Louie

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“I’ve been having a lot of trouble sleeping, as we all should…”

Louis C.K. no es un hombre feliz. Cualquiera que vea su serie de televisión, o alguno de sus monólogos, o lea alguna entrevista, se da cuenta en seguida. Es un hombre de 40 años, de figura descuidada, divorciado y padre a tiempo parcial. Profesionalmente, no para: el éxito de Louie (FX, 2010-) viene precedido por una sit-com de una temporada en la HBO, alguna película, mucho stand-up (empezó a los 17 años) y cientos de guiones para Conan O’Brien, David Letterman o Chris Rock. Y sus monólogos siguen renovándose año a año (está en contra de reciclar su material demasiado), uno de sus últimos shows lo ha comercializado independientemente en la red con bastante éxito, mucha consideración y una extremada confianza en la buena fe del público (su texto dirigido hacia las personas que pudieran pensar en compartir su show vía torrent no tiene desperdicio).

Uno podría pensar que todo este éxito (relativo, Louis C.K. no es ninguna estrella) le ha proporcionado al director, guionista, editor y protagonista de Louie bienestar y satisfacción, pero no nos engañemos: Louis C.K. no es un hombre feliz. No porque se sienta en el ecuador de su vida, no porque se vea feo, viejo y gordo, ni porque haya dedicado buena parte de su juventud a un matrimonio fallido. Louie no es feliz porque no tiene el derecho, no merece ese privilegio. Ninguno de nosotros lo merecemos, pero solo él es consciente constantemente.

Sin embargo, Louie no es una comedia gris (sí en sentido literal: no hay nada más gris que Nueva York, ciudad de ciudades), pesimista, sino un canto a la vida desde el realismo. Las comparaciones con Curb Your Enthusiasm solo se entienden a medias: ambas series duran 20 minutos, son de cable y convierten a un cómico y guionista en centro y motor del relato, pero las dos divergen en naturaleza, estilo y posicionamiento. Larry David vive en un Hollywood soleado, opulento, social que se desmorona cuando choca con su particular visión de las relaciones y los rituales sociales. Por el contrario, la Nueva York de C.K. está nublada, sucia y llena de personas solitarias, y aún así, Louie suele dejar en el espectador una especie de fascinación por la vida.

El pelirrojo tiene algunos ases en la manga. El más importante es la presencia a tiempo parcial de sus hijas, de menos de 10 años. Dos niñas rubias, brillantes, que impregnan la cansada rutina de Louie de una nueva perspectiva, curiosa, inocente, imaginativa. También son el motor para una de las facetas más interesantes del personaje: Louie como padre. En muchas ocasiones, la serie muestra la paternidad como un amor ilimitado, desinteresado y renovador. Y también como la salvación para un hombre autodestructivo.

“You’re so afraid of life that you’re boring”

Pero la autodestrucción en Louie no es la de los antihéroes tan de moda en la literatura, el cine y la televisión actuales, sino una de tipo mucho más realista, común. Es la que surge cuando uno deja de moverse, de vivir, y se limita a existir, en la oscuridad de su cuarto de estar, su televisor y su ordenador. La autodestrucción del que se convierte en espectador estático aislado de la vida, es decir, la que sufre gran parte de la clase media-alta de la sociedad.

Una de las vías de escape que ofrece la serie es la de la ensoñación. El surrealismo rompe con la línea realista de la serie en varias ocasiones. A veces, son pequeños detalles turbadores insignificantes (una cita escapando en un helicóptero salido de la nada, una limusina recogiendo y cambiando a unos mendigos por otros en la calle), en otras ocasiones son directamente sueños y delirios que protagonizan un episodio (Louie conversando con Osama Bin Laden en el Medio Oriente, o sufriendo los efectos de la droga de un vecino).

Este es uno de los recursos que otorgan a la serie una estructura novedosa, o más bien al contrario: Louie es un relato sin reglas, que escapa episodio a episodio de todo punto común. Episodios con fragmentos de monólogos y sin ellos, con varios micro-relatos dentro, continuaciones, viajes, visitas. Ya nada queda de la sit-com de antaño con un puñado de personajes dentro de un par de escenarios recurrentes. Lo único que va a estar siempre en Louie es el propio personaje de Louis C.K., y es probable que aún haya en las temporadas futuras algún episodio en el que se cuente algo sin él.

La tercera temporada, emitida hace unos meses en FX, está terminando ahora en Canal +, pero se puede ver en reposiciones en Canal + Comedia. No se la pierdan, porque es quizá lo mejor que ha habido en televisión en 2012. Y en unos meses, tendremos la cuarta entrega de la vida del último gran payaso triste estadounidense. Por desgracia para Louis C.K., por suerte para nosotros.

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