Cine y Capitalismo

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¡Viva el mal! ¡Viva el Capital!

Si el cine desarrollara con espíritu comprometido su labor social, debería reflejar los movimientos, inquietudes y pensamientos de la sociedad de su tiempo. En Europa estamos más acostumbrados a que esa tarea se cumpla, en la medida que resiste a la contaminación de un modelo americano que nos inunda hasta lo imposible. Sin embargo, la industria de Hollywood que monopoliza las carteleras de una forma imperialista global, se encuentra normalmente en las antípodas de un pensamiento crítico que, no nos engañemos, nunca ha generado muchos ingresos.

Por esto, es motivo de celebración primero y reflexión después, la convergencia en las pantallas de dos películas que se aceran al ocaso, ficticio o real, del sistema: Mátalos Suavemente (Killing them softly, Andrew Dominik, 2012) y Cosmopolis (David Cronenberg, 2012). El capitalismo pasa por sus horas más bajas, o quizá se encuentra en plenitud de forma, a cara de descubierta; sea como fuere, la crisis, que un día fue financiera y ahora es económica, social, política y un largo etcétera, ha puesto en el centro del debate nuestro modo de organización económica y dos directores han adaptado dos obras literarias para hablarnos de ello.

Andrew Dominik y David Cronenberg tienen trayectorias muy dispares, estamos ante un talento consagrándose y un autor de referencia, pero en cualquier caso ambos disponen de la libertad suficiente para realizar la película que deseen. Lejos de ser antisistemas, como se etiqueta ahora a todo aquel que propone alguna reflexión profunda, son creadores que se valen de la industria[1], del marketing y, en definitiva, de las reglas de juego del sistema para traernos sus films. Los dos echan mano de estrellas mediáticas: en Mátalos Suavemente, Dominik cuenta con Brad Pitt, Ray Liotta o James Gandolfini; en Cosmopolis, Cronenberg presenta a un Robert Pattinson que atrae todos los focos en compañía de Emily Blunt. Grandes actores al servicio de directores talentosos en películas a veces incómodas pero sin duda comprometidas. Ambas obras, pese a sus diferencias formales y estéticas tienen puntos en común, pero sobre todo una voluntad de abordar y analizar el capitalismo desde diversas perspectivas, ofreciéndonos así un acercamiento mucho más rico y completo.

Los protagonistas de cada film, pese a su antagónica posición social, se complementan en un teórico estudio conjunto de sus acciones y motivaciones. Cougan (Brad Pitt) en Mátalos Suavemente se mueve en terrenos farragosos, es el último eslabón de la cadena, el que se encarga de barrer la basura que molesta a los de arriba. En sus andanzas observamos una sociedad, la capitalista, en declive porque sus entrañas están podridas: el dinero subordina a las personas. En este caso, Cougan mata porque manda el dinero, porque el país es un negocio. Lamentablemente una sociedad así conduce, por ejemplo, a que los gobiernos rescaten a los bancos y abandonen a las personas. Por otro lado, Eric Packer (Robert Pattinson) en Cosmopolis es el joven bróker al que el capitalismo ha aupado a la cresta de la ola pero que sin previo aviso se hunde por una mala jugada produciendo visibles e invisibles daños colaterales. En su jornada autodestructiva por la que se desliza en la capital del mundo financiero, Packer pone de manifiesto la abstracción, la superficialidad y la falta de escrúpulos y sensibilidad que caracterizan a las altas esferas, esas que no tienen rostro, es decir, las que mandan.

Tanto Mátalos Suavemente como Cosmopolis, ofrecen una versión apocalíptica del sistema. El film de Cronenberg es una fina personificación del capitalismo en su protagonista, que se derrumba por la inestabilidad de su supuesta fortaleza; mientras que Mátalos Suavemente es la metáfora ruda pero perfecta de nuestro sistema, que asesina por dinero, que está deshumanizado, que ha degenerado en una sociedad miserable. Este punto de vista tan pesimista que toman ambas obras es consecuencia de la grave crisis transversal que atraviesa el mundo en general y occidente en particular. Es una visión del capitalismo reflexiva y necesaria, alejada de la simpática crítica que hiciera Oliver Stone en 1985 con Wall Street, donde la ambición desmedida y la especulación eran castigadas por el brazo incorruptible de la ley. Esa confianza en los mecanismos del Estado para corregir las desviaciones morales del mercado se ha tornado en escepticismo como proyecta de manera impecable Dominik en el momento que deja en evidencia la hipocresía de los discursos de los políticos en comparación a lo que ocurre en la calle.

Lo que no ha cambiado, al menos de momento, en estas últimas décadas donde el capitalismo se ha desarrollado sin alternativa real, es que los Estados Unidos siguen siendo el termómetro de la economía mundial y, por tanto, su política es relevante por la influencia que tiene en nuestras vidas. Mátalos suavemente se muestra desencantada con el mensaje “esperanzador” de Barack Obama, aunque esto responde más a la constatación de que nada ha cambiado –Inside Job (2010)– que a una simpatía por los republicanos. En este punto es importante señalar que no es el cine decepcionado por su política el que debería preocupar al beligerante Nobel de la Paz. Obama se ha encontrado, sobre todo en el género de superhéroes, una campaña cinematográfica a favor del Partido Republicano. El Presidente que ostenta el título –recién  inventado– de constructor de ilusiones vacuas debería temer la batalla (escaramuza) que le presenta el otro gran experto en sueños efímeros: Christopher Nolan, cuyo Batman neocon ha rubricado sin sonrojarse una trilogía que ha hecho campaña a favor del neoliberalismo arrojando contra la sociedad todos los fantasmas posibles: desde China hasta el terrorismo árabe pasando por el 15-M.

Aunque en el campo de batalla, los superhéroes libren una guerra anti-Obama, los poderes fácticos se mantienen ajenos a estas disputas, lejos del ruido de la escena. Ese ente intangible que son los mercados no deja de ser lo que Marx denominaba el gran Capital. La oligarquía que siempre ha mandado, ahora se encuentra legitimada por unos gobiernos democráticos, con perdón de la expresión,  que no pueden o no quieren hacer nada para cambiar las cosas. Por este motivo, es importante que el cine explore los niveles del sistema que están fuera de campo, que se suba a la burbuja de los mercados aunque sea en limusina y, al mismo tiempo, baje a las cloacas de la sociedad para ver cómo funciona la puerta de atrás de este sistema. Si además este viaje por los cielos y los infiernos lo hacemos de la mano de directores como Cronenberg o Dominik, podremos disfrutar del mal… aunque sea en una sala de cine.


[1] Cosmopolis, a diferencia de Mátalos Suavemente, no tiene financiación de ninguna productora de Hollywood, todo el capital es de fuera de los Estados Unidos.

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