Sesión Doble: Django el bastardo + Planeta sangriento

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Aquellos maravillosos 60

Para un amante del cine de género y sobretodo del fantástico, la década de los sesenta está repleta de películas y corrientes interesantes. En Estados Unidos el sistema de estudios se desangraba y surgían propuestas independientes por todo el país que rellenaban los autocines de alimento fresco para adolescentes. Con el auge de la tele, las cadenas buscan captar al mismo público con series principalmente de ciencia ficción (Star Trek, Tierra de gigantes, La dimensión desconocida…).

Mientras tanto, en Europa, se consolida una auténtica industria que a imagen de los éxitos que vienen de América produce infinidad de títulos de los géneros más populares. Pero no solo eso, en ocasiones se da un paso más. Como ocurre con la Hammer en el Reino Unido, que reinventa, actualiza y encabeza la producción de terror en todo el globo. En Italia se pervierte el western y el resultado sirve de ejemplo e influencia para posteriores obras de directores americanos.

Este mes vamos a hablar de dos películas de esta fértil década, en ocasiones algo solapada por la avalancha de ciencia ficción de los cincuenta o por el nuevo terror americano de los setenta. Una es Django el bastardo (1969), un spaghetti western más original de lo que deja ver su título. La otra es un híbrido entre el terror y la ciencia ficción, con una extraña colaboración entre las cinematografías estadounidense y soviética. Hablamos de Planeta sangriento (1966).

Django el bastardo

– ¿Quién eres? ¿Adónde vas? – Al infierno

Garrone era el más gris de los cuatro Sergios (Leone, Corbucci y Sollima) que facturaron spaghetti westerns en las décadas de los sesenta y setenta. Fuera del género, perpetró varios terrores con Klaus Kinski (que hubiera encajado como un guante en un personaje de esta Django el bastardo) así como algunas nazi-explotaciones tan mediocres como la mayoría de ese tipo. Como guionista tiene una carrera algo más larga, pero tampoco demasiado destacable, que incluye una colaboración con el singular  y fallecido recientemente José María Larraz.

Aquí dirige una historia de ajuste de cuentas, de personajes que tienen que pagar por algo que hicieron en el pasado, y que viven temerosos de un verdugo incansable que quiere hacer justicia. Una trama no demasiado original, pero que gira en torno a un estereotipo (el Clint Eastwood de La muerte tenía un precio, el Franco Nero de Django) llevado al extremo y que consigue que la cinta adquiera un toque fantástico, sobrenatural, pareciendo por momentos que nos encontramos frente a un prehistórico slasher. O más acertadamente, ante un giallo, tan en boga en esos años. Y es que el pistolero solitario además de no perder un solo duelo (contra tres, cuatro o cinco enemigos a la vez) tiene poderes sobrehumanos, ya que aparece y desaparece entre las sombras dejando la duda de si proviene del mismísimo infierno…

Sam Hawkins

Todo esto que resulta muy atractivo, Garrone no consigue traspasarlo en imágenes tan bien como se pudiera esperar, y la película tiene ciertas carencias. Una realización algo tosca, con los habituales zooms y un montaje abrupto en las escenas de acción, aunque no hay demasiadas. La ambientación de las apariciones de Django (Anthony Steffen, co-guionista junto a Garrone, brasileño de nacimiento y un rostro habitual del género) están más conseguidas cuando se producen de noche, y es que la fotografía de la película es bastante convencional, echándose de menos una iluminación más irreal (al estilo de un Mario Bava) de colores contrastados que hubiera ido muy bien con el tono del film. Otro problema es que al no poder descansar el peso de la narración en el personaje de Django, con escaso diálogo, y al que se reserva para los pasajes de ajusticiamiento o intento de, la parte central de la cinta dedicada a la familia de su mayor rival se hace un poco densa.

Pese a esta irregularidad, es un título muy interesante, por situarse en esa pequeña lista de westerns con alma fantástica (El póker de la muerte, La muerte llega arrastrándose, Keoma…), por el desenlace que dura casi veinticinco minutos entre asesinatos y caza al verdugo, esta vez, ¿humano? (“-¡Sangra! ¡Esta es su sangre!”) y por las cruces que Django coloca como señal premonitoria de que a algún personaje le queda poco tiempo en pantalla. 

queen of blood

– No debe sorprendernos nada de lo que encontremos ahí fuera.

Detrás de Planeta sangriento se encuentra la AIP, es decir, James H. Nicholson (tio de Jack Nicholson) y Samuel Z. Arkoff. Sabiendo esto, no sorprende que los planos de efectos especiales estén sacados de dos producciones soviéticas de ciencia ficción (Mechte Navstrechu de 1963 y Nebo Zovyot de 1960), con un natural gusto por las estrellas y los cielos rojos. No se trata de que la productora quisiera introducir un mensaje subliminal de izquierdas al pueblo estadounidense, es que comprar los derechos de esas cintas salía más económico que parir las escenas. Claro está, partiendo de esos planos, el guión tenía que encajar de alguna manera con el material adquirido, pero esto son minucias si se podían ahorrar unos buenos dólares. Así que solo faltaba rodar los interiores con los actores y unir esto de manera más o menos coherente.

El director de este mejunje resultante mezcla de terror y ciencia ficción es el interesante Curtis Harrington, habitual perpetrador de telefilmes de género en los setenta (por lo general muy interesantes, cuando este tipo de producciones no solo servían para rellenar la parrilla de los domingos por la tarde con historias basadas en hechos reales) que también cuenta con un puñado de películas, varias de ellas al estilo de ¿Qué fue de Baby Jane?, con el protagonismo de Shelley Winters. Entre su filmografía destacan la atmosférica Marea nocturna (1961) y la que nos ocupa, una película que respira pulp por todos sus fotogramas y que de forma casi seminal (junto a El enigma…de otro mundo y Terror en el espacio) sienta las bases de Alien y tantas fotocopias posteriores surgidas a rebufo de la cinta de Ridley Scott.

cosmonauta

En 1990 el hombre ha conquistado la Luna y casi tiene la capacidad de poder mandar una nave tripulada a Marte. Durante este proceso se recibe un mensaje interestelar de una civilización inteligente, que solicita enviar una avanzadilla a la Tierra para entablar relaciones. Sin embargo, en su trayecto hacia nuestro planeta, los embajadores sufren un accidente y deben aterrizar en el planeta rojo quedando en malas condiciones. Una expedición sale de la Tierra para prestarles ayuda…

A pesar de que en el reparto encontramos a rostros tan conocidos como Basil Rathbone (el Sherlock Holmes de los cuarenta), Dennis Hopper (antes de subirse a la moto en Easy Rider) o John Saxon (habitual en numerosas películas de género de todo tipo, sin ir más lejos el padre de Nancy en Pesadilla en Elm Street),  la reina de la trama es Florence Marly, checoslovaca de origen y con unos rasgos muy peculiares, que compone un personaje extraño, pero con cierto atractivo perverso. Esto se acentúa en sus ataques, todos a varones, respetando a la chica de la tripulación. En un pequeño papel aparece Forrest J. Ackerman, ferviente admirador del terror clásico y creador de la revista Famous Monsters of Filmland.

Rodada funcionalmente por Harrington, que sabe crear tensión en los ataques del alienígena, deja un agradable regusto a novelita de a duro. También alimenta las ganas de conseguir ver completas las películas soviéticas que sirven de materia prima, porque ciertos planos de los usados resultan muy sugerentes. Lo dicho, puro pulp.

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