17 Festival de Málaga. Día 7: Anochece en la India, Todos están muertos

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Penúltima jornada de la sección oficial con dos películas marcadas por dos grandes intérpretes; Juan Diego que protagoniza Anochece en la India, el film de Chema Rodríguez; y Elena Anaya que da vida a una estrella de rock retirada en Todos están muertos de Beatriz Sanchís. Además ambas son películas que tienen en común la muerte, como destino o como presencia, como elemento necesario para traer la vida a sus protagonistas.

Anochece en la india

Anochece en la India

El director Chema Rodríguez ha presentado en la sección oficial Anochece en la India, la historia de un hombre paralítico y su asistenta rumana que emprenden un viaje por tierra a la India. Él quiere repetir la vieja ruta que hacía con los hippies en furgoneta, una ruta que le mantenía vivo y donde ahora quiere encontrar la muerte. Es una road movie de descubrimiento personal, dónde el propio camino es más importante que el destino, de hecho, la relación entre ambos protagonizas será el motor de la película. Una historia que parte de dos personas hundidas y perdidas que en su camino deberán enfrentarse a sí mismos, a sus miedos y anhelos; en el mismo sentido, la película transita desde la oscuridad inicial a una fotografía cada vez más luminosa, mostrando visualmente el recorrido interior de los personajes. Aunque hay varios recursos de guión que son utilizados para avanzar la historia de forma poco sutil, la película está sostenida principalmente por la interpretación de Juan Diego, que ha construido un personaje memorable que suena como favorito para llevarse la Biznaga a mejor actor.

Todos están muertos

Todos están muertos

La movida es uno de los movimientos musicales más mitificados de nuestro país, la apertura democrática, la transgresión, la ausencia de cánones… los ochenta marcaron a una generación a la que le tocaba marcar a España, por eso es especialmente apetecible ver cómo una película aborda esa resaca de la movida, cuando los años han pasado y aquellas estrellas consumen su estela. En Todos están muertos, la directora Beatriz Sanchís se acerca a la vida de Lupe que junto a su hermano Diego formaron en los ochenta la banda “Groenlandia”; consumido su éxito, en parte por un accidente de tráfico que se llevó la vida de su hermano, Lupe vive encerrada en casa, presa de la agorafobia y con un hijo que le detesta y tiene como referencia materna a su abuela. Son los noventa y nadie, o casi nadie, se acuerda que alguna vez fue una estrella del rock pero un amigo de su hijo -que la idolatra- y su difunto hermano -que se aparece como fantasma- propiciarán un terremoto que cambiará la vida de Lupe y quienes le rodean. En un film con tanto fondo musical destaca el equilibrio que hace la directora entre la movida, las imágenes que reconstruye de la época y la música de los noventa -suenan reiteradamente Los Planetas- que es la que marca a los jóvenes del film. La cuidada selección musical, la dirección artística y la puesta en escena son los principales valores de una película que, lejos de ser redonda, constituye uno de los ejercicios más originales de la sección oficial.

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