Desmontando a Tony Soprano

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La repentina e inesperada muerte de James Gandolfini (1961-2013), que se encontraba en Italia -y más precisamente en Sicilia- para asistir al Festival de cine de Taormina, nos lleva a tratar de desmontar el cuerpo y el personaje por el que, con merecimiento, pasará a la historia de la cultura popular y la pequeña pantalla. Su oronda figura se hacía más pronunciada a cada temporada de Los Soprano, junto a ella también sus diatribas y problemas, los de un gangster italo-americano de New Jersey enfrentado al psicoanálisis, pero nunca al jucio del espectador, con el que siempre mantuvo una fina línea de atracción y rechazo a sus actos. Nos adentramos en su personaje tratando de desmontarlo, recomponerlo, quizás llegar a entenderlo. Y para ello, invitamos a colaboradores y miembros de páginas webs amigas a escribir en nuestras páginas. Eso sí, de lograrlo habrá que recurrir a los spoilers, quedan avisados.

“Woke up this morning…”

Escrito por Martín Cuesta (Cinemaadhoc)

Un día te despiertas y resulta que todo va mal, ya sabéis, lo típico, tu mujer se queja desde hace tiempo que pasas muy poco tiempo en casa y que tu ropa, cuando llegas en medio de la noche, viene con aromas de zumo de malta y mujeres de extraños acentos, como si un guerrero no necesitara reposo, joder. También eres incapaz de adivinar qué mueve a tus hijos y por qué son incapaces de entender este negocio familiar que les da seguridad y sustento, quieren los lujos que les otorga pero se muestran horrorizados por la forma de conseguirlos, cuanta hipocresía: ¿no se dan cuenta de que todo lo haces por ellos?. Por otro lado tus subordinados son incapaces de asimilar la más sencilla de las órdenes ¿es que todo tienes que hacerlo tú?¿nadie sabe cumplir con su labor en esta mierda de ciudad?. Tampoco te gusta nada que tu psiquiatra adopte ese aire de superioridad moral contigo ¿quién es ella para juzgarte? o mejor ¿quién es ella en cualquier caso?. Nadie, no es nadie, dejadme que os lo diga así de claro.

Llegas al maldito bar e intentas tomarte una copa y relajarte de toda esa basura que amenaza con enterrarte y ves a ese tipo gordo y estúpido que, de repente, irrumpe en tus pensamientos y en tu campo visual con uno de sus ridículas historias, haciendo gala de su enervante torpeza, frustrando tus intentos de fundirte un rato en el olvido y, súbitamente, sabes que, al fin, tienes a alguien que va a pagar por todos aquellos que están jodiendo tu puta vida, sabes que una vez más vas a volver a partirle la cara al pobre e imbécil Georgie Santorelli. Luego apagas la televisión, te levantas del sofá y piensas que, en el fondo, debes ser un ente despreciable por entender así a Tony Soprano.

Las tribulaciones de Tony

Escrito por Pablo Aranda

Ser Tony Soprano es una putada. No es fácil sentir el recelo de su esposa, la decepción que supone el carácter débil de su hijo Anthony, la complicada relación con su tío Junior y sus limitados esbirros o tener que escuchar los cordiales comentarios de su encantadora madre Livia. Por todo ello, ha sufrido ataques de pánico que le han conducido a visitar la consulta de la psiquíatra Jennifer Melfi. Tony no soporta verse limitado por un trastorno psicológico que provocaría la vergüenza de su padre, algo propio del hombre moderno que él aborrece.

Las cosas no hacen más que complicarse a su alrededor y sólo la reciente aparición de la maternal Isabella le hacen abandonar su voluntaria reclusión. Suena la oportuna Tiny Tears mientras Tony da un rutinario paseo, que se ve interrumpido por un intento de asesinato que él mismo frustra lanzando una psicótica carcajada. Toda una epifanía para Tony que provoca que su estado depresivo concluya al tiempo que Isabella se desvanece. La traumática experiencia es toda una catarsis: Tony vuelve a estar al mando de la situación en un mundo que conoce, domina y ama, el de la ley del más fuerte. Ese es el Tony que quiere ser, el que es respetado y temido, el que haría sentir orgulloso a su padre.

