Brave

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Una pelirroja sin morbo

Si tuviera que enumerar, los que en mi opinión son, los grandes logros de la humanidad en los últimos años, no sin dudar, diría los siguientes: E-books, smartphones, los 25 cl extra de la botella de Coca-cola y las películas de animación que entretienen por igual a niños y adultos. Up consiguió en 10 minutos emocionar como no lo ha hecho James Cameron en toda su carrera. Wall·E demostró a los amantes del cine de Kim Ki-duk que una película sin apenas diálogo no tiene porqué ser aburrida. Brave, en cambio resulta panfletista y tediosa. Pixar nos ha malacostumbrado y le ha tocado a Brave pagar los platos rotos.

La película nos cuenta la historia de Merida, la princesa heredera de uno de los cuatro clanes de Escocia. Su padre, un rey obsesionado con cazar al oso que se comió su pierna, y su madre, una reina remilgada y de férreas convicciones, deciden celebrar el tradicional torneo mediante el cuál los hijos de los tres clanes restantes se disputarán la mano de la indómita Merida. La princesa nada convencida con las antiguas costumbres pone todo de su parte para truncar su “pedida de mano”, haciendo peligrar así la estabilidad del reino.

Por la premisa parece una película bastante apetecible, en la que Merida se postula como una princesa Disney alejada del patrón sumiso de las archiconocidas Cenicienta, Bella Durmiente… Y de hecho es, esto último, lo único que se saca en claro después de la hora y media de metraje. La obra deja la sensación de que los esfuerzos de guión están más centrados en hacer palpable la rebeldía y la autosuficiencia de la protagonista, que en que la historia tenga coherencia. Se suceden así innumerables situaciones de las que no se saca mayor partido que el ligero avance de la trama hacia su insulso final.Claro ejemplo de esto son escenas como la del torneo, un importante punto de inflexión en el desarrollo del guión, que es solventado de un plumazo en poco más de 2 minutos, y con unas consecuencias más que predecibles. La persecución del oso en el castillo, que se prolonga hasta el hastío con el único fin de provocar risas en los menores de 7 años.

No es reprochable que busque justificaciones infantiloides para crear conflictos hilarantes como todo lo que gira en torno a los tres hermanos gemelos de Merida, lo que si resulta reprobable es la constante inserción de tramas nuevas, y escasamente desarrolladas, con el único fin de dar coherencia a las inicialmente planteadas, como por ejemplo la existencia de un segundo oso. Si bien es cierto que el film resulta un tanto decepcionante, (dependiendo obviamente de la premisa con la que vaya el espectador) no todo es malo en Brave. 

Como ya nos viene acostumbrando el estudio propiedad de Disney, el trabajo de animación es impecable. Y en cuanto al aspecto visual es, en mi opinión, el más logrado por Pixar hasta la fecha. Otro de los puntos fuertes, a pesar de la escasa relevancia en la película, es el trabajo de documentación mitológica llevado a cabo, presente esencialmente en los fuegos fatuos (que sospechosamente recuerdan, en lo visual, a los kodamas de Mononoke-hime, de Estudio Ghibli). En definitiva, una película enfocada al público infantil, sin guiños al adulto que lo lleva de la mano, con más vistas a vender una nueva “princesa Disney” acorde a los tiempos que corren que a convencer, cinematográficamente hablando. Una estrategia de marketing que pasa sin pena ni gloria por la intachable carrera de un estudio que aún no ha dicho su última palabra en esto de entretener a niños y no tan niños.

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