El juego de Ender

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To be Ended?

Como si quisiera desmarcarse de todas las demás películas espaciales, El juego de Ender (Ender’s Game, Gavin Hood, 2013) muestra en los primeros minutos de metraje una batalla a plena luz del día. Las naves alienígenas se cuentan por millones y se mueven como un enjambre de avispas tan coordinado que resulta imposible de atacar. Tras atravesar una nube gigante, una nave humana consigue destruir una de las grandes naves alienígenas, cuya forma recuerda a un panal. El compromiso de la película está claro, ofrecer un gran espectáculo visual sin desaprovechar en absoluto el metraje, presentando sutilmente las características del enemigo, los insectores. El paralelismo es directo y sencillo. No hay tiempo para detenerse en explicaciones, pero sí para dejar la idea revoloteando.

El juego de Ender

Cuando Orson Scott Card escribió El juego de Ender en 1985 en realidad sólo quería desarrollar un gran prólogo para que se entendiese la psicología de Ender, un niño reclutado para ser el comandante de la humanidad en la guerra contra una especie alienígena llamada los insectores. Lo que probablemente Card no imaginaba era que dicho prólogo se convertiría en el libro que marcaría una generación y hace de este un estreno tan esperado. El juego de Ender fue concebido, por tanto, como un libro en el que lo importante es el mundo interior de los personajes. Probablemente conscientes de la dificultad de vender ese lado del libro de cara a su viabilidad comercial, esta adaptación decide desmarcarse por completo para buscar su propia identidad. Así, de los fantasmas de Ender apenas quedan unas sábanas blancas, sin embargo esa es la mayor virtud del film: asume sus limitaciones a la vez que no tiene problema en potenciar aquello que puede funcionar mejor en la gran pantalla, como usar de referencia el cómic publicado por Marvel antes que el propio libro.

El pragmatismo en el planteamiento es lo que mantiene en pie el film, logrando así resolver con solvencia los numerosos y grandes problemas de la adaptación, como por ejemplo, condensar el tiempo de formación -de los seis a los dieciséis años- en apenas unos meses. Al mismo tiempo, ayudada por una banda sonora de Steve Jablonsky perfectamente integrada, la película consigue su último propósito, entretener durante todo el metraje mientras reproduce con fidelidad y buen gusto el mundo concebido por Card.

El juego de Ender

Las escenas de acción condensan el espíritu de la sala de batalla (una especie de liguilla entre armadas) sin desaprovechar las estrategias principales, incluso llegando a mostrar de manera más clarividente algunos aspectos, como el uso de la cuerda de Bean. Sin embargo, la película se centra por completo en las guerras insectoras por encima de la formación de Ender, ofreciendo a cambio un gran espectáculo visual, en especial durante la batalla final. Por otra parte, el hecho de priorizar la parte más bélica no le hace en ningún momento tomar un giro hacia el patriotismo más exacerbado que suele caracterizar este tipo de producciones, lo cual, en la opinión de un servidor, es una tremenda virtud.

La cara oscura de este pragmatismo es la obligación de reducir ciertos aspectos a su mínima expresión, afectando principalmente a los personajes. El más doloroso el de Petra, que deja de ser una niña intrépida y prepotente para ser la dulce y dócil chica que mira a Ender con ojos amorosos. Bean, por su parte, pasa de ser el cerebro analítico y frío que asiste a Ender como un igual, a ser un muchacho de sonrisa bonita y carácter jovial. El más fiel, Graff, pierde en los matices, cargando él sólo con todo el peso de la manipulación. Anderson cambia de género y raza, convertido en un personaje cupo en un intento de la producción por desmarcarse de la polémica en la que el Card se ha visto envuelto a causa de su homofobia militante y supuesto racismo. Finalmente, Peter, el hombre del coco, el origen de todos los miedos de Ender, apenas existe. La psicología que vertebra cada uno de los personajes queda reducida o incluso eliminada. Esto, si bien no es completamente necesario dada la intencionalidad de la película, sí modifica por completo el espíritu de la obra original.

El juego de Ender

Ante la tesitura de no poder reproducir el libro al completo en el metraje, el director opta por recortar mucho suprimiendo poco, lo que provoca el montaje resulte atropellado y pueda ser confuso para aquellos que no estén familiarizados con la obra original. Aunque es importante recalcar que, a pesar de ello, la película se esfuerza en explicarse y consigue mantenerse por sí sola. Pero no nos llevemos a engaño, se trata de una obra menor. Adapta dignamente una obra difícil, siendo tal vez todo lo buena que podría llegar a ser dadas las circunstancias, pero al sacrificar la vertiente reflexiva y psicológica del libro también rebaja el techo al que podría llegar. A esto, hay que unirle que aunque esté rodada con oficio y buenas intenciones, la dirección queda lejos de ser brillante. Exceptuando el juego de fantasía y su desenlace, para el cual Gavin Hood se ayuda muy hábilmente de un espléndido diseño de producción y consigue unir en el epílogo la mente de Ender con la del espectador, dejando inteligentemente pistas a lo largo de todo el metraje.

La gran pregunta que queda para los que somos fans de la saga: ¿habrá una secuela? O lo que incluso es más importante: ¿la queremos?

1 Comment

  • Fui a verla este fin de semana y la verdad es que esperaba una peli mucho peor. Creo que es una muy buena adaptación del libro teniendo en cuenta, como dices, el metraje limitado y que se pierde casi todo de los personajes. Aún así me pareció un buen divertimento y una peli recomendable aún sin haber leído el libro, incluso especialmente si no lo has leído.

    Por otra parte a mí lo que menos me gustó del libro es esa vertiente pseudo-mística-religioso con la que termina y en la que, creo, se centran el resto de libros de la saga. Yo soy de los que no quiere una secuela 😛

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