De la B a la Z: Troll 2

Escrito por

pete1

No está de moda ser antropófago

Decían las Papá Levante Decía Woody Allen en Delitos y faltas que la comedia era como una operación matemática que resulta de la suma de la tragedia más el paso del tiempo. ¿No lo decía Woody Allen? Bueno, pero lo escribió él en un guión, qué más da.

Viñeta de Xavier Águeda

¿Pero qué es realmente la comedia? Había un señor en Italia que ni se lo planteba. Él solo quería hacer películas de terror, que para eso era italiano. Sentado en su sofá, disfrutando de los clásicos, debía de soñar con asustar a cientos de miles de personas. Seguro que nunca, ni en sus más terroríficas pesadillas, habría imaginado que uno de sus hijos (hijos rebeldes por qué no decirlo) iba a hacer reír a carcajadas. A mí el primero.

Para el arriba firmante el cine y todo lo que le rodea es cuestión de expectativas. Aquella tarde el nivel estaba bajo mínimos mientras hacía zapping abriéndome paso entre la inmensa oferta de la televisión por cable (¡maldito burgués!). De repente apareció ante mí un documental titulado Best worst movie. ¿La mejor peor película? La curiosidad me ganó, o quizás fue esa inevitable pulsión humana por regocijarse en la desgracia ajena, pero el matiz de “mejor” ya decía mucho; en realidad lo decía absolutamente todo.

No ocupa a esta columna reseñar el documental de Michael Stephenson, que es una maravilla, pero lo recomiendo como un puente necesario, una secuela de no ficción que te sirve para entender las circunstancias que rodearon la gestación de una joya inmarchitable: Troll 2.

Año 1990. Claudio Fragasso y su señora han escrito un guión y quieren hacerlo realidad. Se supone que es una historia de terror. La señora de Claudio estaba un poco enfadada porque a sus amigos les había dado por hacerse vegetarianos (menudo drama) y en vez de comerse un filete poco hecho decidió que su terapia iba a ser escribir un guion de cine: tropecientos mil geeks americanos chocaron los cinco al unísono. ¿Cómo va a ser eso terapéutico? Pues creando a unos goblins caníbales que tienen la sana costumbre de convertir en vegetales a sus víctimas antes de devorarlas. Creo que eso se llama movilizar conciencias.

Los mandamases no debían confiar demasiado en las posibilidades de la historia, vaya usted a saber por qué, y decidieron que si la película en vez de llamarse Goblins se convertía en la secuela de otra película podría tener algo de éxito. ¿Que en Troll 2 no salen trolls? Bueno no importa, al menos seguirá el argumento de la primera parte. ¿Que en la primera parte salían trolls y en esta no? Esto promete.

Una familia americana modélica se va de vacaciones. Nada de Cancún, ellos necesitan entrar en comunión con la naturaleza, por eso se van a un pueblo dejado de la mano de dios, con 32 habitantes más o menos, para disfrutar del mundo rural en su máxima expresión. No sé qué red social utilizaron en 1990 pero consiguieron intercambiar la casa con unos lugareños del pueblecito, que resulta que se llamaba Nilbog. No es que se mudasen a un pueblo noruego, es que atención, Nilbog es Goblin al revés. ¡Qué paradoja! El único que está al tanto del peligro es el benjamín de la familia, un niño bastante especial al que se le aparece su difunto abuelo en los espejos y el mobiliario en general.

Lo inverosímil del argumento no es ni un 25% de lo que convierte a Troll 2 en una genialidad absoluta. Las interpretaciones son tan cercanas y amables que al final te identificas con los personajes, solo porque actúan como tú más o menos. No podría haber salido nada mejor cuando el papel protagonista recayó en un dentista que solo había actuado en las míticas obras de instituto que todos los americanos mencionan siempre.

Sin ánimo de desguazar la película, lo que pretendo con estos pequeños trozos de gloria es dar una imagen global de lo que Claudio Fragasso intentaba (infructuosamente) hacer pasar por terror. No es que sea un terror blanco, es más bien una papilla que se ha ocupado de masticar para un espectador desdentado. Papilla caducada claro está. La sutileza no venía en su diccionario de Italiano-inglés.

Los alimentos son verdes porque la clorofila es verde y no se vaya usted a perder. Malditos Goblins, llenan todo de Licor del Polo para convertir a la gente en planta. No se puede fiar uno de nadie, y menos de unos pueblerinos que te intercambian la casa. ¡Paletos!

Antes de enfrentarme a Troll 2 (sí, uno no ve esta película, se enfrenta a ella) pensaba que estaba cometiendo un error. El error de no verla con amigos y con el sistema nervioso alterado por obra y gracia de la madre naturaleza, pero nada más lejos de la realidad. Me ha ocurrido como a esos simpáticos treintañeros que viven con sus padres y que aparecen en el documental (que por cierto está dirigido por el niño de la película), tengo la necesidad de propagar la palabra de Troll 2 por allá donde pase. Por la historia de la película, y la intrahistoria, que además de ese documental bien merece una película de ficción. Ed Wood estaría muy orgulloso.

Pero antes de acabar con este despropósito tengo que confesar que mi primer contacto con Troll 2 se produjo mucho antes de ver el documental. Vi un trozo de la película sin saber de qué se trataba porque soy muy aficionado a bucear por vídeos de youtube a través de la búsqueda “worst acting” (peor actuación).

Y claro, como no podía ser de otra forma, me encontré con esto.

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