Zombi: animal político

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La carga política de las películas zombis

La figura del zombi, desde el ser resucitado y sin voluntad hasta el infectado, tiene una fuerza metafórica tan potente que se muestra muy favorable a interpretaciones sociales y políticas. El poder alegórico de los zombis ha sido patente o latente a lo largo de este siglo de no muertos en la gran pantalla. Cuando los zombis deambulan en un centro comercial o cuando Israel levanta muros para evitar la invasión, estamos viendo reflejos de la realidad en películas de terror. Y es que a veces la imagen que nos ­devuelve el espejo puede ser aterradora.

La interpretación política del género zombi puede resultar obvia en algunos filmes y en otros artificial o incluso impostada pero un estudio en conjunto se muestra revelador. Al analizar las películas zombis en su contexto histórico observamos multitud de interpretaciones y versiones sobre la civilización, la sociedad, los distintos modelos de Estado o el comportamiento del hombre capitalista. Pero esta condición del muerto viviente o ese efecto en la sociedad no ha sido siempre el mismo, ha evolucionado.

El primer zombi cinematográfico bebe de las leyendas haitianas de resurrección y vudú, de ahí películas como Yo anduve con un zombi (Jacques Tourneur, 1943) que sin ser de las primeras es la más valiosa. Este zombi autómata y al servicio de su maestro sirve para hablar metafóricamente de un periodo histórico que seguía siendo tabú como era la esclavitud, pero también tiene reminiscencias a un momento en el que la sociedad sufre por la economía -la Gran Depresión- y las grandes ciudades crecen con la inmigración. Por tanto: la alienación, la esclavitud o el miedo a “el otro” son temas que incorporan las películas de zombis en estos años.

Unos años después podemos hablar de un término, quizá inexistente, pero que ilustra a la perfección la irrupción de George A. Romero en el género: la revolución romeriana. La noche de los muertos vivientes (Night of the living dead, 1968) fue un punto de inflexión. La nueva concepción de zombi que propone Romero es un muerto viviente que se mueve en hordas con hambre de carne humana. La complejidad que adquieren los discursos en ese momento es asombrosa. Y Romero, que en su debut no es consciente de ello, en seguida se percata e introduce elementos para motivar una lectura política de sus filmes. Más allá de su filmografía, la concepción de este no muerto como un ser impulsivo, puede ser interpretado de tantas formas dependiendo del contexto de cada película, que intentar reducirlo a una sola lectura sería simplista. Hemos pasado del zombi autómata y esclavo al zombi social y libre.

Tras décadas de un cine zombi influenciado por Romero, en el cambio de siglo aparece una película que sirve de nuevo punto de inflexión: 28 días después (Danny Boyle, 2002). Más allá de que el zombi no es un muerto resucitado, sino un infectado, lo relevante y lo que sirve en este caso es que el virus transforma la voluntad de la persona despojándola de su humanidad y su raciocinio. Además, entre las películas que proliferan en esta década encontramos un mundo apocalíptico y pos-apocalíptico que desencadena nuevos y sugerentes debates. En 28 días después, en su secuela 28 semanas después (Juan Carlos Fresnadillo, 2007) y en otras obras importantes como la serie The Walking Dead (AMC), ambientadas en una civilización destruida, sin orden gubernamental, ni estructura social; los discursos sobre el la pérdida de valores y ética o los modelos de organización social que se presentan son lo más significativo.

En la serie de Robert Kickman que adapta los cómics homónimos, son estos elementos ajenos al propio zombi, los que ganan relevancia y aportan calidad en el mensaje de la serie. Los zombis son claros: quieren comerte, pero los humanos… ¿son de fiar?, de nuevo la naturaleza humana se torna indescifrable y en muchas ocasiones supone un peligro mayor que los no muertos. En la tercera temporada, el pueblo de Woodbury, regido por “el Gobernador”, es una experiencia muy atractiva para ver como una sociedad desmembrada, pero con tradición democrática, intenta reorganizarse y bajo que códigos y estructuras lo hace. En el mundo pos-apocalíptico predomina la tiranía y el liderazgo dictatorial; incluso en los grupos de buena voluntad cuando la cosa se tuerce desaparece cualquier germen de organización plural -recordemos a Rick Grimes al final de la segunda temporada: “this is not a democracry anymore”- ¿Qué papel tiene el Estado entonces? y lo que es más interesante: ¿por qué nos planteamos el papel del Estado en un mundo zombi?

Todos estos interrogantes, sumados a la multitud de interpretaciones que este género arrastra desde sus inicios, se han visto incrementados estos últimos diez años por la diversidad de obras que han surgido. De hecho, la mitad de las películas de zombis de toda la historia se han producido en esta década. La explicación a esta circunstancia nos la aporta un estudio que además refuerza la idea de que el género zombi posee una fuerte carga política: el estreno de películas zombis coincide con momentos sociales convulsos. De esta manera, en los años posteriores a la crisis de los años 30, la crisis de los años 70 y la actual, se han incrementado las producciones de este género. Y no solo en contextos económicamente complicados, también tras guerras como Vietnam o Irak. Los últimos diez años con los atentados de 2001, la amenaza terrorista global, la guerra de Irak y la crisis económica y financiera han creado el contexto oportuno para esta proliferación de no muertos.

Puede resultar precipitado y poco riguroso correlacionar ambas situaciones, de hecho sería necesario un estudio más exhaustivo para afirmarlo, lo que si es cierto es que podemos encontrar en cada periodo histórico títulos del género que tienen clara influencia de su contexto social. Así: vemos una crítica al consumismo de la burguesía capitalista tras la crisis del petróleo en Zombi, el amanecer de los muertos vivientes (Dawn of the Dead, George A. Romero, 1978), una metáfora del orden pos-11S en 28 días después (Danny Boyle, 2002) o una crítica muy explícita y contundente a la Guerra de Irak en Homecoming (Joe Dante, 2007) donde los muertos de la guerra vuelven a Estados Unidos en forma de zombis con el propósito de votar en las elecciones.

Entre 2013 y 2014 se van a estrenar más de cincuenta títulos de zombis, muchos de ellos ambientados en mundos post-apocalípticos. No es de extrañar tras comprobar que el género es un continuo espejo metafórico de la sociedad y esta camina hacia un futuro incierto. Las desigualdades se están acrecentando, las clases sociales se distancian y las políticas neoliberales cercenan el Estado de Bienestar. Se camufla el régimen oligárquico con una falsa sensación de democracia y por si esto fuera poco, la sociedad capitalista nos bombardea con mensajes instantáneos y simplistas. El pensamiento crítico y la reflexión pasan a un segundo plano mientras nos inculcan la necesidad de consumir y producir. Consumir y producir. Consumir y producir. Como zombis. De momento la horda está tranquila deambulando como un muerto haitiano, pero si algo hemos aprendido del cine es que en cualquier momento se puede desatar una pandemia y, si llegara el caso, no habrá película que retrate esa Guerra Mundial Z.

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