el Muro, donde su hermano bastardo y la Guardia de la Noche, cansados de esperar, proceden a aventurarse más allá de él. Y eliminado de la ecuación el hermano que pretendía dejar a los caballos follar a su hermana, ella,  Daenerys Targaryen, olvida su condición de princesa inocente y queda elevada a la categoría de mujer resuelta y fuerte, heredera de un trono que pretende retomar, arropada, en una especie de renacimiento, por tres ejemplares de dragones. Que comience la partida.

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