Sofia Coppola: Filmografía

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El estreno de The Bling Ring (2013), que para sorpresa de muchos “tan sólo” inauguró la sección Una cierta mirada en el pasado Festival de Cannes, nos ofrece la oportunidad de reivindicar la aún breve pero ya definida filmografía de Sofia Coppola. Recorremos la carrera tras las cámaras de una cineasta puramente contemporánea en fondo y forma, desde su estilo visual, las temáticas que presenta y el espíritu de las mujeres que las protagonizan. Retratos sobre la incomunicación de nuestros días a los que se acusa de superficiales, cuando filma la frivolidad ejerciendo un punto de vista de lo más estimulante, melancólico y singular, partícipe de ese sentimiento. En definitiva, Girls Wanna Have Fun, como se titula el montaje de video que completa el estudio de su obra, poniendo en común sus imágenes para evocar nuevas ideas y sensaciones.

 

Las Vírgenes Suicidas

Cecilia fue la primera en irse

Escrito por Antonio M. Arenas

– ¿Qué haces aquí, cariño? Eres muy joven para saber lo mala que es la vida.

– Obviamente, doctor, usted nunca ha sido una chica de 13 años.

Sofia sí fue una chica de 13 años. Y aunque pueda parecer fácil, crecer siendo la hija del director Francis Ford Coppola, inmersa desde pequeña en una vida repleta de rodajes, viajes, estancias en hoteles y lujos propios de pertenecer a una familia tan singular, bien visto quizá en el fondo no sea tan sencillo. De hecho, cuando ella apenas tenía 14, su hermano Gio (22) falleció en un accidente en lancha. Sin prestarse a una relación directa, pero de una manera u otra, cierta melancolía y desencanto presa de la soledad o ausencia está presente en toda su obra. Y por supuesto también en su primer largometraje, donde adaptando la novela de Jefrrey Eugenides y con la protectora producción de su padre, Sofia Coppola establece con Las vírgenes suicidas (1999) un relato fascinado por el propio mundo de fascinación que habitan sus personajes.

Ser adolescente es no saber quien eres, aprenderlo para olvidarlo cada día, no pertenecer a ningún espacio, tiempo ni lugar. Y allí no podía haberlo para las hermanas Lisbon. Como la de ellas, el film establece una primera mirada al amor, un recuerdo evocador e indescifrable a la adolescencia de cinco hermanas en el seno de una familia conservadora americana durante los años setenta. La narración corre a cargo de uno de aquellos niños embriagados por sus vecinas, con la voz de Giovanni Ribisi, el único que puede apenas conservar la esencia de aquello que se desvaneció: la vida en el barrio, sus primeras relaciones con los chicos, las primeras fiestas, las primeras conversaciones embarazosas, los primeros miedos, el primer romance… y el primer suicido. Sofia Coppola nos hace creer que comprende a esos jóvenes, observa el mundo con ellos, sin cinismo ni trasfondo sociológico alguno. Rodar esta película parece una oportunidad auténtica de volver a transitar por aquella edad, sin edad.

A diferencia de otros cineastas, los vasos comunicantes del cine de Sofia Coppola no se encuentran tanto en la influencia directa de otras películas o directores como en la sensibilidad hacia la música, la fotografía y la moda. Su minuciosa ambientación de los suburbios y el instituto a finales de los setenta, el estilo casi virginal de los vestidos que ellas llevan a la fiesta, la banda sonora de AIR, el uso de colores ocres o la meticulosa decoración de los dormitorios, cada detalle está cuidado para desvelar lo que el guión no puede, ese misterio, el de sus suicidios y su tristeza. Es por ello que la aparición semi-documental de un decadente Trip Fontaine nos (des)coloca en nuestro lugar al finalizar la cinta. Como por las suyas, el amor y su aroma pasan por nuestros ojos, pero se escaparon como la cámara se marcha en el último plano. Sin dejar rastro. A modo de unas fotos encontradas en una caja abandonada, la publicación en la revista The Face de una serie de instantáneas, realizadas durante el rodaje por Sofia Coppola y la fotógrafa Corinne Day, nos permiten seguir ahondando en su enigma, su alegría marchita. ¿Te acuerdas de la primera vez?

