May the 4th be with you

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Que la fuerza nos acompañe

Cuando el 4 de mayo de 1979 Margaret Thatcher resultó elegida primera ministra del Reino Unido, los miembros de su partido se apresuraron a publicar un anuncio en el London Evening News para dar la enhorabuena a la Dama de hierro: “May the 4th Be With You, Maggie. Congratulations”. El anuncio jugaba con el emblemático lema de la saga Star Wars  –May the Force be with you, o que la fuerza te acompañe- sustituyendo Force por Fourth (en relación al día 4). Sin saberlo, habían instaurado la que años después pasaría a ser la festividad más importante para todo fanático de la citada saga: el día de Star Wars, o como se conoce por estos parajes, La guerra de las galaxias.

Traer este año el día a coalición cobra especial relevancia tras el anuncio el pasado 30 de octubre (conocido también como el día en que Internet implosionó) de la intención de rodar una tercera trilogía, situada tras los eventos de El retorno del Jedi. Pese a que por todos era sabido que el tratamiento inicial de La guerra de las galaxias se extendía a lo largo de nueve películas, George Lucas, creador y máximo responsable, había negado en múltiples ocasiones que la historia fuera a continuar tras el episodio seis. Cuando en 2005 se estrenó en cines de todo el mundo La venganza de los Sith, la historia quedó cerrada, y nadie en su sano juicio hubiera previsto lo que iba –lo que va, mejor dicho– a ocurrir.

A la noticia de la compra de Lucasfilm por Disney siguió la de la llegada a partir de 2015 no sólo de una nueva trilogía, que conformaría los episodios siete, ocho y nueve, sino de cintas ambientadas en el universo de esta galaxia muy, muy lejana, en forma de spin-offs –para los que ya se han barajado los nombres de Han Solo, Yoda o Boba Fett-. Meses después, desatada la locura en la totalidad del mundo virtual y en gran parte del real, conocimos el nombre del que ocuparía la silla de director para el episodio siete: J.J. Abrams, quien aparte de contar con series como Alias o Lost y películas como Misión Imposible 3 o Super 8 entre sus créditos es quien se ha encargado también de la revitalización de la saga némesis de aquella de Darth Vader, Star Trek.

Ponerse a teorizar sobre el posible argumento de estos nuevos episodios a tres años vista sería un tanto inútil. Ya se ha dicho que la historia será una original, esto es, que no seguirá ninguna de las muchas tramas del conocido como universo expandido (una serie de libros y comics que cuentan historias posteriores a la muerte de Vader). Lo que sí se sabe es que el cast original regresará (hasta un punto, suponemos) a surcar el espacio estrellado a bordo, esperamos, del Halcón Milenario, y que se va a apostar por volver al espíritu de la trilogía original. Es por eso, y porque en el fondo somos unos románticos, que aprovechamos esta festividad para recuperar, cual manuscrito surcando las infinidades del espacio, lo que sucedió hace mucho tiempo en una galaxia muy lejana.

La guerra de las galaxias. Episodio IV: Una nueva esperanza

Rememorando y homenajeando a los seriales matinales que te resumían los hechos del último capítulo al comienzo del siguiente, George Lucas daba comienzo en 1977 al que a la postre se convertiría en su seguro de vida, conforme unas letras amarillas surcaban la oscuridad del espacio acompañadas por la espectacular banda sonora del maestro John Williams. En ellas se nos informaba de que la galaxia estaba en plena guerra civil, siendo la rebelión la única que se oponía al malvado Imperio Galáctico. El joven director nos transportaba así a una galaxia muy lejana en un remoto pasado, el cual puede ser el mayor acierto de estas cintas, el emplazar una historia de ciencia ficción, naves espaciales y espadas de luz en un tiempo anterior, dotando por ende al conjunto de una especie de misticismo y aura de leyenda con los que acertó sobremanera.

