Mud

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Al otro lado del río

A lo largo de este año películas como The Master o To the wonder representaban cierta resistencia en el cine americano actual, la defensa de una vanguardia narrativa y temática se encomienda a directores como Paul Thomas Anderson o Terrence Malick reticentes a sucumbir al cine desalmado que abandona salas para poblar centros comerciales. A esa defensa del “otro” gran cine americano, se  suma ahora Jeff Nichols que, tras su debut con Shotgun stories (2007) y su conquista de la crítica con el apocalipsis paranoico de Take Shelter (2011), alcanza con Mud (2012) cotas de excelencia poco habituales en directores tan jóvenes; no sólo por su estilo narrativo o su visión de América -como concepto o metáfora- que le acerca a los directores citados, sino por su capacidad de aunar referencias y revisitar obras maestras como las de Mark Twain saliendo vencedor.

Durante la producción de Mud recomendó a su equipo y a sus actores que leyeran, o releyeran, ‘Las aventuras de Huckleberry Finn’ la novela maestra creada por Mark Twain a finales del siglo XIX. Los lugares y situaciones comunes que comparte con Mud son obvios: vemos a Huck Finn y Tom Sawyer  en la amistad de Ellis y Neckbone o a el esclavo negro Jim en el propio Mud pero sobre todo nos muestra, otra vez, el río Misisipi como centro de vida y muerte, la columna vertebral que parte América, el canalón de un país que es un tejado a dos aguas. Además, la película de Nichols es un relato de iniciación hacia la edad adulta -el llamado coming of age– que viene dado a través de la aventura de los jóvenes; Cuenta conmigo (Stand by me, Rob Reiner, 1986) aparece aquí como principal referente.

Pero si libramos a Mud de las citas a las que se debe y a su director de la comparación con sus contemporáneos, se observa que el film tiene una atmósfera propia y una profundidad temática que es más rica en matices de lo que pueda parecer en un principio. Los niños protagonistas Ellis (Tye Sheridan) y Neckbone (Jacob Loflan) son hijos del Misisipi, con todo lo que eso conlleva, atraviesan las dificultades de una colectivo social que sobrevive del río -los blancos pobres, white trash-, pero también viven las aventuras que trae la corriente. Una de las sorpresas que contiene el caudal es el barco abandonado que descubren en la copa de un árbol en una isla apartada. Pero el barco no será lo único que encuentren; Mathew McConaughey interpreta a un carismático prófugo con el sobrenombre de ‘Mud’ (barro) que se esconde en esa isla desierta envuelto en decadencia, misterio y su camisa de la suerte.

Ellis se encuentra en un punto crucial de su vida en el que se le acumulan las circunstancias: sus padres están al borde del divorcio, su madre quiere trasladarse con él a la ciudad, busca su primera novia… y Mud se erige como un símbolo, repleto, a su vez, de símbolos materiales: la camisa, el tatuaje, la pistola… y una historia romántica que necesita la ayuda de los dos jóvenes. El Misisipi es la frontera y la isla la escapatoria, en el mundo real -a este lado del río- hay decepción y dificultades y en el mundo de Mud -al otro lado del río- aventura y valores. La urgencia de referentes de Ellis convierte a Mud en su guía, el asidero en el que agarrarse para resistir en la corriente de problemas que lo intenta arrastrar. Ese fugitivo es la última esperanza de encontrar algo puro en el mundo adulto al que se asoma, algo por lo que luchar, y eso no es otra cosa que el amor.

Es el tema transversal en una película que toca muchos y algunos de forma sutil, pero el amor está siempre presente para Ellis: el amor imposible de Mud y Juniper, el amor deteriorado de sus padres, su primer amor, el amor paterno-filial, incluso su relación con Neckbone pues como bien definía Lord Byron “la amistad es el amor, pero sin sus alas”. Y todo ello contado con un convencionalismo atípico, nada es nuevo en Mud pero todo es diferente. Podríamos esperar de un film coming of age como este que la voz en off aparezca en cualquier momento, pero el motor de la barca y su estela sustituye cualquier opción; es el viento, el agua y el río quienes hablan, quienes nos cuentan todo gracias al talento del director. Igual que Ellis atraviesa el Misisipi en busca de su madurez, Nichols ha cruzado su particular río reivindicándose como autor en la corriente del gran cine americano.

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