Lilyhammer

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Creía que estaba fuera, y me vuelven a meter dentro

En la reunión soprana que es Mátalos suavemente -junto a James Gandolfini también aparecían Vincent Curatola y Max Casella– se echó de menos a un actor que se adueñaba con extrema facilidad de cada plano que ocupase en la mentada serie. Actor, porque actuaba, aunque en varias ocasiones declaró que su interés en la interpretación no pasaba de la saga novelesca de la HBO. Su ocupación principal ha estado en los escenarios, junto a Bruce Springsteen o en solitario, acompañado siempre de una guitarra. Sin embargo, en 2010 aceptó protagonizar, contradiciendo así sus anteriores palabras, una serie para la plataforma online Netflix, la primera de hecho para el canal de internet. La serie (que no podemos llamar de televisión pues no se emite en una) se llama Lilyhammer. El actor a su pesar, como ya se habrán percatado, Steve Van Zandt.

La frase que da título a esta crítica procede de El Padrino. Parte III (1990). Tony Soprano y los suyos, amantes de la trilogía de Coppola, rogaban al personaje de Steve Van Zandt (Silvio Dante) que la recitase una y otra vez. Él, con la gracia y la soltura de quien sabe que tiene a la audiencia en el bolsillo, dejaba pasar unos segundos que creasen la expectación necesaria para terminar recitando el texto cual experto intérprete. Al acabar Los Soprano, y en base a sus declaraciones arriba mencionadas, pocos hubieran previsto que Little Steven, como algunos le llaman, volviese a ponerse delante de una cámara. Pero como a Michael Corleone, a Van Zandt lo han vuelto a meter dentro.

Y nosotros que nos alegramos. Su personaje en Lilyhammer, Frank Tagliano, es casi una repetición del Silvio Dante de Los Soprano. Mafioso italoamericano que, esta vez, decide traicionar a su jefe y pasar a formar parte del programa de protección de testigos. El lugar elegido por nuestro protagonista es el que da título a la serie, el pueblo de Lilyhammer, en Noruega. A partir de aquí, la serie trata el día a día del personaje de Van Zandt adaptándose a su nueva vida y pretendiendo casi crear su propio imperio en las antípodas del mundo que conoce. La serie podría calificarse, en resumidas cuentas, como un simpático prólogo a Universidad, aquel excelente capítulo de la primera temporada de Los Soprano en que Tony creía reconocer en una gasolinera al tipo que testificó contra ellos y se acogió, como aquí hace Van Zandt, al programa de testigos. Esperemos, tan sólo, que Frank Tagliano no acabe como él.

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