Torchwood

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Mientras tanto, en la tierra

La conmemoración del 50 aniversario de Doctor Who no podía saldarse sin hacer un repaso a Torchwood (2006-2011), la serie nacida a rebufo de la cumpleañera que supo aprender a volar por sí sola. Similares en su concepción y complementarias en su desarrollo –mientras que el Doctor surca los cielos a bordo de la TARDIS los miembros de Torchwood constituyen la última defensa en la Tierra ante amenazas alienígenas– la relación entre ambas, más allá de que las letras del título de la segunda sean un anagrama del de la primera, se sostiene en tres pilares fundamentales.

Torchwood

El primero es el personaje del Capitán Jack Harkness (John Barrowman), que apareció por primera vez en la aventura conjunta The Empty Child & The Doctor Dances. Es un Time Agent, agente del tiempo proveniente del siglo 51 que actúa como estafador con estatus de renegado. Durante los episodios siguientes se incorporó a los viajes en la TARDIS junto al Noveno Doctor y a Rose, abandonando progresivamente su arrogancia para dejar salir su lado heroico, manteniendo, eso sí, la bravuconería que corresponde a su personaje, muy al estilo del Han Solo de La guerra de las galaxias. Su última aparición en la temporada de reinicio de la serie en 2005 lo mostraba sacrificándose por sus amigos, sólo para ser devuelto a la vida mediante el inabarcable poder del vórtex del tiempo, que lo convirtió en inmortal. Abandonado por los tripulantes de la TARDIS en Satélite 5, parecía que las sucesivas correrías del capitán quedarían para la imaginación de los seguidores de la serie.

El segundo pilar encuentra sus raíces en el serial Tooth and Claw de la segunda temporada –contando también desde el reinicio de 2005–. Al final del mismo, y tras los espantosos sucesos acaecidos con hombres lobos de por medio, la Reina Victoria, protagonista de la historia perpetuando la costumbre de incorporar personajes reales y célebres al universo del Doctor, decide crear el instituto Torchwood para defender a Gran Bretaña de ataques alienígenas. En la mitología de la serie, el instituto habría de colaborar con la UNIT de la época clásica, recogiendo de alguna forma el testigo de organización que sirviese de ayuda a los pobres terrícolas inconscientes de todos los vaivenes supernaturales que sacudían su mundo. De hecho, el instituto Torchwood creado en la época victoriana en el capítulo arriba mencionado tendría mucha más profusión en esa segunda tanda de episodios ya con David Tennant al frente, culminando en El día del juicio final al término de la temporada con la destrucción de la sede de Londres, Torchwood Uno.

Children of Earth

El tercero y último, no por ello menos importante, el hombre tras la cortina, el mismo que se encargó de armar Doctor Who para una nueva generación: Russell T. Davies. La preproducción de Torchwood comenzó poco después de que los datos de la nueva vida insuflada al doctor comenzaran a ser positivos. Debido a su estatus de showrunner en ambas series éstas llegaron a mezclar tramas en determinados capítulos, especialmente en los finales de temporada, ahondando en la idea de que aun bajo diferentes epígrafes el universo seguía siendo uno compartido.

Mediante la fusión de la persona del capitán Harkness y de Torchwood entendido como unidad de esfuerzo y colaboración grupal, en oposición al frente de dos que caracteriza a Doctor Who, nació el que se ha convertido en el spin-off más exitoso de la serie. Localizado en Cardiff, en el llamado Torchwood Tres, las dos primeras temporadas (de un total de cuatro) se componen de capítulos procedimentales, mientras que las dos últimas mantienen un único arco argumental durante el total de su duración. Una fisura temporal en el centro de Cardiff funciona como excusa argumental y puerta de entrada a lo paranormal.

Los ojos de Gwen Cooper (Eve Myles) actúan en el episodio piloto como los nuestros propios para guiarnos por el terreno semidesconocido que supone para el seguidor de Doctor Who su serie derivada. Los capítulos procedimentales son sólo una excusa para profundizar en los integrantes de tan peculiar conjunto, uno que recurre a la máxima de que la unión hace la fuerza para enfrentarse a amenazas propias y externas. A la Gwen Cooper que se lanza a ese nuevo mundo se unen los nombres de Ianto Jones (Gareth David Lloyd), consejero y apasionado interés amoroso de Jack, Owen Harper (Burn Gorman), el oficial médico, y Toshiko Sato (Naoko Mori), la genio de la informática.

Torchwood

La relación entre Ianto y el capitán Jack, personaje abiertamente no heterosexual –ojo, no asociar directamente y por oposición con homosexual, lo más cercano que estaríamos de definirlo en ese aspecto sería utilizando el concepto omnisexual– es representativa de los temas que pasarían a tratarse en la serie. Tramas menos inocentes y abiertamente familiares que las de su serie primigenia, poniendo el foco sin alarma ninguna en la sexualidad –el monstruo ya del segundo capítulo de la serie es uno adicto al sexo– y en cualquier tipo de blasfemia, lo que la convertía en el complemento perfecto, por ese marcado contraste aun manteniendo el marco de la ciencia-ficción, de las más candorosas aventuras del Doctor.

