Oscar 2014: expectativas y realidad

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En un monólogo de Joaquín Reyes, el chanante se preguntaba por qué cuando alguien ofrecía un chicle la respuesta inmediata era: “¿qué si tengo o qué si quiero?”. Con los Oscars ocurre algo parecido, cuando preguntan sobre el ganador de alguna categoría se suele responder con otra pregunta: “¿quién creo o quién quiero?”. La Academia de Cine de Hollywood y su sistema de votación consiguen que muchas veces los premios sean previsibles, y aunque también hay ciertas sorpresas, en general divergen los premios otorgados con el criterio del crítico o del cinéfilo. No hace falta recordar que Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) o Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) forman parte de una extensa lista de obras maestras a las que no se les reconoció con el premio a mejor película en su año.

Ahondando en esta idea, en Revista Magnolia volvemos a hacer nuestro particular dossier de los Oscars. Al igual que Tom Hansen debe enfrentar sus expectativas contra la realidad cuando acude a la fiesta de su ex-novia Summer en 500 días juntos (500 Days of Summer, Marc Webb, 2009), nosotros vamos a enfrentar a los candidatos en las principales categorías para analizar quien creemos va a ganar según las casas de apuestas y quien querríamos que ganara.

mejorbandasonora

por  Jonay Armas (La butaca azul)

· John Williams por La ladrona de libros

· Steven Price por Gravity

· Arcade Fire, Owen Pallett por Her

· Alexandre Desplat por Philomena

· Thomas Newman por Al encuentro de Mr. Banks

 

Tres de las nominadas a Mejor Película, junto a dos trabajos que han sido nominados en solitario, compiten en una categoría donde parece haber una presumible favorita. Una pléyade de bandas sonoras cuya diversidad compone un quinteto exquisito: desde la música ambiental, entendida como mera acompañante, hasta composiciones sinfónicas convertidas en auténticas protagonistas.

Philomena

Es tradición en los Oscars, por no definirlo de otra manera, instituir como tabú el galardonar de nuevo a un nominado multipremiado con anterioridad. El caso se agrava al pensar en John Williams, nominado en más de cuarenta ocasiones y ganador de cinco estatuillas. Suyos son los mejores trabajos de las últimas décadas, ausente en los premios por una frívola cuestión de diversidad. Su diminuta La ladrona de libros es otro capítulo maestro más en la historia de la música para cine pero, haciendo uso de la consabida prohibición, quizás sea Alexandre Desplat (Philomena) el otro compositor que ha sabido concebir, este año, una música capaz de narrar el trayecto interior de sus personajes sin renunciar a su propia identidad como músico.

Gravity

El mayor triunfo de Cuarón como realizador puede que se haya materializado en  una película de abrumador virtuosismo que, al mismo tiempo, se construye como puro cine-espectáculo. De ahí que elementos como la fotografía, la dirección artística, los efectos visuales o la propia música se exhiban con urgente intensidad. La ausencia de diálogos juega a favor del trabajo de Steven Price, que abraza lo electrónico como impulsor de emociones para encontrar más tarde en el violonchelo el tono intimista que define la aventura espacial de Ryan (Sandra Bullock). Esa combinación entre lo elegíaco y el puro sentido de la aventura refuerzan poderosas emociones que sugieren las imágenes del film, aunque cabría preguntarse si realmente lo necesitaban.

por  Antonio M. Arenas

· Alabama Monroe (Felix Van Groeningen, Bélgica)

· La gran belleza (Paolo Sorrentino, Italia)

· L’image manquante (Rithy Panh, Camboya)

· La caza (Thomas Vintenberg, Dinamarca)

· Omar (Hany Abu-Assad, Palestina)

 

Este año las de Bélgica, Italia, Camboya, Dinamarca y el estado de Palestina son las cinematografías representadas en los Oscar. No hay rastro en la presente edición de ninguna película de habla hispana entre las nominadas, como también se quedó fuera en el último corte Wong Kar-wai y The Grandmaster, mientras 15 años y un día de Gracia Querejeta no llegó a pasar ni el primero. Como cada año este es un premio de contrastes, nada tiene que ver la valiosa aportación del documentalista Rithy Panh con las intenciones más viscerales de Alabama Monroe o La caza. Esta última, conociendo a la Academia, probablemente sea la única aspirante a arrebatarle la estatuilla a La gran belleza.

