Están Vivos (They Live)

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Apuntes para el fin del mundo

Late la sensación de haber menospreciado durante demasiado tiempo a John Carpenter, considerándolo tan solo un director más de género, dejando de lado sus constantes, aunque afortunadamente su cine ha ido adquiriendo con el paso de los años cada vez mayor reconocimiento. Primero, el suyo propio. Comenzó a firmar sus películas incluyendo su nombre en el título, otorgándose una merecida autoría por las señas de identidad de su cine. Algo que, está claro, por aquel entonces nadie más iba a hacer por él. Por norma general, se le ha estimado principalmente gracias a sus hechuras de cine clásico con fondo de serie B, procedentes en gran parte de los westerns de Howard Hawks, cuyas películas reconoce le hicieron convertirse en director de cine. En el fondo, Asalto a la comisaria del distrito 13 (1976) no deja de ser otra reinterpretación de Río Bravo (1959). Pero más allá de esta mirada artesanal, no podemos obviar que se trata de un autor total (firma buena parte de sus guiones y compone con brillantez reconocible la mayoría de sus bandas sonoras, incluso ahora dará el salto al cómic), referente por su capacidad para abordar entretenimientos y cintas de terror capaces de lograr implantar subgéneros (La noche de Halloween), dialogar sobre el propio cine (En la boca del miedo, Cigarette Burns), como de consolidar una obra tan personal siguiendo la tradición del terror (La cosa, La niebla) que empuja el cine fantástico al trasfondo donde mejor explota todas sus virtudes, albergando la ácida crítica social y política (1997: Rescate en Nueva York, 2013: Rescate en L.A).

Al igual que sucede con su filmografía, los títulos de crédito de Están Vivos (They Live, 1988), en su aparente sencillez, guardan un valor digno de análisis más profundo del que puedan aparentar. Cabe señalar no son unos créditos con entidad propia, realmente es el comienzo de la película, por lo tanto tienen un claro componente narrativo. Otra cosa no, pero en su obra Carpenter siempre ha ido al grano y de frente, nunca se ha dejado llevar por el artificio. En este texto también me gustaría hacerlo, pero por si hiciera falta desvelar su visionario argumento, en él la tierra está controlada por extraterrestres que se hacen pasar por humanos, copando las altas esferas sociales y los gobiernos, mientras que gran parte de la población carece de recursos, mendiga en las calles y sufre la represión policial. Tan solo a través de unas gafas de sol, fabricadas por un grupo de insurgentes, se puede descubrir su auténtica identidad y el mensaje que esconden sus palabras.

f.1

No es casualidad que al inicio de los títulos de crédito suene en negro el rugir de un tren acercándose. Mientras que en el western el ruido de la locomotora suponía la llegada del progreso, en el futuro (la actualidad) han cambiado las tornas, es el sonido de la decadencia de unos tiempos que están condenados a su final. Blanco sobre negro, aparece el nombre de John Carpenter junto al título del film, que da lugar por medio de un fundido a un graffiti pintado bajo un puente (f.1). Un paso de la ficción a la realidad que integra el relato y nos coloca en un lado de la historia, junto a los marginados. Silenciosamente, un travelling desplaza nuestra perspectiva hacia las vías que recorre el tren de mercancías que escuchamos. Tras su marcha, entre estas encontramos al protagonista (f.2).

f.2

Interpretado por el profesional de la lucha libre Roddy Pipper, una decisión que más adelante se antojará crucial en una larguísima, reveladora, anticlimática y definitivamente genial pelea a puñetazo limpio, queda presentado como un renegado, un vaquero sin caballo ni sombrero que busca refugio por los restos del lejano oeste, ahora convertidos en los suburbios de una gran urbe (f.3).

f.3

A su paso junto a las vías del tren, atisbamos los rascacielos y centros empresariales de la ciudad, símbolo del poder económico capitalista. Una mirada irónica a estos grandes edificios que todavía desconocemos están controlados por extraterrestres, pero que yuxtapuestos en el montaje ya anticipan ese futuro enfrentamiento de clases. Precisamente lo interesante del film es que plantea una distopía en la que una raza alienígena somete a la población sin que nadie lo descubra, ya que sus actos y formas de manipular están completamente integrados en nuestro modo de vida. Mientras estamos dormidos, a través de la prensa, la televisión y la publicidad controlan el sueño americano. No descubriremos nada nuevo al afirmar que se trata de una mordaz crítica abierta al consumismo, al poder que los medios de comunicación y las grandes corporaciones tienen sobre nosotros, los gobiernos y sus decisiones.

f.4

Tras llegar a la ciudad, el protagonista alza la vista a los edificios que hay a su alrededor y sonríe (f.4), consciente de que son los culpables de la situación de crisis que se está viviendo. Precisamente hay que tener muy en cuenta que la película está filmada durante el gobierno de Reagan, en sus últimos años como presidente de los Estados Unidos. Sus políticas liberales llevaron el capitalismo al extremo y provocaron una gran diferencia entre clases que se ve perfectamente reflejada en el film. Unas políticas que tienen su eco en la actualidad, acuciada por la crisis económica mundial y a la que las políticas neoliberales o tecnócratas no solo no están poniendo fin, sino que están entregando mayor poder a los bancos y grandes empresas a costa de la población, que comienza a sufrir sus más graves cifras de desempleo y desesperación (f.5). Que las de mañana probablemente sean peores tampoco lo hace más agradable.

f.5

Con pocos recursos pero noblemente utilizados, John Carpenter nos sitúa ejemplarmente en el argumento, en este caso más bien un contexto que no difiere tanto de nuestra propia realidad. A través de la ciencia ficción crítica duramente nuestro sistema de vida (o al que estamos sometidos) y casi de manera visionaria refleja la actualidad en la que nos encontramos a diario. Una situación de creciente desigualdad y pérdida de identidad con los gobiernos a la que nos han llevado las consecuencias de la vil gestión económica. O algo todavía mejor, nos descubre su naturaleza. No pueden ser humanos, tienen que ser de otro planeta.

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