A lo largo de su primera temporada, la narración ponía el foco en determinados capítulos en cada uno de los personajes, dándoles la oportunidad de contar casi con una hora centrada en ellos. Sin embargo, si hay un capítulo que define perfectamente a la serie, por centrarse en las historias personales y dejando de lado al monstruo de la semana, es el episodio número diez, Out of Time (Perdidos en el tiempo). La trama del capítulo es como sigue: un avión con tres pasajeros proveniente de 1963 atraviesa la fisura temporal. Ante la imposibilidad de retornar a su tiempo, los miembros de Torchwood deben hacerse cargo de ellos. Sin necesidad de parafernalia de ningún tipo, sin acción de por medio, simplemente la historia de tres viajeros arrancados de su existencia, el conflicto de tener que adaptarse a una vida que no deberían estar viviendo, la promesa de que Torchwood iba a tener mucho que contar.

Torchwood - Out of Time

Recogiendo el testigo de los hechos acaecidos en el final de la tercera temporada de Doctor Who daba comienzo la segunda de la que nos ocupa. El pasado de Jack volvía para perseguirle: no sólo hacía aparición un antiguo amante y compañero, el también capitán John Hart, interpretado por el siempre afiliado a la ciencia-ficción James Marsters, sino que mediante una serie de flashbacks recuperábamos al hermano perdido de nuestro protagonista. Precisamente él fue el causante de las muertes, con las consecuentes salidas de la serie, de los personajes de Owen y Tosh. Antes de eso, el primero tuvo un arco especialmente interesante durante la temporada al morir y ser resucitado, explorando las consecuencias de ser un dead man walking. Proveniente de la serie madre, Freema Angyeman como Martha Jones se pasó durante unos capítulos por el spin-off. Uno que seguía manteniendo el interés y conseguía despegarse un poco de la estructura procedimental de la primera temporada.

Y entonces llegó ella. Con el subtítulo de Los niños de la Tierra (Children of Earth), la tercera temporada, compuesta por cinco episodios que fueron emitidos a lo largo de una semana, certificó la tremenda calidad y madurez del producto. En términos simples, Los niños de la Tierra contiene la mejor ciencia ficción que servidor haya visto jamás en televisión. Sería contraproducente meterse demasiado en la trama, una que presenta ciertas similitudes, en particular en su premisa, con El pueblo de los malditos (cualquiera de sus versiones). Es inaudito que una serie de televisión se muestre tan lúcida –y, en especial, en su temporada más corta– al retratar la actuación gubernamental ante una crisis o mostrar las consecuencias derivadas de las acciones tomadas por los poderosos, entre los que merece mención aparte el personaje interpretado por Peter Capaldi, curiosamente elegido para ser el próximo Doctor. Si la ciencia-ficción ofrece siempre su mejor cara al servir de parábola y reflejo de nuestro tiempo, entonces Los niños de la Tierra ocupa algún podio ahí fuera.

Torchwood - Children of Earth

Por desgracia, el cuarto año de la serie se resintió del enorme éxito del tercero y de una americanización que no sentó nada bien a la serie. De la alianza de la BBC con la cadena americana Starz nació una cuarta temporada de nuevo con subtítulo, El día del milagro, con mayor número de episodios que la recién concluida tanda y con nuevas incorporaciones, quizás demasiado encorsetadas en su papel de secundarios. El mantener una misma trama durante toda la temporada fue algo que jugó en contra de un, en principio, magnífico punto de partida: la revelación de que, de repente, nadie en la Tierra puede morir. Dicha premisa sirvió también para de nuevo tocar temas moralmente problemáticos como la actualización en la trama de la ficción de los campos de concentración. Una conclusión algo descafeinada sumada a un final que quedaba en suspenso terminaron con la existencia de la serie.

Aunque esto no es tal. A día de hoy, Torchwood se encuentra en el limbo de las series que no llegan a ser canceladas pero tampoco renovadas. Poco después de la emisión de la última temporada hasta el momento hubo rumores de la proximidad en el tiempo de una quinta, y hace poco Russell T. Davies declaró que la suya era una serie que podía volver en cualquier momento, pasasen cuatro meses o veinte años. Quién sabe, quizás en un futuro ocurra lo que sucedió con Doctor Who y futuras generaciones disfruten con un nuevo equipo al igual que nosotros lo hacemos con distintos señores del tiempo.

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1 Comment

  • De esta serie me encantan las temporadas 1 y 2 (salvando las excesivas tragedias – Owen y Tosh-), Jones, Ianto Jones & Jack Harkness y su emplazamiento en Cardiff. Tengo que decir que Gwen NUNCA fue mis ojos ni me represento como punto de vista como espectadora, de hecho creo que la sere aun habría ganado mas con Suzie Costello en vez de ella. Nunca me gusto. Si me he visto representada, curiosamente, por Ianto. El si creo que es los ojos del publico, y ya puestos, el corazón de la serie. El excesivo protagonismo y el personaje en si mismo de Gwen Cooper han llegado a irritarme tanto que en cuanto Owen, Tosh y, sobre todo, Ianto, dejaron de aparecer en la serie y Jack (¡el protagonista y leit motiv!) paso a ser un personaje secundario al servicio de Gwen. Una lastima, pero he podido descubrir una serie de actores: John Barrowman, Gareth David-Lloyd, Burn Gorman y Naoko Mori que vale la pena seguir. Y por cierto, Russel T. Davis es un guionista muy sobrevalorado en ocasiones, no me gusta nada.

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