Lost in translation

Alone in Tokyo

Escrito por Marisol Grande

Es de noche y en el reflejo del Taxi en que Bob Harris (Bill Murray) viaja, descubrimos una ciudad que parece del futuro, tan impersonal, tan ruidosa, con paneles eternos en donde cualquier hueco es bueno para insertar publicidad. El ser humano aislado de su parte humana, se ha convertido en un piloto automático predispuesto al consumismo y en ocasiones para las relaciones humanas frías y distantes. Charlotte (Scarlett Johansson) intenta dormir en una amplia habitación de hotel, sin mucho resultado, ya que el jet lag no parece dispuesto a marcharse. Ambos miran a la ciudad con miradas de incomprensión, no entienden ni la lengua, ni la ciudad y mucho menos la cultura. Ambos están de paso por diversos motivos y miran Tokyo con curiosidad, pero sin encontrar nunca su lugar. Mientras avanza el metraje, mientras vemos como Charlotte llama por teléfono a su amiga para llorarle asfixiada por el vacío y esta la pospone para otro momento porque está ocupada, o a Bob que solo recibe de su mujer trozos de moquetas de tonos casi iguales, descubrimos que no solo no encuentran su lugar en esa ciudad más cercana a nuestro futuro que a nuestro presente, sino que no encuentran su lugar en su propia vida, en sus propios anhelos, en sus propias esperanzas y objetivos.

Hay películas que llegan en el momento adecuado para marcar las diferencias y Lost In Translation (2003) es sin duda una de ellas. A Sofia Coppola se le suele criticar muchas cosas pero lo que es innegable es que pocos directores vigentes entienden cómo funciona el cine del Siglo XXI trasmitiendo esas filias y fobias actuales con tanto acierto. Aunque no solo hablamos de un reflejo en las preocupaciones de toda una generación, sino de un estilo fílmico propio capaz de tocar desde temas tan sempiternos como un retrato de la juventud (Las vírgenes suicidas) o tan actuales como el culto idiota a la fama (The Bling Ring) y que sus películas sigan siendo imposibles de cuadrar en otras décadas. Si Sofia Coppola tiene una legión de seguidores es por algo tan simple como que su cine es un reflejo cristalino en donde se reflejan los temores, frustraciones e inquietudes de una generación que intenta convertirse en Adulto en una década tan poco propia a ello. Y es justo por esa habilidad de ser una película libre de ataduras, hija de su época y que ejecuta a la perfección un maravilloso guión que Lost in Translation se establece como la obra culmen de su autora, la obra que mejor refleja su personalidad y su manera de entender el cine.

Lost In Translation inserta de forma perfecta un drama humano sobre la soledad con la que recorremos nuestra vida en una comedia llena de ironía y dulzura. Pero contando además una de las historias de amor más emocionales  y sutiles que el cine nos ha regalado, un amor que nace alejado de la pasión y el deseo, un amor que nace de la amistad y la seguridad  en haber encontrado a alguien capaz en una noche salvarte de tu propio naufragio. Un amor que no necesita de grandes gestos, ni grandes discursos, pues todo se entiende mejor sin decirlo. O como nos deja a nosotros en esa calle que despierta en Tokyo, sin escucharlo.

Maria Antonieta

What ever happened

Escrito por Gonzalo Ballesteros

Un biopic pop sobre la última reina de Francia. Difícil salir vencedora ante tal reto, sin embargo Sofia Coppola aceptó la máxima autoimpuesta y consiguió la obra más controvertida e icónica de su filmografía. Una película que a la postre la definiría y que generó una serie de polémicas y debates formales que aún no se han superado cuando hablamos de María Antonieta (2006).

La directora neoyorquina había demostrado –y lo seguiría haciendo- que estaba muy preocupada por retratar ciertas conductas en el tiempo que le ha tocado vivir: el amor, la fama, el desarrollo personal… son temas recurrentes en sus películas y también lo fue en María Antonieta. Es curioso como el film que más se aleja histórica y temporalmente del mundo de Coppola, sea el que mejor resume su cine. Todos los elementos tanto formales como temáticos están presentes en su particular biografía. Quizá es esa descontextualización la que hace brillar los aspectos técnicos con particular descaro. Consigue que la música de Phoenix o The Strokes suene en los pasillos de Versalles con la misma coherencia que si sonara música de cámara. Y que el estilismo formal supedite cualquier necesidad de rigor histórico. La capacidad visual de Coppola conquista a todo aquel espectador que acepte su propuesta y los recursos de su realización en la última media hora de película son sencillamente brillantes. Poco o nada se le puede achacar a esta obra desde el punto de vista técnico… los problemas vienen en su contenido.

