XV Festival de Málaga: Día 4

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Diferentes propuestas y sensaciones en la cuarta jornada del Festival de Málaga. Se esperaba con bastante expectación la presentación al público del primer largometraje de Paco León con su propia madre como protagonista, aunque eso ha tenido lugar a las doce de la mañana.

En la sesión menos agradecida para la concentración del acreditado, la vespertina, se ha proyectado Wilaya, un trabajo en el que Pedro Pérez Rosado introduce una historia cotidiana en el contexto del sempiterno conflicto saharaui. La intención aparente no era ceñirse a los avatares políticos que han causado la situación de esos refugiados. Esto se aparca en detrimento de la una visión más humanista y bienintencionada, que ejemplifica una protagonista obligada por las circunstancias a regresar a sus raíces. Pero de buenas intenciones no vive el cine, y Wilaya no genera conflictos de verdadero interés entre sus personajes.

Después le llegó el turno a Paco León con Carmina o Revienta, en una de esas súbitas masificaciones que tienen lugar de vez en cuando en la segunda proyección de películas a concurso, cuando se intuye que llega algo muy esperado, generalmente una comedia. Y había una extraña predisposición a la risa por parte de un público que quizás ha estado entregado en exceso. Incesantes carcajadas que han hecho retumbar los cimientos del Teatro Cervantes como preámbulo, ya dicen muchos, a un más que probable premio del público. ¿Era para tanto?

Antes de nada conviene apuntar un cierto descuido en la gestación de la propuesta, un falso documental sobre una mujer del extrarradio que nos aparece de la nada, sin una explicaciónn plausible que justifique la presencia de las cámaras en su cocina a las seis de la mañana. La razón de ser, la filmación de ese pretendido reportaje que se presenta al público brilla por su ausencia. Esos monólogos de Carmina Barrios son las únicas muestras de interacción entre cámara y sujetos filmados, que parecen olvidar su presencia en la totalidad del resto de situaciones: si el pretendido documentalista quería darle ese puntito cinema verité del que hablaba el célebre “atún” en la reciente REC3, ese híbrido resultante con entrevistas a la protagonista resta veracidad al conjunto.

Pero bueno, eso quizás es ponerse demasiado analítico. Dejando a un lado estas consideraciones, el disfrute de Carmina o Revienta depende bastante de la concepción que cada espectador tiene del humor, de sus propios referentes. Los de Paco León son evidentemente televisivos. Es inevitable hacer un paralelismo entre su madre real y la ficticia de la serie Aída, mujeres ambas con ocurrencias gastro-intestinales de índole similar. La historia de Carmina Barrios, si se puede llamar así al conjunto de anécdotas presuntamente verídicas que conforman el guion, tiene ecos de Malviviendo (como la serie online, está rodada en Sevilla) y el director arrastra a su lugar de origen algunos de los elementos del Barrio Esperanza Sur con los que ha convivido en una ya larga carrera televisiva.

Aún así, la aceptación o rechazo va a venir determinada por la digestión de este difícil personaje, el debut de una nihilista periférica de relajados esfínteres y curiosas reflexiones existencialistas. La frontera entre lo cómico y lo zafio corre a cuenta de uno mismo.

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