DocumentaMadrid 2014

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Como identidad que se ha ido consolidando en los últimos años, además de presentar una sección oficial internacional cargada de los estrenos más destacados del panorama, no en vano la ganadora el año pasado fue The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, 2012), DocumentaMadrid otorga especial relevancia a la producción documental nacional, una decisión a la que se dio sentido con una amplia panorámica consciente de la relevancia y el alcance por el que las nuevas formas han hecho del cine de lo real una de las vías más notables, heterodoxas y estimulantes de nuestra cinematografía. La decisión de centrar en Matadero el grueso de la programación garantiza que este lugar de encuentro y tránsito continúe gozando de buena salud y fomente la visibilidad del cine documental a lo largo de todo el año.

Costa da Morte

Costa da Morte (Lois Patiño, 2013)

Cataluña en general y Barcelona en particular son foco imprescindible a la hora de valorar el cine español más incipiente, además de uno estrechamente relacionado con la pujanza de sus escuelas de cine. Por lo que resulta significativo que en los últimos años, probablemente después de todo lo que significó En construcción (José Luis Guerín, 2001), paulatinamente hayan aparecido diversas obras documentales que eligen la propia ciudad condal como objeto de estudio. En esa dirección Un loro en la horchatería (Ines Thomsen, 2013) centra su cámara en el barrio del Raval, pero no tratando de capturar el tránsito en sus calles ni a partir de un estudio histórico o sociológico, sino permitiendo que al entrar en contacto con sus peluquerías la cámara sirva de reflejo de los cambios sociales, económicos y étnicos que ha sufrido el barrio. Una aproximación que destila naturalidad, realizada con sencillez, prácticamente sin exteriores, que logra integrarse día a día en las conversaciones de los peluqueros y los clientes, sus anécdotas, costumbres y recuerdos, despojándose de todo mecanismo superfluo, con el objetivo de transmitir historias universales de emigración al tiempo que relata con destreza acontecimientos íntimos.

Una visión podríamos decir radicalmente opuesta en lo formal a la extraordinaria Costa da Morte (Lois Patiño, 2013), con la que comparte apuntes respecto a la tradición y la vida en un espacio en constante movimiento, aunque no ya por el flujo migratorio y el paso del tiempo, sino por el propio de la naturaleza, que Patiño captura en grandes (grandiosos) planos generales, pero del que también nos permite escuchar lo que no vemos, lo cotidiano de su magnificencia, así como vislumbrar lo terrible o bello de esta cuando nos alejamos del primer plano, asistiendo a una fábula visual de la Costa da Morte gallega cuyo reconocimiento internacional en festivales queda más que justificado.

Els Anys Salvatges

Els anys salvatges (Ventura Durall, 2013)

Inmersa también en plena naturaleza, en un pequeño pueblo del sur de Francia, no habría que desdeñar la esmerada propuesta de Bugarach (Ventura Durall, Salvador Sunyer, Sergi Cameron, 2014), más allá o no de que su resultado final sea todo lo redondo que podríamos esperar. Su irónico y jugoso punto de vista sobre la llegada del fin del mundo en 2012, sirve para reunir a un grupo de extraños personajes en el pueblo que da título al film, pero aunque los cineastas insistan en unirlos de alguna manera para dotar de sentido al conjunto, cuando mejor funciona el relato (no deja de ser un documental con diversos componentes de ficción) es cuando abandonan la idea de controlar la puesta en escena para dejarse llevar por la locura colectiva, aproximándose a una imposible mezcla de El gran carnaval (Billy Wilder, 1958) y La Soufrière (Werner Herzog, 1977).

A colación, dirigido por uno de sus tres responsables, dentro de lo visto durante el festival cabe especialmente reseñar Els anys salvatges (Ventura Durall, 2013), largometraje que surge de un corto del propio director, transitando algunas de las mejores claves del cine de lo real contemporáneo, que sigue a tres niños sin hogar como muchos de los que viven en las calles de la capital de Etiopía. Este seguimiento conlleva implícito acuerdos tácitos fuera de cámara, pero también un respeto mutuo poco habitual delante de esta, que permite el transcurso de la narración y los diálogos como si esta no existiera. Si Slimane (también presente la sección Panorama y de la que hablamos en el IBAFF) era una ficción con relevantes trazas documentales, cuyos logros la acercaban a los hermanos Dardenne, Els anys salvatges es un documental con trazas de ficción, en el que como siempre, lo relevante y digno de enorme mérito es lo indivisible de ambas. Para insistir en su idiosincracia documental, los insertos a modo de entrevista de uno de los niños, que dejó de serlo hace mucho y que lleva sobre sus hombros la carga del film, contrastan con una realidad amenazante que aprendieron a dominar antes de que esta les negara lo último que les quedaba, sus años salvajes.