Es particularmente arriesgado retratar la vida de un personaje histórico tan denostado y maltratado. María Antonieta es recordada popularmente por una cita apócrifa y su imagen es difícil de limpiar. La apuesta de la directora por mostrar su crecimiento personal y político en la corte es absoluta: desde su adaptación al palacio, hasta su obsesión por la moda, Coppola acompaña en todo momento a María Antonieta, sin importar la profundidad del resultado. Se entrega totalmente a una reina adolescente, cueste lo que cueste. Obviamente es una película frívola porque trata de un personaje frívolo. Aún con todo, la obra madura a la par que el personaje y en su tramo final ambas se tornan intachables. María Antonieta, como Sofia Coppola, no deja indiferente a nadie.

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Somewhere

A cualquier otro lugar

Escrito por Pablo García Márquez (Cine Maldito)

Si aceptamos esa máxima que nos dice que el inicio de una película, sus títulos de crédito o incluso su primera imagen nos debe dar las claves del filme que vamos a visionar, Somewhere (2010) no defrauda; en plano estático vemos como un coche de lujo da vueltas en círculo a toda velocidad alejándose y acercándose a la cámara, usando el  fuera de campo la mayor parte del tiempo. Presuponemos que su conductor debe ser un loco de la velocidad, pero cuando se baja del vehículo no podemos definir ninguna expresión en su cara, así que intuimos aburrimiento o desgana. Esa primera toma de contacto tan sencilla y tan clara, es el resumen de la película de nuestra amada Sofia Coppola (Mari Sofi para los amigos y sus adoradores).

Somewhere se articula en una cinta donde nuestra protagonista, un hastiado Stephen Dorff, estrella de cine recluida en un hotel,  toca fondo. Está totalmente vacío por dentro y sobrevive llevándose a la cama a cualquier mujer que se encuentre. Son dignas de mención aquellas escenas con las gemelas en su cuarto recreando para él un baile erótico de barra, antes de pasar por la cama. En primer lugar, Mari Sofi recupera ciertas ideas ya vistas en uno de sus videoclips más célebres (White Stripes – I just don´t know what to do with my self), pero en segundo lugar y más importante, sólo necesita dos planos alternados con una pausada cadencia para deconstruir el baile, pasando de algo erótico y divertido, a simplemente algo que sucede todos los malditos días. Otra vez, sencillo pero genial.

Así que tenemos a nuestro protagonista sumergido entre las sábanas de su cama buscando cómo sobrevivir una noche más cuando aparece su hija, interpretada por  Elle Fanning. Llevamos media hora y el espectador impaciente ya habrá podido constatar que la cosa va con calma. Mari Sofi juega en terreno conocido. La historia es esa típica historia de hombre con vida desastrosa que se refugia en algo (ya sea sexo, drogas, fiestas o coleccionar sellos, da igual) y que debido a otro algo, normalmente una hija, se replantea su vida para terminar salir airoso gracias a la familia, el amor a Dios, y la buena vida en sociedad. Nuestra directora favorita sólo quiere hablarnos del primer paso, mínimamente del segundo. No hay redención en nada para el bueno de Jhonny Marco. Así que lo que prima es más el Cómo que el qué. Y poco a poco, sin apenas diálogos (y cuando se habla rara vez se dice algo, sólo al final nuestro improbable padre de familia se atreverá a decir algo de corazón, frase que es ahogada por el sonido de un helicóptero), nos sumergimos en esa historia de su padre y su hija, donde la segunda cuida y hasta prepara la comida del primero.

No se dicen mucho porque ya se conocen, nadie va a cambiar. Pero pasan unos pocos instantes felices en una especie de tregua que encuentran. Ambos están perdidos y temen el futuro, pero son lo único que les queda. Teniendo en cuenta que Mari Sofi vivió buena parte de su infancia en hoteles, viendo como su padre se tiraba cualquier cosa que se movía y se pasaba largas temporadas sola, rodeada de lujo, uno puede entender que más que una segunda parte falta de ideas de Lost in Translation (con la que ha sido injustamente comparada hasta la saciedad) es una autobiografía de la propia cineasta, con la que guarda cierta similitud con su primer trabajo profesional como guionista, aquel horrible pero interesante segmento de Historias de Nueva York (1989) dirigido por su propio padre (historia que va de una pobre niña rica que vive en un hotel y sus padres no le hacen caso, ejem ejem). En fin, una película que te gana poco a poco hasta su desolador final.

