Asier ETA biok

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Los límites de la amistad

Que en todo Madrid solamente un cine, el Artistic Metropol, haya aceptado exhibir Asier eta Biok (Asier y yo, 2013), dice mucho de lo incómodo del planteamiento de la propuesta. Sus directores, Amaia y Aitor Merino, nos acercan a la realidad de Asier Aranguren, un amigo íntimo de Aitor que pasó ocho años en una prisión en París por pertenencia a ETA. Tampoco ayudó a convencer a los cines de la capital para exhibir la película el hecho de que poco antes del estreno Asier fuese detenido de nuevo por colaboración con la banda terrorista.

Asier ETA Biok

Es la salida de prisión de Asier, después de los ocho años en París, la que provoca la idea del documental. En parte por la posibilidad de ofrecernos algo inédito, como es la intimidad de un etarra desde la cercanía de una intensa amistad. En parte también como exorcismo personal ante un hecho que provoca incomodidad en el propio Aitor: el tener que enfrentarse a la diatriba moral de tener un amigo que pertenece a una banda terrorista. Para poder justificarse ante sus “amigos de Madrid” (a los que menciona con una insistencia algo irritante) tiene primero que justificarse ante sí mismo, y para ello reflexionar y acercarse de manera personal a unos temas que creía externos a su persona después de años residiendo fuera de Euskadi. Un viaje hacia una circunstancia incómoda para él, como lo es para toda la sociedad: el conflicto vasco.

Antes de ello, Aitor y Amaia Merino recrean, tomando la primera persona de Aitor como forma de narración, su historia con Asier. Mientras, el “Aitor personaje” divaga, intentando poner en antecedentes de manera inconexa y a ratos naif el conflicto. Utilizando el humor y haciendo alarde (por momentos excesivo) de su capacidad interpretativa, para quitar hierro con mayor o menor fortuna, y procurando una corrección política que la película ya por su planteamiento no posee, Aitor fagocita el documental pensado en torno a la figura de su amigo. Porque incluso cuando este sale de la cárcel y termina la recreación para empezar la narración en presente, y pese a que empieza a dedicarse a grabar a Asier en momentos más o menos íntimos y sobretodo familiares, Aitor sigue narrando en primera persona. Y es entonces cuando la película coge consistencia. Y te das cuenta de que el tema de ETA funciona a la vez como bofetada al avispero y como una suerte de MacGuffin circunstancial para hablar de otra cosa. De la amistad, del afecto y sus límites. De si se puede seguir siendo amigo de la misma manera de alguien que haya cometido actos que tu moral o tu ideología considera reprobables. De dónde ponemos la línea.

Asier ETA biok

Y quizás el acto más valiente de esta película, a ratos ingenua, a ratos incendiaria, pero siempre honesta, no es revolver un tema que, al igual que Aitor, la sociedad va a tener que hacer frente más tarde o más temprano desde una paleta de colores más amplia que el blanco y el negro. Quizás lo más valiente que hace Aitor es dejar sin respuesta hasta donde llega ese límite que tenía que haber sobrepasado Asier para dejar de ser su amigo del alma.

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