Con falda y a lo loco: Manual audiovisual para rupturas

Escrito por

Annie Hall

« Fue genial volver a ver a Annie. Me di cuenta de lo maravillosa que era y de lo divertido que fue conocerla. Y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina. Y el doctor responde: ¿Pues por qué no le mete en un manicomio? Y el tipo le dice: Lo haría, pero necesito los huevos.

Pues eso más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿saben?, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos. » (Annie Hall, 1977)

Esta reflexión difiere bastante del concepto de relación que tiene la mayoría de la humanidad. La culpa de que pensemos lo contrario y tengamos tan idealizado el amor es de las películas y el pop, que solo potencian mentiras y corazones rotos. Las verdaderas historias de amor son aquellas que no tienen un final feliz, por eso a continuación solo se tratarán cintas aptas para rupturas.

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« Si querías dejarme realmente jodido tendrías que haberme conocido antes. » (High Fidelity, 2000)

Así recibía Rob Gordon, John Cusack, la noticia de su nueva soltería en Alta fidelidad (High Fidelity). Esta adaptación cinematográfica, de la novela de Nick Hornby, es una cita para todos aquellos corazones desolados que vagan por las amargas calles de la decepción y, también, para aquellos que están enamorados, porque ya os llegará, ya. Gordon, tras ser abandonado por su novia Laura, Iben Hjejle, hace un repaso de sus cinco rupturas más lacerantes y decide reencontrarse con sus cinco ex, para responder a esa gran pregunta que todos nos hacemos cuando nos dejan: ¿Por qué? La pasión de Gordon por la música y su tienda de discos, Championship Vinile, hacen que el argumento gire en torno a ella. Su banda sonora –en la que podemos encontrar temas como Most of the time de Bob Dylan– puede empapar los últimos pedazos de cualquier corazón roto. Y es que una ruptura no sería lo mismo sin una buena banda sonora detrás para dramatizar, más si cabe, la situación –« ¿Escuchaba música pop porque estaba deprimido o estaba deprimido por escuchar música pop? »–. A parte de la banda sonora, hay tres cosas maravillosas en esta cinta: Las brillantes reflexiones de Cusack mirando a cámara; el personaje de Barry, Jack Black, –un ser adorable con barriga y tacos en la lengua –; y el diálogo final entre Rob y Laura donde él habla sobre la novedad. Creo que es de las pocas películas que he visto que tratan este tema con tanta claridad. La “novedad” siempre está acechando a una relación en sus múltiples formas, y la mayoría de nosotros la desconocemos. Es mentirosa, hipnotizadora y destructiva. Es una droga que te hace sentir genial al principio, pero que más tarde que temprano acabas notando sus consecuencias. No podemos hacer nada, no se puede destruir, solo detectarla y aprender a evitarla, y eso es algo que Cusack, cuando madura, acaba haciendo bastante bien.

« Estoy harto de fantasías porque no existen. »

Días eternos, con el mismo ropaje de ayer, tumbados en la penumbra de un cuarto mientras cantas « and I’m feeling very sick and ill today, but I’m still fond of you » (What difference does it makes? The Smiths, 1986). No está mal para empezar los días de soledad, pero si Benicio del Toro fuera tu colega te ofrecería un plan alternativo: «Te aconsejo que alquiles un descapotable muy rápido. Te hará falta cocaína, un cassette con música especial, camisas hawaianas y estar fuera de la ciudad por lo menos dos días.» Seamos realistas, ambos planes son un despropósito, pero este último es el consejo perfecto para olvidar, al menos durante dos días. Miedo y Asco en las Vegas (Fear and Loathing in Las Vegas, 1998) no tiene nada que ver con las rupturas, pero ahora que tu vida no tiene sentido creo que es el momento de visionarla y recrear un fin de semana como el de Johnny Depp y Benicio del Toro, como solo un soltero se podría permitir. Pero si realmente te sientes desesperado, siempre puedes hacer un Meg Ryan en Serious Moonlight (2009) y atar a tu ex a un inodoro con cinta adhesiva, para evitar que se vaya con otra y convencerlo de que realmente está enamorado de ti. Así te darás cuenta de que siempre se puede ir a peor, siempre.

