17 Festival de Málaga. Día 1: Inauguración, “No llores, vuela”

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DIA1

Cine(s) español(es)

El de Málaga es un festival peculiar. Con un fuerte carácter comercial, lleva diecisiete ediciones sirviendo de escaparate para el cine español, más concretamente para la producción cinematográfica más accesible para el público. Su acogida al cine producido por las televisiones y la evidente puerta giratoria de nombres con la pequeña pantalla, no quita que en sus salas puedan verse otros cines españoles; la producción independiente, los documentales o la animación también tienen cabida en el Festival de Málaga. Si abrimos bien los ojos, observaremos que hay vida más allá de la alfombra roja.

Esta edición de 2014 viene marcada, una vez más, por la crisis económica. Circunstancia que ha dejado de ser noticia para ser parte intrínseca, tanto de este certamen como de los de la mayoría del país. Un vistazo general a las películas a concurso revela que las coproducciones son norma y que las colaboraciones y ayudas son necesarias para sacar adelante cada proyecto. Afortunadamente, las diversas dificultades o la escasez de recursos, no ha originado un descenso en la calidad; por el contrario, la creatividad y la valentía se han apoderado de una parte del cine español que pide paso a gritos. Dieciséis largometrajes competirán por la Biznaga de Oro en una sección oficial que puede deparar sorpresas al contener ocho óperas primas. Abren y cierran respectivamente dos películas internacionales: No llores, vuela de Claudia Llosa y Una noche en el viejo México de Emilio Aragón. Diez días de cine que servirán de termómetro para comprobar el estado del cine español y, de paso, la salud de un festival clave en la escena española.

No llores, vuela: Pensar la imagen y sentir la historia

Con todo, el pistoletazo de salida lo da la película con más prestigio y vocación internacional de las que concurren a concurso: No llores, vuela. El último trabajo de la peruana Claudia Llosa (La teta asustada, 2008) viene avalado por su paso por la Berlinale, una carta de presentación demasiado atractiva para la inauguración del Festival de Málaga aunque en Berlín tuviera una recepción más bien templada.

El film narra una relación materno-filial mostrando dos momentos concretos de sus vidas, en el pasado y el presente. Esta relación viene marcada por un suceso trágico en el seno de la familia y la intensidad del resto de circunstancias que rodean su vida: la fe, la culpa, la naturaleza, el arte, la enfermedad, la sanación… Temas con una vehemencia considerable para acumularlas en una sola historia. El riesgo de precipitación del film se controla gracias a dos elementos: los personajes y el entorno. La calidad del reparto: Jennifer Connelly, Mélanie Laurent, Cillian Murphy… permite que toda la intensidad sea administrada por los personajes de manera gradual. Además, la particularidad del entorno, el extrarradio de alguna ciudad del norte, consigue contrarrestar la emoción de la trama con la hostilidad del hielo y el frío.

No llores, vuela

Pensada en imágenes, No llores vuela, posee la puesta en escena y la calidad de un cine de altura; con sólo tres largometrajes Llosa ha demostrado que tiene una capacidad visual indiscutible. Pero las virtudes que atesoraban sus anteriores trabajos –principalmente la localidad de sus historias- se ven mermadas en esta ocasión por la grandilocuencia de la historia. Su intención de trascender con su mensaje a toda costa puede funcionar ante el gran público al que, parece, la directora quiere abrirse. Los que se sientan abrumados por la historia, o simplemente desmotivados, encontrarán consuelo en la calidad de las interpretaciones y la fuerza del universo que construye la directora peruana.

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