Festival Cines del Sur 2014: Día 3 (I’m Not Angry, A Soft Note on a Sharp Scale)

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Festival Cines del Sur 2014: Día 3 (I'm not Angry, A Soft Note on a Sharp Scale)

La retrospectiva Ritwik Ghatak llega a su fin con la proyección este viernes del documental acerca de la figura del escultor indio Ramkinkar Baij, film inacabado debido a la muerte del cineasta, del que en la jornada de ayer vimos la segunda parte de su trilogía temática sobre la partición de la India y la vida de los refugiados bengalíes, A Soft Note on a Sharp Scale (1961). A su vez, comienzan las proyecciones gratuitas en el Corral del Carbón, que se prolongarán varios días más tras la finalización del festival, mientras en la Sección Oficial se presentó a priori uno de los títulos más potentes del certamen, la película iraní I’m Not Angry (2013), censurada en su país.

I’m Not Angry (Reza Dormishian, 2014)

I'm Not Angry (Reza Dormishian, 2013)

El desencanto generacional no es propiedad del Nueva York en blanco y negro de Noah Baumbach, por supuesto, ni tampoco de la hermosa juventud de Jaime Rosales, por citar dos ejemplos recientes de una situación que flota en el aire y a la que el cine contemporáneo comienza a presta toda su atención, una mirada de urgencia a los conflictos de una generación en crisis, inmersa en un mundo que no parece dejar de estarlo. Desde Irán, la notable I’m Not Angry (Reza Dormishian, 2014) se suma a este grito de inconformismo, multiplicado (o también minimizado) por las circunstancias políticas y religiosas del país, lo que nos ayuda a comprender que el film fuera censurado a su paso por el Festival de Fajr y siga sin poder proyectarse al público en Irán. La rabia que asiste a su protagonista, un joven kurdo-iraní de 26 años obligado a cumplir unos estándares sociales y laborales para poder casarse con su prometida, cobra sentido en un furioso montaje que alterna el punto de vista del personaje con sus impulsos violentos y sus reflexiones vitales, proponiendo un arriesgado lenguaje que sirva de reflejo del estado de ánimo del personaje.

Con las protestas universitarias de 2009 contra el gobierno de Ahmadineyad como telón de fondo, y salvando su joven director en todo momento la crítica explícita, construye una visión de Teherán como urbe sin salida ni posibilidad de éxito, menos aún para alguien marcado por su rebeldía institucional. Por ello, su anticlimático final no funciona tanto como plausible cierre al relato, sino como posible (y terrible) punta de iceberg de los límites vigentes cuando no queda escapatoria para la realización social del individuo en una sociedad como la iraní. Recuerden su título de cara al palmarés.

A Soft Note on a Sharp Scale (Ritwik Ghatak, 1961)

A Soft Note on a Sharp Scale (Ritwik Ghatak, 1961)

Tras iniciarnos en el cine de Ritwik Ghatak con The Cloud-Capped Star (1960) –leer crónica del día 2-, tocó cambiar de planes, ya que resultaba imposible evitar acudir al día siguiente a la proyección de A Soft Note on a Sharp Scale (1961), generalmente conocida por el título original, Komal Gandhar, continuación de su trilogía temática, marcada fuertemente por sus sentimientos acerca de la partición de la India. En comparación, desde un primer momento sorprende un mayor control de la puesta en escena, que si en su anterior film superaba los problemas de producción con enormes destellos visuales y expresivos, a continuación desarrolla un trabajo de dirección más planificado, tanto en la dirección de actores como a partir del uso habitual de grúas y movimientos de cámara altamente controlados, pero en especial con un formidable trabajo del blanco y negro basado en la iluminación y el contraste, absolutamente evocador de las dos Indias que quería reflejar con su relato.

Protagonizada de nuevo por una mujer que peca de inocente, Ghatak retrotrae sus orígenes laborales escénicos y presenta la historia de dos compañías teatrales fuertemente enemistadas, centrando su mirada en una joven actriz que pretende unir satisfactoriamente ambas compañías, estando ella al mismo tiempo también dividida por dos amores, así como separada de su tierra y origen bengalíes (como los del propio Ghatak) por el río Padma, que marca la simbólica frontera con la actual Bangladesh. La historia de amor, prendada por la belleza bucólica de la naturaleza y la sátira de las representaciones teatrales, no alcanza la intensidad dramática de The Cloud-Capped Star, pero la sorprendente construcción de las diversas secuencias musicales, que se presentan como set-pieces prácticamente separadas de la narración, unido a ese mayor rigor formal y en el montaje del que hablábamos, producen el placer de reconocer un esmerado y personalísimo trabajo artístico, anclado en la tradición cultural, pero con una mirada contemporánea, más optimista y abierta a las bondades del futuro, aunque no en vano, cargada de tristeza en mi bemol.

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