También se nos introducía el concepto de la Fuerza, una energía mística que daba al Jedi su poder, y conocíamos a uno de sus últimos poseedores, un inconmensurable Alec Guinnes en la piel del sabio maestro Obi-Wan Kenobi. Lucas se rodeó de desconocidos para completar su casting, con Mark Hamill como el joven protagonista Luke Skywalker, Harrison Ford (el que mejor parado salió de todo esto) como el genial Han Solo y Carrie Fisher como la princesa Leia.

Punto y aparte merece uno de los mejores villanos que ha visto la pantalla grande: Darth Vader, mitad hombre, mitad máquina, pura representación del mal en este primer filme que vería su trasfondo enriquecido en las posteriores secuelas. Y por supuesto el veterano Peter Cushing, reputado nombre de la Hammer, como el malvado Moff Tarkin, jefe al mando de la mortífera Estrella de la Muerte.

Una magnífica historia que combinaba ciencia ficción, aventura, acción, épica y… humor. Un humor siempre bien recibido, más cuando proviene de la pareja de androides por excelencia del séptimo arte, una especie de suerte del Gordo y el Flaco representados por el androide de protocolo C-3PO, un Anthony Daniels entregado a su papel y R2-D2, silencioso compañero de fatigas “impulsado” por el enano Kenny Baker, cuando la tecnología aun no reemplazaba a las personas.

Cuenta Lucas que escribió un libreto con la historia entera de lo que sería “Star Wars”, y luego dejó de lado el comienzo para centrarse en la parte que más juego podía dar y que con más facilidad podía convencer a las productoras. Así dividió cada mitad en tres partes, y empezó a desarrollar el episodio IV. Lo que sigue es historia: dos secuelas que completaron la primera trilogía (segunda según la cronología de la historia) y otras tres que dieron cuerpo al comienzo de la saga. Si a esto sumamos un fenómeno fan casi indescriptible y el origen del merchandising como gran recaudador de ingresos, tenemos todo un mito, un referente no sólo del mundo del cine, sino de la cultura y de la historia moderna.

La guerra de las galaxias. Episodio V: El imperio contraataca

Tras el éxito alcanzado con el primer capítulo de su saga, George Lucas vio abiertas las puertas para continuar con su incursión espacial. El director había escrito la historia al serles denegados los derechos para adaptar a uno de sus héroes, el futurista Flash Gordon. Habiendo triunfado de manera desorbitada llevándonos a un espacio exterior y pasado, Lucas decidió continuar la historia desde el sillón de producción y guión, dejando el trono a otro realizador, Irvin Kershner, que supo aportar un toque distinto que hizo de esta segunda parte no sólo una cinta a la altura de su predecesora, sino una de las pocas secuelas que pueden dase por satisfechas al superar a sus originales.

Toda historia cuenta con una presentación, un nudo y un desenlace. Es bien sabido que el nudo es la parte que más problemas presenta, pues es la que debe contar lo más importante de ésta y no tiene ni principio ni final, por lo que es la que más desligada puede quedar. En El imperio contraataca volvemos a encontrarnos con todos los personajes de la anterior, a los que se une el carismático Lando Calrissian (interpretado por Billy Dee Williams) y el maestro Jedi Yoda, una marioneta manejada por Frank Oz que transmite más que muchos actores, y uno de los grandísimos aciertos de esta continuación.

La historia comienza con una impresionante batalla tanto aérea como terrestre en el helado planeta Hoth contra el Imperio. Haciendo uso de maquetas detallistas y efectos especiales (que no digitales), Lucas y Kershner crean un enfrentamiento frenético, ágil y épico. A partir de aquí la trama se divide en dos líneas paralelas: la primera, el viaje del joven Luke al planeta Dagobah para continuar su instrucción en los caminos de la Fuerza de la mano de Yoda, icono popular si alguna vez hubo alguno; en la segunda, Han Solo y Leia, acompañados del wookie Chewbacca y los androides, tratan de escapar del Imperio, para, en un último momento, caer presos de él.