La gran belleza

La gran belleza

Desde el Festival de Cannes del año pasado, en el que La vida de Adèle conquistó la Palma de Oro y La gran belleza se marchó de vacío sin obtener el consenso de la crítica allí presente, la película de Paolo Sorrentino ha emprendido un largo camino de premios y reconocimientos (los de la Academia de Cine Europeo, el Bafta o el Globo de Oro son sólo algunos de ellos) que la llevan a ser la clara favorita en la noche de los Oscar. Pero en un premio acostumbrado a galardonar películas amables o de calado sentimental por encima de otros factores, el atrevimiento del punto de vista de Sorrentino tras las cámaras surge como inspiración, en sus movimientos de cámara funde la celebración pasional y la rebelión crítica contra las formas -las de vida en la vieja Europa, sus ceremonias y su memoria artística- a través de la expresión mundana de su contemporaneidad. Roma como principio y fin del cine, de las historias, de la vida y de lo que más amamos, si es que no son la misma cosa.

por  Antonio M. Arenas

· Richard Linklater, Julie Delpy, Ethan Hawke por Antes del anochecer

· Billy Ray por Capitán Phillips

· Steve Coogan, Jeff Pope por Philomena

· John Ridley por 12 años de esclavitud

· Terence Winter por El lobo de Wall Street

 

En la presente edición, la categoría de mejor guión adaptado sobresale por un marcado carácter pegado a la realidad. No en vano, cuatro de las cinco nominadas están basadas en hechos reales y/o autobiográficos, mientras la última cierra una trilogía con el paso del tiempo como principal consorte. Observadas detenidamente podemos llegar a valorar los riesgos que emprenden: la lucidez y transparencia de Julie Delpy, Ethan Hawke y Linklater al regresar de nuevo a sus personajes, tras nueve años de elipsis, Antes del anochecer; el estoicismo del guión de Billy Ray, afrontando casi a tiempo real el famoso secuestro de un barco por parte de piratas somalíes en Capitán Phillips; por su parte, con Philomena, Steve Coogan y Jeff Pope intentan contar con sutileza el drama de una madre en busca de su hijo, entregado forzosamente en adopción nada más nacer; Steve McQueen se recrea con toda clase de crueles detalles en las vivencias escritas de su puño y letra por Solomon Northup tras su cautiverio, que tituló 12 años de esclavitud; por último, en El lobo de Wall Street, Terence Winter, guionista de Los Soprano y creador de Boardwalk Empire, se mueve por los altos fondos y retrata desaforadamente el capitalismo más brutal de los noventa como la fiesta que debió ser, cuyas consecuencias aún estamos pagando.

Antes del anochecer

Aunque lamentarse sea un lugar común a la hora de comentar cualquier premio, si hay una película claramente olvidada en esta edición de los Oscar es Antes del anochecer, cuya nominación a mejor guión adaptado supone el único (y escaso) reconocimiento de la Academia a nuestro tercer reencuentro con la historia de amor de Jesse y Celine. No es Richard Linklater un cineasta al uso, o al menos no es uno fácil de etiquetar en la industria, su condición de auténtico director independiente relega su película a un segundo plano. Por ello, premiar el guión (co-escrito junto a Julie Delpy e Ethan Hawke) supondría valorar su compromiso artístico, el valor de sus diálogos, la construcción y evolución de sus personajes a lo largo de tres películas y media vida. Supondría demasiado, claro.