 

Escrito por Daniel de la Cuesta Cal (Cineuá)

Dentro de la caracterización de Tony Soprano (y en general de toda su familia y de su clan) me gustaría destacar su ambivalente relación con Italia. Miembros implicados en la comunidad italoamericana, el prototipo que representan es discutido por alguno de sus compatriotas (el entorno de la también italoamericana Dra. Melfi), puesto que distorsionan la imagen que el resto de la sociedad americana construye. A modo de collage, presento aquí cuatro momentos donde se trata esta relación.

1. Columbus Day

Una muestra de la implicación del clan Soprano en la comunidad italoamericana es la reacción de parte del mismo a las protestas contra la celebración del Columbus Day (o Día de la Hispanidad). El ataque a dicha manifestación puede ser perfectamente interpretado como una muestra de la fase de reafirmación de una italianidad que ya ha sido puesta en duda en diversas ocasiones con anterioridad.

2. Tony e Isabella

La ve por primera vez en el jardín de los Cusamano. Es alta, morena y bastante atractiva, grácil mientras se mueve entre sábanas blancas que oscilan en un tendal. A modo de fantasía, se nos presenta como un sueño inalcanzable su figura de estudiante italiana de intercambio, pero no es ella a quien no puede alcanzar, sino su esencia. Tony quiere ser italiano, le gusta la idea de serlo, pero como cualquier emigrante se siente incómodo en su indefinición.

3. El viaje a Italia

La primera vez que Tony va a Italia es por asuntos de negocios, disculpa más que suficiente para rodearse de Paulie y Christopher para realizar el mismo. Tony se enfrenta a una situación idealizada y espera encontrarse en Zi Vittorio un equivalente en su realidad del ficticio Don Ciccio de The Godfather part II, protagonista de la que previamente es descrita como su secuencia favorita de la saga. Tres italoamericanos en el bel paese y tres maneras de encontrarse con su no-italianidad. Christopher quiere conocer el Vesubio, pero pasa todo el viaje drogado en su habitación. Paulie se quiere integrar (o se cree integrado), pero es incapaz de apreciar la comida y de hacerse entender o encontrar una cercanía que presupone por parte de los nativos. Tony, por su parte, se enfrenta a la destrucción del ideal cuando descubre que Don Vittorio está senil y la famiglia napolitana es llevada por su hija, Annalisa. Los tres vuelven a casa al fin convencidos, pese a que sus palabras digan lo contrario, de que no pertenecen a Italia.

4. Carmela y Furio

El contrapunto de la revelada no-italianidad de Tony lo marca la aparición de Furio Giunta en la historia a partir de los negocios con la Camorra napolitana. Ataviado con su chándal y camiseta del Napoli (temporada 2000-01), entra una mañana cualquiera en casa de los Soprano, buscando algo para desayunar antes de recoger a Carmela. Es quizás la primera vez que nos damos cuenta que, pese a que tiene intención y asegura lo contrario, Furio nunca será americano. De hecho, es tan italiano que su esencia despierta en Carmela una atracción muy similar a la de Tony con Isabella. Furio es italiano y Furio es de alguna manera el no-Tony.

I’m not like everybody else

Escrito por Antonio M. Arenas

Aunque haya compartido cama con más de alguna otra, la vida de Tony Soprano orbita en torno a cuatro mujeres, sobre todas y ninguna de ellas a la vez. Su madre Livia, controladora y manipuladora hasta la hora de su muerte; su esposa Carmela, y las contradicciones de intentar llevar una vida tradicional pese a sus negocios e infidelidades; la doctora Melfi, con la que se confiesa y establece algo más que una relación repleta de tensión sexual; y por último su hermana Janice, a la que no soporta ni perdona que se marchara dejando a su madre sola. Por eso mismo, Tony no puede tolerar que a Janice le vayan mejor las cosas. Tras asistir a un curso de control de la ira, su hermana lleva una vida familiar feliz y tranquila viviendo junto a Bobby Bacalá y sus niños. Invitado a comer junto a ellos, Tony pincha a su hermana recordándole el hijo al que tuvo que abandonar. Insiste e insiste hasta consigue lo que busca. Su hermana estalla, le insulta y le echa de su casa, ante lo que él esboza una sonrisa de satisfacción pura: ambos son de la misma calaña.

