Prisioneros

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La frontera y el laberinto

“Perdona nuestros pecados,

como nosotros… como nosotros…”

Keller Dover (Hugh Jackman) reza un padre nuestro mientras su hijo se prepara para abatir un ciervo, su primer disparo. Así comienza Prisioneros (Denis Villeneuve, 2013), con un padre pidiendo la bendición de Dios para iniciar a su progenitor en lo que considera una actividad fundamental para proveer a la familia: la caza. Dover, además le transmite un mensaje: “espera lo mejor pero prepárate para lo peor”. Son las palabras de un hombre de fe, un hombre devoto que sin embargo no confía en la sociedad. Él debe proteger a su familia, él debe proveerla, él debe prepararles para lo peor. En tiempos de calma no deja de ser un padre de familia velando de forma individual por su entorno… hasta que sucede lo peor.

Prisioneros

Y lo peor, es el punto de partida de la película, el secuestro de dos niñas el día de acción de gracias. El encargado del caso es el detective Loki, un policía solitario y obsesionado con su trabajo, un personaje recurrente en el género al que Jake Gyllenhaal intenta otorgar personalidad propia. Con su entrada en la película se abren dos caminos paralelos hacia un mismo objetivo, recuperar a las niñas. El camino de la razón que emprende el agente Loki tiene la aceptación y el apoyo social que él como pieza de la sociedad parece no obtener; y el camino del corazón que emprende Keller Dover le hará cometer actos ilegales para los que busca la aprobación de Dios. Llegando a un límite en el que el padre nuestro se atraganta como perfecta metáfora de la debilidad de su fe. Prisioneros es una película de límites, laberintos y fronteras, elementos que no siempre es aconsejable cruzar.

La que se propone es, quizá, la idea más destacable de Prisioneros; la dialéctica entre la razón y el corazón, la ley y la fe y como estos diálogos no siempre generan buenos resultados. El guionista Aaron Guzikowski, responsable último de la historia, se atreve a introducir la religión, o más bien la figura de Dios, como un elemento fundamental en el thriller. Como leitmotiv de algunos personajes. Sin embargo, se aleja de propuestas vistas anteriormente al no legitimar todos los actos hechos en nombre de la fe.

Prisioneros

Si en la historia y en la trama observamos que Prisioneros es un thriller con personalidad propia e ideas bastante interesantes, en la dirección encontramos a un Denis Villeneuve muy reivindicable. El canadiense que llamó la atención en 2010 con su drama Incendies, aceptó el encargo de los productores de Prisioneros con la única condición de tener libertad en su trabajo. A la vista de lo satisfactorio del resultado, su primer trabajo en suelo estadounidense no pasará inadvertido, y más cuando la película ha sido comparada con obras maestras del género como Mystic River (Clint Eastwood, 2003) o Zodiac (David Fincher, 2007). Quizá sea por contar con un reparto imponente encabezado por los citados Jackman y Gyllenhaal y seguido por secundarios como Paul Dano, Viola Davis o Melissa Leo. Quizá por el enrevesado, inteligente y buen resuelto guión. O quizá por el buen hacer del director. Puede resultar temerario elevar a Villeneuve a la altura de Fincher, pero en cualquier caso, Prisioneros recoge el testigo de esa tradición de grandes thrillers estadounidenses y sólo el tiempo la pondrá en su lugar. Dios mediante.

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