CRÍTICAS

Hara-Kiri

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Takashi Miike sale airoso del que podría haber resultado su seppuku

Resulta casi imposible no caer en comparaciones cada vez que se habla de un remake, pero lo cierto es que la revisión de Seppuku, llevada a cabo por Takashi Miike, tiene peso más que suficiente como para mantener al margen la obra de Kobayashi. Es por ello que voy a procurar analizarla de manera independiente.

Hara-kiri: Muerte de un samurai, como han titulado la película en nuestro país, nos narra la historia de un ronin que acude al castillo Iyi a realizarse seppuku (suicidio ritual samurai), en una época en la que los samurais más pobres acostumbraban a pedir el seppuku con el único fin de que  los grandes señores se apiadaran y trataran de convencerles de lo contrario con dinero o promesas de trabajo bajo su servicio. La película nos muestra el camino recorrido por Kageyu desde su auge como guerrero al servicio de un clan hasta la desdicha que le lleva a solicitar el seppuku.

Con esta obra Miike nos demuestra una vez más que es capaz de dirigir con solvencia, sin importar el género, ni sus características. Y reafirma que tras cintas tan dinámicas y transgresoras como Ichi the Killer o Visitor Q se esconde un director versátil capaz realizar una obra con una narrativa tan pausada y clásica como es Hara-kiri.

Se puede decir incluso que la cinta guarda ciertas similitudes con Rashomon en la estructura narrativa de la historia: ya que primero el señor al mando del castillo y más tarde el ronin relatarán fragmentos diferentes de una misma historia, sin que avance así el tiempo presente de la película hasta el final del metraje. A diferencia del clásico de Kurosawa, en el que los distintos personajes nos dan un punto de vista diferente de una misma situación, Hara-kiri consigue que sea el espectador el que cambie la visión que tiene de los personajes, gracias a los nuevos fragmentos que van completando la historia.

El género de samurais era una de las cuentas pendientes del realizador japonés, ya que prácticamente no había hecho incursión en él hasta el estreno en 2010 de 13 asesinos. Película que al igual que Izo, si es que se puede considerar Izo una película de samurais, nos ofrece un a visión completamente diferente a Hara-kiri. Mientras que Hara-kiri nos muestra una aspecto intimista y dramático del género en forma de crítica a la escala de valores samurai y a su concepción del honor, 13 asesinos en cambio es una película de acción, repleta de combates espectaculares con grandes dosis de sangre y encumbramiento del espíritu guerrero.

Miike rompe en cierto modo con su estilo, que como muchos ya sabrán, se caracteriza por sangre a borbotones, simbolismo extremo, escenas explícitas llegando incluso a resultar bizarras y personajes maniqueos sin excesiva profundidad dramática. En cambio todo resulta comedido en Hara-kiri, una narración dura y sin concesiones, que procura evitar el morbo y sustituirlo por el dolor en primera persona, personajes con una carga dramática estrepitosa… Aunque sí que conserva el exacerbado simbolismo sello de la casa, que ha mantenido a lo largo de casi cien películas.

La violencia, tan presente en su filmografía, está tratada en la cinta con realismo (siendo las escenas de combate una auténtica clase magistral de kenjutsu), pero sin dejar de lado un punto estético poco orientado a mostrar sangre y que ve su lirismo acrecentado por la nieve en las escenas de combate (que son la única razón para que la película fuese grabada en 3D). Reseñar también que Miike rueda  la que es, en mi opinión, su escena más cruenta (El seppuku con la wakizashi de bambú) mostrando poco más que el rostro del doliente, una muestra más de su alejamiento de la violencia en su vertiente más sanguinaria .

Podemos concluir diciendo que Hara-kiri es una obra alejada del cine habitual de Takasi Miike, el remake de un clásico japonés galardonado en Cannes y que bien podría haber supuesto el seppuku cinematográfico del director ya que realiza una película que sus detractores podrían entender como una revisión innecesaria de la original de Kobayashi y los amantes de su cine como una drama bastante light para los estándares a los que acostubra el japonés.

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