To the Wonder

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Más allá de las trincheras

La nueva batalla de la cinematografía no ha tardado en levantar trincheras para defender posiciones frente a lo nuevo de Terrence Malick. Con ataques por adoctrinamiento religioso, por parte de unos, y defensa de una sublimación de lo visual, por parte de otros, To the Wonder recoge el testigo de la polémica El árbol de la vida, en un acercamiento al amor que gira en torno a la adaptación de la pareja, las dudas, la religión y la reflexión profunda e íntima para enfrentarse al mundo.

Es la sexta película en treinta años de carrera de Terrence Malick que, sin embargo, tiene cinco proyectos en el horizonte. Esta repentina proliferación en su obra cinematográfica responde a una relación con el cine digital y a una nueva forma de producción que comenzó con El árbol de la vida y ahora continúa en To the Wonder y el resto de películas en ciernes. Para su anterior film protagonizado por Brad Pitt, el director texano grabó planos y secuencias de forma masiva lo que provocó que la película tardara más de un año en estrenarse al estar en continua postproducción. En To the Wonder repite ese proceso, cinco montadores y dos años de postproducción han sido necesarios para sacar adelante el film y en ese proceso se han caído de la película las apariciones de actores como Rachel Weisz, Jessica Chastain, Amanda Peet, Barry Pepper y Michael Sheen con los que había rodado. Esta circunstancia se debe a que el director graba compulsivamente gracias a la posibilidad que le brinda el cine digital y no es hasta que el material llega a la sala de montaje cuando Malick crea el discurso final de la película. Un método de producción heterodoxo y poco eficiente, en términos profesionales, pero que da unos resultados asombrosos.

Con todo las dos últimas películas de Malick no guardan semejanzas solo en su concepción artesanal, sino que arrastran un encendido debate más próximo a cuestiones intelectuales y morales que a cuestiones sociales o políticas de actualidad. El ambicioso transcendentalismo de El árbol de la vida continúa en To the Wonder con un acercamiento profundo al amor ideal, entendiendo ideal como arquetipo. La pulida estilización de su forma visual complementa a un enfoque inequívocamente católico de la concepción del origen y la vida en su anterior película y del amor en la que ahora nos ocupa.

To the Wonder nos presenta la historia del norteamericano Neil (Ben Affleck) que conoce a Marina (Olga Kurylenko) afincada en París con su hija, tras un intenso romance, deciden trasladarse a Estados Unidos con él. A partir de ese momento, el deterioro de la relación abrirá una nueva etapa de encuentros y desencuentros donde los protagonistas cruzarán sus caminos de forma intermitente. En paralelo, el padre Quintana (Javier Bardem) expondrá sus dudas acerca del amor hacia un Dios que no termina de encontrar por mucho que se esfuerza en hacerlo. El personaje de Bardem es fundamental pues de su búsqueda dependerá el equilibrio del film. El problema deriva en delegar en la figura del cura el único discurso de amor verdadero, como si el amor católico fuese la única vía posible y valida, Malick ofrece su visión pero hace peligrosos equilibrios entre la propuesta personal y el adoctrinamiento. Además, podemos reprocharle a su mirada cierta misoginia católica al presentar una aventura de Neil como un regreso a un amor de juventud, puro y lícito; mientras muestra un affaire de Marina como algo ilícito, diabólico (los tatuajes) y erróneo; de nuevo la mujer como símbolo del pecado.

Más allá de interpretaciones discutibles, Malick compone una obra a la que es recomendable acercarse sin prejuicios ideológicos. La sinfonía de planos con la que construye su discurso funciona mejor en To the Wonder, quizá por contar una historia más lineal y abordar sólo el amor que aunque es un tema enorme, es uno al fin y al cabo. Las rimas constantes de su montaje y esa apuesta por mostrar los sentimientos de las personas haciendo referencia a la naturaleza –el sol entre los árboles para reflejar plenitud– hacen de su película un monumento visual que lejos de ser impostado o artificial, encaja como un puzzle si hacemos un ejercicio de reflexión y dejamos que las piezas se vayan colocando.

Quizá por no tomar parte de manera contundente y excluyente en una de las trincheras que mencionaba al principio corramos el riesgo de ser acribillados por las balas de unos y otros. Aún así, la defensa de un visionado con perspectiva –pese a las posibles diferencias ideológicas– que a su vez no tenga miedo a caer en los brazos del film, puede hacer que la experiencia de enfrentarnos a To the Wonder sea muy satisfactoria.

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