En una serie rendida en su esencia a la música -que Not Fade Away (2012), la primera película de su creador David Chase, retrate con nostalgia la formación de una banda de rock en el New Jersey de los 60 habla por sí mismo- los finales de episodio y títulos de crédito reposaban en canciones tan meditadas como cualquier otra línea de guión y perfectamente seleccionadas. Dirigido por el cineasta británico Mike Figgis, el episodio concluye con un plano en el que vemos a Tony marchándose a lo lejos, tranquilo después del trabajo bien hecho, mientras suena una canción de The Kinks interpretada en directo por Dave Davies, que se desgarra cantando “I’m not like everybody else”. Porque si en Los Soprano nadie puede ser más que Tony, lo cierto es que tampoco ningún otro como James Gandolfini pudo haberlo interpretado.

 

Escrito por Jesús M. Rizo

En la quinta temporada hay un par de constantes muy significativas. La primera es esa tensión sexual no resuelta entre Tony (descomunal, superlativo e impereceredo James Gandolfini) y Adriana (Drea de Matteo), vamos, que se la quiere zumbar pero sabe que en realidad no puede, aunque poco le falta. Y la segunda es la relación irregular que se establece entre el mismo Tony y su sobrino -en principio lo de sobrino es más simbólico que otra cosa aunque luego en un capítulo Carmela (Edie Falco) dice que en realidad sí lo son y que, además, también es su primo, relaciones familiares muy chungas de por medio- Christopher (Michael Imperioli), que siempre ha tenido sus momentos altos y bajos, pero en la quinta entre Adriana y también con la llegada de Tony B (Steve Buscemi) se acrecenta todo.

Tras el asunto de Adriana, con Christopher manteniéndose fiel a la cosa nostra, éste se derrumba y acaba drogándose. Cuando todo el mundo cree que el jefazo Tony al ver a su sobrino llorando le va a consolar por la traición de Adriana y su posterior muerte y a tenderle una mano, le termina dando de hostias hasta en el cielo de la boca, como si se la estuviera guardando de toda la temporada. La excusa es que él no es el único que la ha perdido, y tiene razón, pero seamos claros: Tony siempre ha utilizado cualquier cosa, no importa que fuera una tragedia, para marcar su territorio. Que se lo digan a Ralph Cifaretto (Joe Pantoliano) y su peluquín, con su hijo en el hospital tras un accidente muy grave y pagando caro el tema del caballo. Es complicado elegir tan solo un momento de Tony Soprano.

Los miedos de Tony

Escrito por Julio Lorente (CineSphera)

Durante la boda de la hija de John Sacrimoni, Tony es testigo de cómo, tanto sus hombres como los de Sacrimoni, consideran a este último acabado por mostrar su debilidad llorando en público. Tony le cuenta a la doctora Melphy lo sucedido y el miedo que le produce perder el respeto y el poder entre los suyos. Acaba de recuperarse del apuñalamiento de su tío Junior y en la boda ha sufrido un desvanecimiento delante de todos. Tiene pánico de que le pueda suceder lo mismo a él.

De vuelta a Satriale’s, su cabeza no para de dar vueltas a lo sucedido. Tony baja del coche acompañado por su chófer y guardaespaldas. Observa lo que hacen los suyos. Bobby Bacala jugando al baloncesto -está en buena forma, piensa. Mejor no-, Paulie y Christopher tomando el sol -se fija en el “Good Luck” que lleva Paulie tatuado y hace una mueca nerviosa-. Le ofrecen una silla y pasa. Entra y ve a todos comiendo, jugando o conversando. Le ofrecen un bocadillo y también pasa. Empieza a fijarse en el resto, sobre todo en sus bíceps -demasiado fuerte, demasiado débil…-. Al final clava sus ojos en su chófer. Es el más joven y fuerte y también el menos experimentado. No es el macho alfa, Tony lo sabe, pero no puede permitirse perder. Se ajusta los anillos y empieza una discusión sin sentido que acaba con una paliza.

Ha demostrado que es el jefe y que puede derrotar a cualquiera que le quiera sustituir como líder de la manada. Tony acaba vomitando en el baño, se refresca, se mira en el espejo con una sonrisa que da miedo y vuelve a vomitar mientras de fondo se escucha el “Every day of the week”. Vuelve a ser el rey, como todos los días. La escena refleja muy bien la personalidad de Tony Soprano. Sus temores, su debilidad, su mente enfermiza y algo infantil y ese punto de cobardía a la hora de hacer frente a esos miedos.