Pero si hay algo por lo que todo el mundo recuerda El imperio contraataca es por contener en su guión una de las frases más impactantes de toda la historia del cine, sino la que más, que incluso no se rodó como tal para evitar filtraciones. En el combate a espadas de luz entre Luke y el malvado Vader (que adquiere mucho más protagonismo, llegando a obtener su propio tema musical, de nuevo de la mano de John Williams), después de haberle rebanado la mano al joven aprendiz de Jedi, el enmascarado de negro suelta a Luke una verdad que hará tambalearse no sólo los cimientos de su vida, sino los del cine: “Yo soy tu padre”.

Un final abierto con Han Solo siendo congelado en carbonita y los restantes miembros del grupo separándose para emprender nuevos retos dejaba en suspenso una segunda parte más seria, más adulta, y, sobre todo, mucho más oscura que su antecesora. Una cinta que logró la tarea imposible de elevarse por encima de su original, y que, para un humilde servidor, sigue siendo la mejor entrega de esta saga galáctica.

La guerra de las galaxias. Episodio VI: El retorno del Jedi

Hace mucho tiempo, el mundo entero quedó en suspenso tras ver el final de la obra maestra que es El imperio contraataca. Un pseudocierre que dejaba las puertas abiertas para enlazar con la que sería la última pieza del puzzle intermedio: una trilogía anterior y otra posterior permanecerían a la espera, pero ahora lo que primaba era conocer el destino de Solo, al hombre tras la máscara que era Vader, si la Rebelión finalmente triunfaría, y, lo más importante, si Skywalker se convertiría por fin en caballero Jedi, sueño inalcanzable de tantísimos jóvenes de la época.

Ahora con Richard Marquan detrás de las cámaras (Lucas de nuevo en tareas de guión y producción), llegó el esperadísimo final a la trilogía espacial: El retorno del Jedi, un título que varió del originalmente pensado La venganza del Jedi, debido a las quejas de los fans, que argumentaron que un Jedi no podía conocer la venganza. La inclusión del Hutt gangsteril Jabba y la largamente anunciada llegada del Emperador (un Ian McDiarmid que camufló su rostro por entero bajo capas y capas de maquillaje) fueron las incorporaciones más destacadas, así como la expansión del mito del cazarrecompensas Boba Fett, eterno, este sí que sí, rostro enmascarado.

Nuevos planetas a visitar, como la selvática luna de Endor, otros a regresar, como es el enigmático planeta de Dagobah, donde Luke confirmará la verdad sobre el legado Skywalker de boca de Yoda, un ser tan entrañable como complejo, o Tatooine, hogar de los dos soles, en un comienzo para rescatar a Han Solo de su encierro en carbonita, todo un tour de force colmado de acción y aventura, un inmejorable final a esta trama que daba pie a la verdadera historia de este Retorno: la de la redención de Vader, antes Anakin Skywalker, y su retorno a sus principios de caballero Jedi.

Jedi. Nunca una palabra había provocado tantas emociones como la que designa a los caballeros de la paz y la justicia en la galaxia, ahora ermitaños en busca de enmendar sus errores del pasado y de enfrentar al hijo contra el padre, en un conflicto en que Vader debe resultar muerto para que la paz pueda ser reinstaurada en la galaxia. A pesar de la inclusión de detalles algo infantiles en este último capítulo (véanse los pequeños Ewoks, metáfora sin embargo de un David contra Goliat del espacio), Lucas pudo darse por satisfecho al crear con esta trilogía algo que iba mucho más allá de una cinta de ciencia-ficción. Lo que nos contó fue una historia de un conflicto entre un padre y un hijo, de unión y Fuerza con mayúscula, del renacer de un alma enterrada bajo carcasa. Una épica sobre la luz contra la oscuridad, la verdad contra la mentira, la justicia sobre la venganza. Un canto intemporal a unos nobles valores, que ya existían hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia lejana, muy lejana.

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