SEFF’12: Día 3

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La capacidad que ha tenido siempre el Festival de Cine Europeo de Sevilla para acoger en su programación tipos muy diferentes de cine, con el simple denominador común de estar producido por países de nuestro continente, se está palpando en el día a día. La parte positiva es que a veces hay escondidas gratas sorpresas donde no tienes expectativas. The Lebanese Rocket Society, de Joana Hadjithomas y Khalil Joreige, figuras clave en el cine libanés actual, es uno de estos casos. De la historia de cómo fue truncada la carrera espacial del Líbano en los años 60, los autores de Je veux voirA Perfect Day realizan un documental muy ambicioso que acierta a varios niveles.

Tuvieron la suerte y la desgracia de preparar una película en 2011, año movidito en el país, lo cual les obligó a convertirse en protagonistas parciales de su propia película. Como las búsquedas filmadas de Agnés Varda, otra gran documentalista premiada con el Giraldillo de Honor este año, Hadjithomas y Joreige se introducen en sus propios planos para explicar no solo las dificultades de desenterrar una parte olvidada de la historia del país, sino también para mostrar la situación conflictiva de la sociedad libanesa, que sigue viviendo entre el miedo y la rabia, tras décadas de guerras y dictadores.

La trama principal del documental, la lucha de una universidad libanesa por entrar en la corriente internacional del estudio de los cohetes y la propulsión en plena Guerra Fría, resulta estar llena de alegrías y desdichas y personajes conmovedores. La cámara de los cineastas busca el choque de mundos entre la universidad y el ejército, y encuentra la triste verdad que acompañaba a la carrera espacial truncada: el ser humano es capaz de corromper las ideas más inocentes, y la ciencia puede crear progreso, y también destruirlo. Es la historia del siglo XX, pero desde un nuevo punto de vista.

También se atreven a imaginar (pues de eso habla también The Lebanese Rocket Society, del poder de la imaginación y la ilusión para construir un mundo posible) una utopía en la que el Líbano se habría convertido en un país rico en recursos y cuna de progresos gracias a esa carrera espacial que nunca llegó a ocurrir. Algunos pueden tachar de ingenua esta idea, otros preferirán conmoverse con la esperanza de un mundo árabe pacífico y avanzado.

Mientras tanto, la Sección Oficial sigue recogiendo, este año, algunas de las películas menos interesantes de la programación. En kongelig affære, de Nikolaj Arcel, coproducción checo-sueco-danesa, es un melodrama de época con tintes políticos que cuenta la historia de cómo la ilustración se abrió paso en el reinado de Cristián VII de Dinamarca para morir recién nacida, víctima de un triángulo amoroso entre el rey, la reina Carolina Matilde y su consejero liberal.

La cinta se llevó el Oso de Plata de Berlín al Mejor Guión y al Mejor Actor por la interpretación de Mikkel Boe Følsgaard de un rey infantil, acomplejado y que rayaba la esquizofrenia. También está nominada al Mejor Diseño de Producción para los EFA, y lo cierto es que en este aspecto poco tiene que envidiar a, por ejemplo, la producción de la BBC Great Expectations que pudimos ver en el mismo Festival. Arcel, guionista de la versión sueca de Millennium, dirige adecuadamente una película perfecta para un domingo por la tarde, si eres una señora de mediana edad y estás en pijama.

La gran novedad del Festival este año es la sección introducida por José Luis Cienfuegos, Las Nuevas Olas, que va de la mano de la Sección Oficial y será premiada por el Jurado Joven. En ella están programadas propuestas supuestamente más rompedoras, radicales, a contracorriente, para un público más exigente. En el encuentro con los responsables de la película Arraianos, esta fue presentada como una muestra perfecta de esa parte del Festival, y en cierto modo así es: a caballo entre la ficción y la no-ficción, entre la contemplación bucólica y el existencialismo, entre el costumbrismo aldeano y la fantasía alegórica, lo cierto es que la cinta de Eloy Enciso resulta inclasificable, porque es capaz de contener el todo y la nada.

El propio equipo, formado por el director, el montador Manuel Muñoz Rivas, el productor Carlos Esbert y el guionista José Manuel Sande, admitió que a lo largo de los 4 años de producción habían dejado paso a la ambigüedad y habían tenido que fusionar dos películas aparentemente opuestas pero que se encontraban en la misma esencia del proyecto. Un trabajo titánico de montaje para complementar la visión estática y naturalista de una aldea de la frontera entre Galicia y Portugal, la rutina de su envejecida población y una adaptación surrealista de la obra teatral existencialista O Bosque. Un cóctel que encuentra su nexo de unión en la muestra y reivindicación de una identidad y un lenguaje gallegos.

Una propuesta muy diferente que es capaz de trascender las fronteras de su comunidad de origen para conmover con una realización preciosista, con escenas bellísimas que muestran el parto de una vaca o los grupos de aldeanos cantando canciones populares, y también para remover la conciencia del espectador con una alegoría abierta a interpretaciones sobre el progreso y la destrucción, sobre ese bosque sin salida que es la vida, o sobre lo que sea que el sugerente guión inspire entre el público.

Por pura casualidad pudimos entrar, al final de la tarde, en un pase que improvisó la organización de Amour, lo nuevo de Michael Haneke que ha llenado las salas en todos sus pases del Festival. Famoso por su crueldad característica hacia el público y los personajes de su relato, la nueva cinta del director alemán viene a la Selección EFA con el referente de haber ganado la Palma de Oro en Cannes y los rumores de que esta vez, Haneke, ha mostrado algo de compasión con su historia.

No es así, ya lo aviso, e incluso diría que este relato de una pareja de ancianos que tiene que afrontar el dolor y la humillación de una enfermedad degenerativa es el menos compasivo del autor. Por primera vez, no es la maldad sin razón la protagonista del cuento, sino todo lo contrario, la veneración, el compromiso, el amor sin límites, en una situación adversa. Amour entra dentro del grupo de películas que, de forma más o menos directa, con mayor o menor lucidez, han abordado el debate de la eutanasia, pero, si la última que pudimos ver fue el demoledor debate racional de Terry Pratchett Choosing to Die, parece que aquí Haneke decide responder como él sabe, desde las entrañas, y directamente a ellas. Abandonad toda lógica, pues este cruel director va a haceros desear la eutanasia a base de tortuosas secuencias de dolor e insoportable enfermedad.

Imprescindible el trabajo de la pareja protagonista, Jean-Louis Trintignant y sobre todo Emmanuelle Riva, ambos nominados a los premios de la EFA. A ellos los acompañamos por ese juego de fueras de campo habituales en el director, y junto a ellos sufrimos esa cámara impasible ante la indignidad y la atrocidad que no se veía desde Gritos y susurros de Bergman. Aunque a estas alturas, podemos decir que la principal referencia de Haneke es él mismo, con una carrera de trabajos hechos para remover las entrañas de un espectador asentado en la comodidad. Amour, además, es una gran historia de compromiso, perseverancia, de amor; es un insoportable ejercicio de crueldad y una película preciosa.

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