12 años de esclavitud

El propio Steve McQueen reconocía no haber leído la historia real de Solomon Northup, pero una vez que el libro cayó entre sus manos, el guión de John Ridley encaja por completo en los procedimientos del cineasta británico, cuyo enfoque le hizo saltar del video-arte a consolidar una mirada cinematográfica expositiva sobre el cuerpo humano a través de Hunger y Shame. McQueen conserva su implacable rigor formal al adentrarse en una etapa de la memoria norteamericana no lo suficientemente representada en el cine, o al menos no con semejante franqueza. Del mismo modo, el impacto que provoca (o quizá fuerza) y la inevitable condición de su material juegan a su favor de cara al Oscar, aunque no aporta lo suficiente a una carrera que sin desviarse de su núcleo de interés, con este guión no progresa, reitera lo ya avanzado.

por  Gonzalo Ballesteros

· David O. Russell, Eric Singer por La gran estafa americana

· Woody Allen por Blue Jasmine

· Craig Borten, Melisa Wallack por Dallas Buyers Club

· Spike Jonze por Her

· Bob Nelson por Nebraska


La previsibilidad de los Oscars es recurrente cuando entramos en la categorías de guión, y es que las nominadas a mejor película suelen, de paso, repartirse las nominaciones a los mejores textos ya sean adaptados o, como en esta categoría, originales. Los padre e hijo Cuarón, que firman el guión de Gravity, son los únicos que no están nominados, las razones son comprensibles; y en su lugar -si es que alguna vez lo tuvo- nos encontramos con Woody Allen por décimo sexta vez en esta categoría. Spike Jonze que firma el guión de Her y David O. Russell junto a Eric Singer por La gran estafa americana parten como favoritos, las nominaciones las completan Craig Borten y Melisa Wallack por Dallas Buyers Club y Bob Nelson por Nebraska. 

Blue Jasmine

La nominación de Woody Allen a mejor guión original es casi una tradición, desde que ganara por primera vez la estatuilla gracias a Annie Hall (1977) no ha pasado más de dos años sin que estuviera nominado; sólo ha tenido dos periodos de sequía, entre Desmontando a Harry (1997) y Match Point (2005) y entre esa cinta y Midnight in Paris (2011), film por el cual consiguió su tercer Oscar en esta categoría. Tres años después, vuelve a competir gracias a su Blue Jasmine, para muchos el regreso a la cima de un autor que, ¿alguna vez se fue? Como dijimos en la crítica, es con su película más nihilista con la que, paradójicamente, muchos han vuelto a creer en Woody Allen. Y no es para menos. Blue Jasmine es el retrato de una mujer a la que Cate Blanchett eleva al cielo para que Woody Allen la haga caer hacia lo más profundo, llevándose a la sociedad, y a nosotros, con ella.

Her

El de mejor guión original es uno de los premios “gordos” menos claro. La gran estafa americana, pese a que muchos han cargado tintas sobre su enclenque guión, es una de las favoritas quizá por tener más nominaciones que sus competidoras y contra este gigante luchará Her cual Quijote. De las cinco nominaciones que tiene Her, la de mejor guión original es quizá la más accesible para Spike Jonze. Entre los muchos méritos que tiene la película, el más celebrado es el que concierne a la historia que nos narra. La relación entre un escritor y su sistema operativo en un futuro familiarmente lejano; pese a lo turbador de la propuesta y con precedentes audiovisuales tan apocalípticos como la serie Black Mirror, Spike Jonze aprovecha la oportunidad para hablar de las relaciones humanas, la soledad y, por encima de todo, del amor. Her es una historia de amor sencilla en su complejidad, de múltiples matices.

por  Pedro Villena

· Amy Adams por La gran estafa americana

· Cate Blanchett por Blue Jasmine

· Sandra Bullock por Gravity

· Judi Dench por Philomena

· Meryl Streep por Agosto

 

Un vistazo a la lista de las cinco candidatas a mejor actriz en esta edición de los Oscars suscita varias lecturas. Una de ellas es la de una confrontación entre dos históricas y tres muy consagradas a las que aún les falta para llegar a ese estatus, terreno de juego donde no hay lugar para sorpresas ni revelaciones. A estas alturas nadie duda del talento de Meryl Streep, ni de la entrega de Judi Dench (que sufre una enfermedad visual degenerativa y tiene que escuchar sus diálogos para aprenderlos). La escala pasa de la veteranía a la madurez, donde la más joven (Adams) acumula con esta cinco nominaciones. Otro aspecto siempre polémico es el sentido de la justicia en unos premios de este calibre, o como una interpretación un año puede triunfar o no según las compañeras de viaje. Puede que la angustia que Sandra Bullock transmite durante toda la odisea espacial de Gravity merezca mejor suerte de la que tuvo su altruista de clase alta en The Blind Side, con la que se llevó la estatuilla.