Lo que significa ser Tony Soprano

Escrito por Alvaro P. Ruiz Elvira (Blog Quinta Temporada, El País)

“Los Soprano… vais demasiado lejos”

(Bobby Baccalieri. Episodio 13, temporada 6)

Es el inicio de la recta final de la serie. Un capítulo que podría parecer de transición. Pero tiene varias escenas fundamentales: la conversación en la barca entre Bobby y Tony (esencial para el cierre de la serie), la desvirgación de Bobby (profesionalmente hablando y poniendo fín a las bromas de Tony) y una brutal pelea. Esta pelea no es trivial. Tiene todo lo que significa ser Tony Soprano. Es el cumpleaños de Tony. Janice y su cuñado, Bobby, uno de sus segundos, le invitan a pasar el fin de semana en su casa de campo junto a Carmela. Bobby le regala a Tony un fusil de asalto y todo parece ir bien, pero por la noche algo se tuerce. Jugando al Monopoly, Tony y Bobby se pelean como bestias.

En esta escena está el Tony más feliz y despreocupado, el de la sonrisa socarrona y ojos brillantes (sello Gandolfini), disfrutando de su familia. Está la conexión a su otra familia, la mafia, a través de Bobby, la persona que le ayudó a cuidar a su tío y en el que parece que cada vez confía más. Están las referencias a los chanchullos mafiosos a través del Monopoly,  sus reglas, la compra de propiedades, la casita que se le queda pegada a Tony tras la pelea e incluso a los sobornos (cuando aparece la niña para despedirse). Está su hermana, su némesis familiar desde la muerte de la madre, a la que quiere y odia a partes iguales. Hay una referencia a los padres de Tony. Aquí es donde realmente se enciende la mecha ya que Tony pide que no se cuente esa historia porque atenta contra una de sus mayores preocupaciones: “Nos hace parecer una familia disfuncional”.

Tony contraataca haciendo bromas sobre Janice que a Bobby no le hacen gracia. Vemos una constante de Tony: cómo pasa en un guiño de ser el tío más simpático al mayor cabronazo posible. Y aquí entra la pelea, empezada por Bobby, algo inesperado, y que Tony pierde. En un primer momento acepta la derrota deportivamente (hasta aquí se ve en el vídeo). Pero poco a poco algo le reconcome por dentro y su orgullo no acepta que le hayan pateado el culo, mucho menos el más bonachón de todos, el que no quiere que le compliquen la vida, el que nunca ha matado a nadie… Y Tony se venga pidiéndole algo muy duro (sin espoilers). Al más puro estilo Soprano.

Vesuvio Salvaje

Escrito por Pablo Vigar

James Gandolfini era un actor de método. Su contribución a la gran pantalla quedaba sólo eclipsada por la que hizo a la pequeña cuando ésta no era aún tan grande. Vivirá para siempre en la memoria colectiva como Tony Soprano, pero es que además sus papeles en cine hacían de él un personaje aún más insólito, precisamente porque demostraban que debajo de la insuperable carcasa de Tony latía un actor capaz de todo y más. La predilección que profesaba el actor para con su profesión es comparable a la que su personaje por antonomasia, el mafioso italoamericano que nunca se cansó de esperar a los patos, rendía a los mitos del séptimo arte.

A cualquier amante de la serie le resultará terriblemente familiar cualquier momento de esta que involucrase a Tony comiendo helado delante del televisor, ya fuese con el John Wayne de Río Bravo o el James Cagney de El enemigo público. Tony, además, siempre fue claro en su orden de preferencia de la saga a la que con tanta frecuencia rendía tributo la serie: la parte en que Vito regresa a Sicilia fue siempre su favorita. En otro momento de la serie, el padre Phil preguntaba a Carmela que qué opinión le merecía Uno de los nuestros a su marido. Hasta en casa de los Soprano se organizaban sesiones cinematográficas que incluían títulos como Ciudadano Kane.

Por esa constante simbiosis entre tipos altos, fuertes y silenciosos, una escena que no llega al minuto de duración dentro de un total de más de ochenta horas resulta de una belleza inusitada. Tony, Silvio y Bobby dialogan sentados a una mesa cuando de repente comienzan a sonar las primeras notas de la Cavalleria Rusticana, la misma que Scorsese utilizó para abrir su Toro salvaje. Tony alza la vista, reconociendo al instante la melodía, también lo hace Silvio, y comienza entonces una preciosa reconstrucción con movimientos a cámara lenta de un combate pugilístico. El cine nunca fue más poderoso ni más eterno, capturando tanto en un instante tan fugaz, y Tony Soprano, siempre en deuda con éste, tampoco.

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