The Bling Ring

Oda a la frivolidad

Escrito por Gonzalo Ballesteros

Cuando debutó en 1999 con Las vírgenes suicidas (The Suicide Virgins), Sofia Coppola demostró una fuerte personalidad detrás de las cámaras que ha confirmado a medida que su filmografía ha ido creciendo. Ahora, con cinco películas en su haber, podemos asegurar que la directora neoyorquina posee una mirada y un estilo propios que la definen más allá de ser “hija de…”, por mucho que el apellido pese.

En su última película, The Bling Ring (2013), Coppola no renuncia a ninguno de estos dos elementos; tanto su estilo, como su visión del mundo, se ven acentuados en un film que -sin ser su mejor obra- alcanza el máximo exponente de los rasgos que la definen. En Lost in translation (2003), María Antonieta (2006) y Somewhere (2010) estaba presente una cierta inclinación hacia la fama, en concreto, a como manejaban los personajes su condición pública en relación a su entorno; en esta película aborda de nuevo la temática pero ofreciendo otra perspectiva, el de unos chicos que ansían esa fama y quieren ser como sus referentes.

“The Bling Ring” es el nombre con el que se bautizó a la banda de ladrones adolescentes que hace unos años se dedicó a buscar por la Red a sus celebridades favoritas con el fin de saber dónde estaban en cada momento y así poder asaltar sus casas cuando estuvieran ausentes. El artículo que Nancy Jo Sales escribió al respecto en Vanity Fair llamó la atención de Sofia Coppola y resultó, a la postre, el germen del proyecto. El hambre de fama de estos adolescentes, les condujo a una serie de robos con objetivos a medio camino entre el lucro personal y la colección fetichista. Paris Hilton, Lindsay Lohan u Orlando Bloom fueron algunas víctimas de una banda ambiciosa pero también indisciplinada, torpe y descuidada, adolescente a fin de cuentas.

Para contar todo esto, la película concede total y exclusivo protagonismo a los jóvenes ladrones. El inicio en su escalada delictiva se torna casi accidental, producto del aburrimiento, y los primeros robos son exitosos: nadie se da cuenta de su presencia, ni las víctimas echan en falta los objetos robados. Este mar de opulencia en el que nadan los famosos y el aura de impunidad que, parece, les protege, consigue que la escalada se convierta en una espiral en la que van cometiendo delitos sin tomar precauciones, además de presumir de su botín en círculos de amigos y redes sociales. Como no podía ser de otra manera, la espiral tiene forma de sumidero.

La hábil propuesta de Sofia Coppola bien le ha valido críticas por parecer frívola o carecer de “denuncia social”, sin embargo es mucho más arriesgada la posición que ella toma. Bien podría haber introducido elementos de denuncia, quizá la visión de la policía, de las víctimas o cualquier dilema moral de los adolescentes, pero nada de esto aportaría matices más interesantes que la apuesta de la directora. Coppola prefiere posicionarse al lado de los protagonistas, vivir su aventura y disfrutar con ellos del lujo y el glamour de discoteca. Cuando son atrapados sigue a su lado, para afrontar las consecuencias, pero no es necesario desmontar los personajes porque la propia naturaleza de los jóvenes carece de algún rasgo plausible. Son superficiales, narcisistas, necios y hedonistas, lo dejan claro en cada escena, en cada diálogo, no es necesario que sean objeto de crítica por parte de la directora, ya se retratan ellos mismos.

Por supuesto, los lugares éticos y argumentales que transita Sofia Coppola vienen acompañados por una realización coherente con su objetivo. En este sentido, construye multitud de secuencias estilizando los actos delictivos con dinámicas más propias del videoclip. La banda sonora musical, tan importante en sus películas, vuelve a echar mano de habituales como Phoenix, pero sobre todo de estrellas del hip-hop comercial como Kanye West o M.I.A.. También hay espacio para los planos pecera, las capturas de cámara de seguridad, los screenshotsde Facebook o las fotografías de sus smartphones. En definitiva, construye un gran artefacto posmodernista cercano a las nuevas dinámicas de internet.

Con todo, calificar The Bling Ring como superficial es acertado pero no negativo. Es evidente que es una película con una sola capa, pero es la decisión de la directora que así sea. La historia y los personajes que la habitan requieren un punto de vista poco serio, el que decide otorgarles Coppola. Lejos de ser una película desechable o menor, es un buen ejercicio de estilo: reivindicable e inteligente. Como Sofia.

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