El premio Canal+ de la sección Panorama del cine español fue a parar a Gabor (Sebastián Alfie, 2013), que también obtuvo el premio del público al mejor documental en el pasado Festival de Málaga. Un proyecto desafortunadamente de acabado más convencional que las expectativas que pone en juego. En todo caso, parecen lógicos ambos reconocimientos por la habilidad de Alfie a la hora de presentar a su protagonista, Gabor Bene, otrora director de fotografía que perdió progresivamente la visión hasta quedarse ciego, así como los valores implícitos a la aventura que emprende el documental, que surge del rodaje de un cortometraje en Bolivia para la fundación Ojos del Mundo.

Pese a la desbordante personalidad de Gabor, el resultado final decepciona a varios niveles, más aún, siendo conscientes de que el instante más honesto y brillante de todo el film es aquel en el que Gabor discute con el propio director al respecto de la secuencia final de su rodaje. Gabor, al que hemos visto durante el metraje tantear la cámara como a una vieja amiga, insiste en que la visión de Alfie no deja de ser falsa, una verdad edulcorada, una mentira publicitaria (como en ocasiones también se siente el film, excesiva y torpemente guionizado por la omnipresente voz en off del director), hasta lograr convencerle y acabar consiguiendo relatar su final, un final que es un fracaso, pero un final real. Y en esa cruel ironía, no en vano, que Gabor vuelve a sujetar una cámara también lo es, reside su innegable valor. En cambio, su director adolece de interés por las cuestiones cinematográficas fundamentales alrededor de su propuesta, a favor de un retrato amable francamente superficial.

Iranian

Iranian (Mehran Tamadon, 2014)

Tres cintas cuyo alcance va más allá de sus propios realizadores nos situaron en contacto urgente con Oriente Medio y la Primavera Árabe. Y lo hicieron por medio de aproximaciones diversas que cruzaban los límites de la primera persona para atreverse a grabar (por ende, demostrar su existencia) preguntas y respuestas antes no formuladas, disparos y bombardeos a tiro de cámara o revueltas y manifestaciones en pantalla global. La valentía de Iranian (Mehran Tamadon, 2014) fue reconocida merecidamente con el premio especial del jurado, un esfuerzo que suscita lo complicado de establecer un diálogo fructífero sobre la sociedad y la religión en un país como Irán. Con las dificultades del director para establecer una reunión y lograr filmarla como punto de partida, cuatro simpatizantes del régimen (sus mujeres también acuden pero son apartadas del debate y prácticamente casi eliminadas del metraje) aceptan la invitación de acudir varios días a la casa del director para discutir determinados aspectos del país. Pero lo cierto es que de sus conversaciones se extraen pocas conclusiones que ya no supiéramos o imagináramos, y esto no es un defecto de la película, los totalitarismos ideológicos tienen difícil vuelta atrás. Certezas de un film desesperanzado, que no en vano, pese a capturar un diálogo, a su conclusión debe aceptar la renuncia (por no decir directamente la emigración forzosa) como única salida posible.

Debido a su razón de ser, resulta difícil calibrar la experiencia de Return to Homs (Talak Derki, 2013), un documento de guerrilla en toda su expresión, que filma desde el punto de vista de los rebeldes y a golpe de fusil las batallas en la ciudad de Homs, bastión de la revolución Siria. Esa perspectiva es su indudable gran fuerte, pero a la postre también su debilidad, ya que en su logro inaudito al filmar desde dentro la revuelta, manteniendo una gran coherencia temporal, decide renunciar por completo a presentar mínimamente el contexto político y la situación de Siria, lo que provoca cierta desconexión con lo expuesto, acusando una parcialidad que no le favorece, sobre todo cuando los rebeldes emprenden proclamas ciertamente cuestionables y que carecen de contexto. Con su valor documental fuera de toda duda, pero aún así con varias dudas presentes, su carácter de film inconcluso (los rebeldes de Homs se rindieron hace un mes a las tropas sirias), cree en la revolución como una constante que sigue y seguirá más allá del fundido a negro o del turno de los deportes en el telediario.

