17 Festival de Málaga. Día 6: 321 días en Michigan, Por un puñado de besos

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El sexto día de la sección oficial traía dos películas muy esperadas por el público malagueño, más concretamente por dos sectores diferenciados pero que en conjunto forman los ojos del festival. La crítica y el público cinéfilo estaba expectante ante 321 días en Michigan la primera producción integramente malagueña en competir en la sección oficial, por otro lado, se proyectaba también Por un puñado de besos protagonizada por Martiño Rivas y Ana de Armas, dos de los actores más deseados por los fans que viven en la alfombra roja.

321 dias en Michigan

321 días en Michigan

Por primera vez en las diecisiete ediciones del Festival de Málaga una producción íntegramente malagueña lucha por la Biznaga de Oro en la sección oficial, el hito se lo apunta la obra de Enrique García 321 días en Michigan. Había ciertas reticencias por si esta película se ha colado fruto de cierto paternalismo del certamen pero las buenas sensaciones tras su proyección han despejado cualquier duda. Basada en un cortometraje anterior,  el largometraje cuenta la historia de un ejecutivo que es condenado a prisión por un delito financiero y que tratará de ocultar esta circunstancia a su entorno con la coartada de que se encuentra en Michigan (EEUU) realizando un master. De esta forma, acompañamos al protagonista en la cárcel los 321 días que va a durar su encierro y viviremos con él el día a día de una prisión. Estamos ante una película carcelaria que pretende huir de los tópicos del género; la psicología de los personajes, sus dramas personales o las distintas relaciones afectivas son las teclas que toca el director y con las que compone la película. Se nota la documentación y el trabajo previo de los creadores con los reclusos de Alhaurín porque la película destila verosimilitud, un lado humano de las prisiones que quizá no es tan impactante como los thrillers a los que estamos acostumbrados, pero, sin duda, aporta mucho más al género. El buen hacer de los actores -todos de “la casa”- también es muy importante para transmitir esa verdad y emoción, en especial el personaje principal femenino interpretado por Virginia Demorata que ha construido la que puede ser una de las actuaciones candidatas a la biznaga a mejor actriz.

Por un puñado de besos

Por un puñado de besos

Con Mentiras y gordas David Menkes demostró que no es necesario realizar una buena película para hacer una buena taquilla, de hecho sólo necesitó un puñado de actores de moda -los nuevos rostros de la teleficción- y escenas de sexo por doquier. Ahora, pretende volver a conquistar al público joven tirando de dos de estos jóvenes-arrastra-masas y creando a su alrededor una edulcorada historia de amor para que se luzcan o, al menos, que lo intenten. Por un puñado de besos repite el esquema de la comedia romántica tradicional encuentro-desencuentro-reencuentro y no se molesta en añadir ningún recurso para intentar, ya no sorprender, sino simplemente mantener cierta tensión narrativa. Además, incluye en la trama el tema del SIDA para dejarnos algunos mensajes moralistas por el camino y hacer el conjunto algo más grotesco. El enclenque guión quiere ser salvado por una dirección y fotografía con ínfulas de modernidad; la preocupación de Menkes se centra en crear una atmósfera aséptica, artificial e impostada que le acerca más a un anuncio noventero de compresas que a una obra digna del festival. Todo es perfecto en el mundo de Por un puñado de besos: los actores, los escenarios, la música, los diálogos… el problema es que nada es creíble, el cuento de hadas es un esperpento y la tomadura de pelo demasiado grande.

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