Cate Blanchett

Cate Blanchett

 

 

El mejor Woody Allen de los últimos años o la decepción de un autor venido a menos que debería bajar el ritmo para elaborar más sus guiones. Más allá de la acostumbrada polarización de la audiencia en sus últimos trabajos, lo que permanece constante en su cine es la capacidad de armar personalidades femeninas que perduran en el imaginario cinéfilo. La de Jasmine es sin duda una de ellas, y esa firma con tinta permanente no podría haberse hecho con mejor caligrafía sin la ayuda de Cate Blanchett. La australiana se lleva por delante la película con su arrebatadora interpretación de una millonaria de dinero sucio, la otra cara (por así decirlo) de la orgía financiera de El lobo de Wall Street. Las consecuencias de tener un marido demasiado listo y toda la carga psicológica que ello conlleva. La historia que vemos todos los días en el telediario a la hora de comer trasladada con ingenio y materializada con talento. Imposible que se le escape.

por  Gonzalo Ballesteros

· Christian Bale por La gran estafa americana

· Bruce Dern por Nebraska

· Leonardo DiCaprio por El lobo de Wall Street

· Chiwetel Ejiofor por 12 años de esclavitud

· Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club

 

En estos días previos a la ceremonia, la categoría a mejor actor no deja de rellenar noticias en la prensa de cualquier color con cábalas basadas en si tal actor lo han nominado x veces o si aquel otro a recolectado x premios en las dichosas “antesalas”. Los nominados están manteniendo una lucha involuntaria por ver quien se lo merece más, atendiendo a criterios tan discutibles como las nominaciones que acumula o la filmografía anterior. Los cinco son actores consagrados y en sus películas han desarrollado papeles ruidosos, polémicos o intensos; se echa de menos alguna interpretación más sutil y compleja como la de Joaquin Phoenix en Her y sobre todo duele el olvido de Oscar Isaac por A propósito de Llewyn Davis.

Leonardo DiCaprio

Dejando a un lado su impresionante filmografía o las nominaciones que se quedaron en eso -queremos creer que este tipo de circunstancias no influyen tanto-, lo cierto es que Leonardo DiCaprio ha conseguido en El lobo de Wall Street la interpretación más potente del año. Si la película es un torrente de energía, dinero y música, lo es en parte por el buen hacer de DiCaprio, reviviendo las andanzas de Jordan Belfort nos monta en una montaña rusa de emociones que van desde lo más cómico a lo más físico. En definitiva, hace suya como actor la película que crea como productor junto a Scorsese.

Matthew McConaughey

Tras pasar media carrera protagonizando comedias románticas baratas y thrillers de segunda, McConaughey parecía más concentrado en mantenerse de pie en sus pósters que en participar en películas decentes. Contra todo pronóstico esto cambió en algún momento en los últimos años y viene protagonizando films de altura como Magic Mike, Mud, El lobo de Wall Street o la serie True Detective. En Dallas Buyers Club da vida a Ron Woodroof un cowboy drogadicto que contrae el VIH, un personaje por el que ha conseguido la nominación al Oscar y el respeto de la crítica y el público si es que no lo tenía ya.

por  Pablo Vigar

· David O. Russell por La gran estafa americana

· Alfonso Cuarón por Gravity

· Alexander Payne por Nebraska

· Steve McQueen por 12 años de esclavitud

· Martin Scorsese por El lobo de Wall Street

 

Aunque la unanimidad absoluta a la hora de valorar el trabajo detrás de las cámaras que hay en Gravity parezca haber adjudicado ya el preciado galardón a mejor director de esta edición, no por ello dejaremos de sopesar las posibilidades del resto de nominados. Entregar el premio a Alexander Payne sería reconocer la madurez de un cineasta que la academia tiene siempre muy presente. En el caso de Steve McQueen, la maniobra parece responder más a consideraciones de carácter solidario para con lo que cuenta. El encadenado de David O. Russell proveniente del año pasado también lo tomamos como manera de la academia de reafirmarse en que tiene en el director a uno de sus mejores talentos. En cuanto a Scorsese… bueno, en cuanto a él, sigan leyendo.

