Dead Set

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El Gran Hermano te quiere comer

Desde que Romero introdujo por primera vez al zombi en un centro comercial, en Dawn of the Dead (1978), la criatura descerebrada, hambrienta y que siempre camina en masas, quedó unida a una nueva capa de significado, como una imagen subliminal que lo acompaña allá donde vaya, paso a paso (o a gran velocidad, depende del autor). Es la idea de una sociedad adormecida, pasiva e ignorante, pero muy entretenida. Es decir, es la sociedad orwelliana, mucho más de actualidad de lo que nos gustaría admitir en una España que ha acabado cediendo a la indiferencia y a la sumisión tras la sobreexposición a nuevas razones para indignarse.

Dicho esto, parecía obvio, casi predestinado, que el encargado de unir en matrimonio definitivo al zombi orwelliano con la idea del Gran Hermano fuera Charlie Brooker, obsesionado de los medios de comunicación de masas, la tecnología y las redes sociales que crearía una serie de relatos tan interesante como irregular, y capaz de lo más ingenioso y lo más tosco, como Black Mirror. Y para ello, contó con la inestimable colaboración de Channel 4, la cadena encargada de producir y emitir el conocido reality en Reino Unido, dato que no resulta secundario. La idea era contar el apocalipsis zombi desde dentro de “la Casa” (concepto-espacio que no necesita presentación a estas alturas), y la serie no habría alcanzado las cotas de hipertexto metatelevisivo e hibridación genérica que contiene sin el uso de la propia marca Big Brother, el plató real e inconfundible para la audiencia británica (y mundial, pues la Casa es, ante todo, un no-lugar) e incluso el impagable cameo de la Mercedes Milá británica, Davina McCall (razón de sobra esta para apostar por un remake en nuestro país: ¿quién no querría ver a la Milá convertida en zombi, como último y coherente paso en su carrera desde el periodismo serio hacia el icono desquiciado que es hoy en día?). Es en esa hibridación metatelevisiva en la que Dead Set consigue su triunfo incontestable.

Los zombis corren y son extremadamente violentos: son infectados al más puro estilo del 28 días después de Danny Boyle. Pero la dicotomía zombi-infectado es un debate que muchas veces ciega a los puristas y a las mentes más lógicas evitándoles ver qué hay realmente detrás del monstruoso reflejo. En este caso, la infección los convierte en un público histérico y peligroso que hará todo lo posible por comerse a sus ídolos. Uno de los concursantes incluso lo pone en palabras: “ahí tienes al estúpido público británico”, dice mientras observan desde la azotea de la Casa a las masas de muertos vivientes que corretean en busca de comida. Es algo que se le da bien a Brooker, exponer ideas y argumentos en magníficos one-liners, como cuando el productor, Patrick, quizá el mejor personaje por su honesta crueldad, dice “¿A qué vienen esos disturbios? ¡Ya no estamos en los ochenta! La gente debería quedarse en casa y ver la tele”.

La mini-serie hace gala de varias características propias de parte de la producción británica de los últimos años que otras televisiones del mundo deberían envidiar: el gran poder visual para crear imágenes potentes, la búsqueda del entretenimiento de calidad, guiones con ritmo, conflictos y diálogos muy rápidos y llenos de ideas, y un humor incisivo, cruel, negrísimo y que niega toda corrección política. Es Patrick huyendo de un infectado y usando a un hombre en silla de ruedas para obstaculizar al monstruo, y también es una concursante de Gran Hermano con más pechos que neuronas que, al descubrir que la civilización ha llegado a su fin, se pregunta “¿Esto significa que ya no estamos en la tele?”.

Brooker le da una vuelta de tuerca al concepto del Gran Hermano, pero también se la está dando a la metáfora siamesa del zombi: es solo cuando surge el caos, y una sociedad infectada arrasa con todo, cuando la dictadura del gran ojo cae, y las personas, aunque ya muertas, pueden hacerse con el control. “Big Brother ain’t watching us”, dice uno de los personajes en un momento del primer capítulo. De momento, en la realidad, no ha habido forma de conseguirlo.

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