Por último, y producida por Netflix, The Square (Jejane Nouhaim, 2013) supone todo lo contrario, su reflexión desde múltiples puntos de vista sobre la revolución egipcia de 2011 no lo convierte obligatoriamente en un film superior, pero si en una obra más propia de nuestros tiempos y también de nuestras expectativas. Su joven directora posibilita una mirada global de la revolución que por medio del seguimiento a varias personas claves en su desarrollo, reconstruye paso a paso los hechos, desde dentro pero consciente de la visión de la realidad egipcia que se arroja desde el exterior, ofreciendo así las diversas versiones de un país dividido por motivos religiosos, pero también por el control de la información. Egipto fue un símbolo y quiere seguir siéndolo, el resultado es un trabajo apasionante para tiempos complejos, de cuyos ecos podemos extraer ideas aplicables a muchas sociedades actuales, pueblos en constante revolución frente al control estatal, enfrentados contra el poder pero también contra sí mismos. Y satisfactoriamente en ello coinciden las tres películas, en su carácter inconcluso, sin certezas, dejándolas en nuestras manos.

The Dog (Allison Berg, François Keraudren, 2013)

The Dog (Allison Berg, François Keraudren, 2013)

La vida de John Wojtowicz tiene todos los ingredientes de los que el cine siempre se nutre para inmediatamente olvidarlos como si nunca hubieran existido. Pero él estuvo allí, siguió estándolo y trató de vivir durante muchos años a costa de su popularidad, por ello la existencia de este documental arroja luz sobre una persona repleta de sombras. La mayor de ellas, la historia real de su atraco a un banco, inspiró la conocida película Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975), pero también tuvo turbias consecuencias personales de las que nadie hizo una secuela y que ahora descubrimos.

The Dog (Allison BergFrançois Keraudren, 2013), galardonada con el segundo premio del jurado, es el resultado de una década de investigación, repleta de entrevistas y documentos de archivo que recorren desde la infancia de Wojtowicz hasta su fallecimiento víctima de un cáncer en 2006. Sus largos diez años de producción dan la oportunidad a sus directores de entrevistar y encontrarse varias veces con Wojtowicz, cuyas declaraciones narran, describen o apenas apuntan lo que fue su propia y tumultuosa vida, reflejo de una época de la sociedad americana que no lo era menos. Marido, padre, activista a favor de los derechos de los homosexuales y hombre enamorado perdidamente de un transexual, por el que para pagar su operación llevaría a cabo aquel atraco al banco. Un atraco que le condujo a la cárcel, a enamorarse de nuevo dentro de ella y a una polémica vida al margen de la sociedad al salir de esta, resguardado siempre bajo el seno protector de su adorada madre. Como se puede intuir, el personaje (siempre sorprendente y repleto de desparpajo frente a la cámara) da lugar a cuestiones de todo tipo, cuestiones cargadas de impacto que el film se limita a señalar, quizá obligado a reconstruir un puzzle del que le sobran piezas, aunque a Wojtowicz siempre le faltara una de ellas.

PALMARÉS DOCUMENTAMADRID 14

 

SECCIÓN OFICIAL LARGOMETRAJES

PRIMER PREMIO DEL JURADO: My Name is Salt (Farida Pacha, 2013

SEGUNDO PREMIO DEL JURADO: The Dog (Allison Berg, Frank Keraudren, 2013)

PREMIO ESPECIAL DEL JURADO: Iranien (Mehran Tamadon, 2014

PREMIO DEL PÚBLICO: Return to Homs (Talal Derki, 2013)

SECCIÓN OFICIAL CORTOMETRAJES

PRIMER PREMIO DEL JURADO: La reina (Manuel Abramovich, 2013)

SEGUNDO PREMIO DEL JURADO: Substanz (Sebastian Mez, 2014)

PREMIO ESPECIAL DEL JURADO: Jessy (Paula Lice, Rodrigo Luna, Ronei Jorge, 2013)

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO: La Parka (Gabriel Serra Arguello, 2013)

PREMIO DEL PÚBLICO: Walls (Si estas paredes hablasen) (Miguel López Beraza, 2014)

PANORAMA DEL DOCUMENTAL ESPAÑOL: LARGOMETRAJES

PREMIO CANAL+: Gabor (Sebastián Alfie, 2013)

PANORAMA DEL DOCUMENTAL ESPAÑOL: CORTOMETRAJES

PREMIO ESPECIAL MASTER IPECC: ¡Bello, bello, bello! (Pilar Álvarez, 2013)

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