Martin Scorsese

Que a sus 71 años el de Queens haya rodado una película tan viva, tan libre y tan absolutamente desquiciada como El lobo de Wall Street es síntoma de que en él vive y con él morirá una de las formas más personales de hacer cine que se hayan visto jamás. Si acaso apelando al espíritu de Uno de los nuestros y Casino, Scorsese construye sobre él el de su nueva cinta, permitiéndose dar un par de vueltas de tuerca a los mecanismos narrativos de su propio cine. Su alianza con Leonardo Dicaprio, como antaño la tuvo con Robert De Niro, es otra muestra más del nivel de compromiso y trabajo que alcanza el director, entendido aquí además como líder de la manada y responsable último de la creación y supervivencia de una película sensacional.

Alfonso Cuarón

Que Gravity se inicie con un plano secuencia en el espacio que sobrepasa los diez minutos de duración debería ser motivo suficiente para encumbrar a su director a los mismos cielos a los que nos transporta en su última película. Y como en el firmamento de estrellas que representa la noche de los Oscar el cielo es el límite, que cantaba Tom Petty, pocas dudas nos caben de que Cuarón acabará llevándose la estatuilla de vuelta a casa. Su película representa el triunfo de la voluntad de la figura del director, maestro titiritero en la sombra encargado de mover los hilos adecuados. En Gravity lo hace con elegancia y hasta haciéndolo parecer fácil. Es por ello que por mucho que nos guste Scorsese, no seremos nosotros quienes pongamos pegas a la victoria del mexicano.

por  Gonzalo Ballesteros

· La gran estafa americana (David O. Russell)
· Capitán Phillips (Paul Greengrass)
· Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée)
· Gravity (Alfonso Cuarón)

· Her (Spike Jonze)
· Nebraska (Alexander Payne)
· Philomena (Stephen Frears)
· 12 años de esclavitud (Steve McQueen)
· El lobo de Wall Street (Martin Scorsese)

 

 

 

 

 

Aunque pueda haber discrepancias puntuales con ciertas películas, las nueve seleccionadas de esta edición de los Oscar destacan por su calidad en comparación a ediciones inmediatamente precedentes. ¿Nos acordaremos en unos años de Argo El discurso del rey? En cualquier caso, este año 12 años de esclavitud Gravity parten como favoritas mientras La gran estafa americana aguarda en la recámara. 2013 fue un año con películas excepcionales como ya dimos cuenta en Magnolia, quizá A propósito de Llewyn Davis, Blue Jasmine Antes del anochecer merecían más reconocimiento, pero tampoco hay que pedirle peras al olmo.

Her

Aunque centremos nuestras expectativas en Herpodríamos defender con la misma vehemencia Nebraska El lobo de Wall Street. Las tres son grandes películas pero por encima de todo comparten la misma inquietud e independencia de sus creadores. Entre esas miradas diferentes, Spike Jonze destaca por motivos evidentes; su film Her acumula una serie de méritos que no nos cansamos de repetir, desde la banda sonora -con nominación a mejor banda sonora y mejor canción-, pasando por la fotografía, hasta la dirección artística -también nominada-, todos los elementos suman en una historia bien planteada, bien interpretada y bien contada. Her transciende su naturaleza distópica para centrarse en temas universales y contarnos una historia de amor con la inequívoca firma de su director.

12 años de esclavitud

El inmenso saco de premios que arrastra hasta los Oscars y las alabanzas por abordar de esta forma la esclavitud hacen de 12 años de esclavitud la máxima favorita para alzarse con el premio a mejor película. El problema es que se  lleve la estatuilla por inercia o por la necesidad de un país de resarcirse de la página más negra de su historia. Muchos han reivindicado la película, precisamente, por las consecuencias del discurso político-histórico que plantea por encima de un valor fílmico que sin duda posee. Es necesario y bueno que las películas trasciendan la pantalla para generar debate pero en el aspecto puramente cinematográfico existen ciertos problemas de guión y de puesta en escena que nos aleja de considerarla una película redonda y mucho menos una obra maestra.

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