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« Sé que pensabas que era la mujer de tu vida, pero no lo es. » (500 days of summer, 2009)

Frases como esta tuvo que sufrir Tom, Joseph Gordon-Levitt, en (500) days of summer. –A ver, claro que no lo es. Sería muchísima casualidad que la mujer de tu vida, tu alma gemela, ya no solo habitara en tu misma ciudad, sino en tu mismo país. El hecho de elegir sacrificar la insaciable búsqueda de tu media naranja por quedarte al lado de alguien… podría parecer holgazanería, pero es amor–. (500) days of summer es la terapia de choque a la que muchos corazones descuartizados temen enfrentarse, pero existe cierto placer en eso de la autocompasión. Así que saboreemos un poco paseando junto a Tom por todos los momentos de nuestra relación, para encontrar ese instante exacto en el que todo dejó de funcionar –«¿Alguna vez has repasado todos los momentos con una persona una y otra vez buscando los primeros signos de que algo va mal? Solo hay dos opciones: que es un ser humano malvado desprovisto de emoción o que es un robot»–. Es una de esas películas que te dejan K.O, básicamente porque no te dan ningún tipo de consuelo ni esperanza y porque no puedes insultar y vociferar a la adorable Summer, Zooey Deschanel. A lo largo de esta cinta, padecemos todas las fases de una ruptura, incluso, la nociva de “realidad vs expectativas” –Deja de pensar que volverá (expectativas) porque no lo hará (realidad)–. Tom y Summer no eran una pareja corriente, pero eso no hace la ruptura menos hiriente. El día 488 se nos atragantará hasta hacernos vomitar.

« Solo, solo me levanté un día y lo supe. […] Lo que no supe seguro contigo. »

Y no te sientas mal por sentirte miserable, ya lo decía Woody Allen en Annie Hall (1977): «Siento que la vida está dividida entre lo horrible y lo miserable. Lo horrible serian los casos incurables: los ciegos, los lisiados […] Y lo miserable seríamos todos los demás. Así que agradece ser miserable.» Woody Allen hace de esta película un profundo análisis de las relaciones, presentando el amor como un concepto ligado no solo a los sentimientos, si no a la necesidad y la dependencia. Alvy, Woody Allen, echa de menos a Annie, Diane Keaton, su ex novia. Todos los momentos que pasaron juntos y todos los lugares que visitaron no lucen igual si ella no está. Ninguna otra mujer está a la altura ni puede rellenar su hueco, pero finalmente la lucha constante que sufre Alvy en su interior –entre su deseo de querer pasar el resto de su vida con ella y el miedo a perder su libertad– es la que finalmente le hace perder a la mujer que realmente amaba y necesitaba, por ese orden. Aquí no es tan palpable, pero podríamos diagnosticar esa lucha interior de Alvy como “novedad”.

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« Excelsior, excelsior, excelsior… » (Silver Linings Playbook, 2012)

El lado bueno de las cosas –adaptación cinematográfica de la novela del mismo nombre de Matthew Quick–, es una de esas películas que secunda mi frase oficial para rupturas: siento tu pérdida. Tiffany, Jennifer Lawrence, perdió a su marido, se murió, y su estado emocional olvidó la estabilidad. Pat, Bradley Cooper, perdió a su mujer, le dejó, y le acusaron de bipolar  –Tanto el marido de ella como la mujer de él han muerto, de una forma u otra, pero han muerto y lo adecuado es dar el pésame–. Lo bueno de esta cinta es que puedes elegir si deseas que tu desequilibrio emocional, algo de lo más habitual tras una ruptura, sea como el de Pat –pirado y acosador– o como el de Tiffany –pirada que ahoga las penas tirándose a todo el vecindario–. Yo no tendría dudas. Es simplemente genial como David O. Russell lleva al límite el concepto de inestabilidad hasta convertirlo en una enfermedad. A diferencia de (500) days of summer, Lawrence y Cooper dejan la autocompasión a un lado y se centran en un solo concepto: Excelsior –«Voy a coger toda la negatividad y la usaré como combustible para buscar el lado bueno»–. No es una mala forma de enfrentarse a la situación, pero sí que puede ser bastante agotadora. Como le diría el Dr. Cliff Patel a Pat: «El verdadero amor la dejaría ir y esperaría.»

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Y sobre este amor verdadero existe un falso mito que lo relaciona con las aficiones y la afinidad, pero eso nada tiene que ver con realidad –«El que a una chavala mona le guste la misma basura friki que a ti, no la convierte en tu alma gemela»–. Calvin Weir-Fields, Paul Dano, jugó a ser Dios en Ruby Sparks (2012). El protagonista tuvo la suerte de crear a la chica de sus sueños tal y como él la deseaba. Tan solo necesitaba una máquina de escribir y Ruby, Zoe Kazan –guionista y actriz–, actuaría y pensaría a su antojo, pero el ser humano es caprichoso y siempre quiere más de lo que posee. Cuando nos enamoramos le otorgamos a alguien el poder de destruirnos, con la confianza de que nunca lo hará. Está claro que Calvin nunca pretendió herir a Ruby, pero exprimió el amor incondicional que ella le ofreció y terminó haciéndole perder la dignidad y la cabeza. El poder del amor y sus consecuencias metafóricamente representados en una máquina de escribir.

« ¡Eres un genio! »

Y ahora es cuando el olvido te juega una mala pasada y solo recuerdas los buenos momentos, pero cuando pienses en el pasado, recuérdalo tal cual era: «Ella vino a mi siendo ella misma. Yo solo tuve la suerte de estar allí para atraparla» y la mala suerte de abandonarla.

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