IBAFF 2014: Día 2 (Una abeja en la lluvia, The Dirties, Los chicos del puerto, VidaExtra, O Quinto Evanxeo de Gaspar Hauser)

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Si en nuestro primer día, tres películas parecían dialogar directamente entre sí, tendiendo puentes en el tiempo para comprender mejor (y quien sabe si atajar) los problemas políticos de nuestra sociedad, ayer martes dicha perspectiva se prolongó a través de VidaExtra (Ramiro Ledo Cordeiro, 2013), cuyas soluciones formales a la hora de afrontar la revolución resultan tan estimables como probablemente insuficientes, y confiamos siga resonando durante el festival, Apreciando su capacidad para adelantarse al movimiento del 15-M, el documental captura los sonidos de asambleas populares alrededor de la huelga general del 29 de septiembre de 2010 en Barcelona, cuyas acciones fueron el germen del movimiento que acabaríamos llamando “indignados”. Y decimos captura porque en una decisión coherente, que anticipia el núcleo de la propuesto, la imagen queda desenfocada, se pierde entre la noche y las luces, lo único importante son las palabras que oímos, no los rostros de sus autores, una decisión digna y responsable como documentalista con la que da inicio y también cierra el film.

En cambio, a diferencia de los documentales que han tratado de capturar el ruido de las manifestaciones, lo relevante y sujeto a discusión lo encontramos en el grueso de VidaExtra. Plano fijo, una conversación entre dos chicas y tres chicos sentados alrededor de la mesa de un modesto apartamento. Treintañeros que podrían entenderse como ecos, descendientes o reflejos de los protagonistas de El futuro (Luis López Carrasco, 2013), pero que conscientes y culpables de su situación, en lugar de celebrar una fiesta, motivan que la reflexión política, las dudas vitales y los miedos de toda una generación salten a la palestra. Involuntariamente, cuando Ramiro Ledo Cordeiro decide de forma acertada que la imagen vaya marcha atrás, de nuevo para otorgar relevancia a la palabra y las ideas, corrigiendo así las limitaciones estéticas de su plano fijo, puede provocar que el espectador llegue a la conclusión de que tras las huelgas, tras tanta indignación y aquel amago de revolución, pasado un tiempo (desde que oímos por primera vez la palabra crisis han transcurrido tantos años que parecemos habitar un limbo) todo haya vuelto hacia atrás, a donde estaba, que nada haya cambiado e incluso nuestras esperanzas se encuentren más lejos del punto de partida. O directamente, más lejos de España.

The Dirties

The Dirties (Matt Johnson, 2013) puede tener aspecto de inocente gamberrada, de falso documental al que se ven las intenciones, pero en su apuesta por llevar su juego a las últimas consecuencias se encuentra una experiencia refrescante, sumamente sarcástica y propia de nuestra época. Atrevida en su aparente inconsciencia a poner en jaque y cuestionar nuestros límites morales como espectadores (o más bien cómplices), convirte el cine en algo muy serio y la realidad en una broma repleta de tópicos y generalizaciones. Lo que además tiene mérito es que su joven director norteamericano lo logra al respecto de las matanzas en institutos, con los típicos matones de cuyos pardillos protagonistas se quieren vengar -y aquí reside lo original- por medio del propio cine.

A través de un dispositivo invisible por el que asistimos en todo momento a la construcción real de la película dentro de una película, dirigida por los (no) actores protagonistas, que incluso llegan a discutir al creer si están o no interpretando demasiado, sus títulos de crédito finales, que integran la propuesta en una (im)probable historia del cine, nos llevan a la poderosa conclusión de que The Dirties nace de la propia cinefília. Por encima de la realidad a la que se enfrenta, convierte Elephant (Gus Van Sant, 2003) o Bowling for Columbine (Michael Moore, 2002) en elementos de derribo para configurar su personalidad imaginativa, creando una película como respuesta a los problemas de una juventud de los que no se sabe hablar de manera acorde sus tiempos, formulando tanto entretenimiento como debate. Piensen que el único instante en el que se rompe su cuarta pared es ni más ni menos que para coger unas palomitas.

Entre otras propuestas reseñables de la jornada del martes, y a las que probablemente seguiremos haciendo mención a lo largo de la semana, sorprendió -o al menos eso espero de los pocos que asistimos a su proyección en portugués y sin subtítulos- la inusitada modernidad de las imágenes de Una abeja en la lluvia (Fernando Lopes, 1972), constituida a través de la musicalidad de sus repeticiones y reflejos teatrales, del nervio de unos travellings a caballo y de una puesta en escena que de apropiarse de algún cineasta de la Nouvelle Vague, sin duda lo haría del recientemente desaparecido Alain Resnais. Una película en la que, quizá en un anacrónico alarde de imaginación, excusa como espectador que no podía agarrarse a las palabras, se encuentran fascinantes conexiones por la presencia de la actriz Laura Soveral, atrapada en las imágenes, sometida a la presión y el dolor tras abandonar aquel paraíso y el amor del Tabú (2012) de Miguel Gomes.

Los chicos del puerto

Por su parte, la cautela de Alberto Morais al seguir retratando su propio lugar en el tiempo y en el cine es digna de mérito. Los chicos del puerto (2013) es un pequeño paso más en la construcción de su mirada, unificando memoria y espacio a la manera de los grandes cineastas, desde la filiación y la infancia. Aunque todavía le cueste transmitir la misma emoción que él siente por la naturalidad de sus historias, inmiscuye de manera ejemplar el neorrealismo a través de una construcción formal simbólica, dulcemente irónica, en una vacía Valencia de Calatrava en contraste con el barrio de Nazaret y su cine derribado, cerca del que yace una pista de fútbol de cemento y sus porterías, de donde emergen los callados héroes.

Así, despedimos el día y nos adentramos en la noche con el impulso creador que emerge de las tinieblas, el que conecta a Begotten (E. Elias Merhige, 1991) con Herzog y hace de O Quinto Evanxeo de Gaspar Hauser (Alberto Gracia, 2013) con toda probabilidad una de las propuestas más alucinantes (y alucinadas) de las que veremos en el IBAFF. De corte experimental, asume el punto de vista de aquel personaje histórico de leyenda, deconstruyendo el formato de película a través del montaje digital, asombrándose por la naturaleza, por lo cómico y lo surreal en diferentes piezas separadas en capítulos que acaban por dar forma a una película que de imposible deslumbra por su mordaz y excluyente proceso de modulación de lo que afecta y se expone a una primera mirada. Tanto, que de nuevo es otra película en la que sale Batman.

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