Welcome to New York

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La mano de DSK

Welcome to New York (Abel Ferrara, 2014) es uno de esos acontecimientos cinematográficos que por unas circunstancias u otras irrumpen en el panorama audiovisual como un tornado de ruido y polémica. Inspirada, digamos “libremente”, en Dominique Strauss-Khan (DSK) el ex-director del FMI, en su prolífica actividad sexual y en los hechos acaecidos en 2011 a partir del supuesto intento de violación a una camarera de hotel en Nueva York. Con una premier en el Festival de Cannes -o mientras se celebraba el festival más bien- y un estreno online para salvar la censura -o las trabas de la distribución, mejor dicho- la película ha llenado espacios en prensa, televisión e internet a colación de las intenciones de los creadores, la respuesta de los aludidos y las impresiones de terceros. El filme ha originado una lucha dialéctica entre la dupla Ferrara y Depardieu contra DSK y Anne Sinclair; abogados, amenazas, exabruptos y otras armas arrojadizas para un combate de pressing catch con la misma sensación de artificio pero sin mallas de colores.

Welcome to New York

Lo que para unos es un ejercicio de libertad y una reivindicación creativa, para otros como el abogado de DSK, Jean Veil, es una película machista, antisemita o directamente “una mierda”. Aunque es cierto que la película no deja indiferente a todo aquel que se enfrenta a ella, los graves descalificativos que recibe responden más a una rabieta desesperada que a una crítica argumentada y que decir objetiva. Welcome to New York es excesiva y apabullante como lo es la interpretación de Gerard Depardieu que da vida a Devereaux, álter ego de Strauss-Kahn. La película nos muestra la cotidianidad de un líder mundial, que cuando deja de dar recetas económicas, asistir a cumbres y atender a los medios se encierra en hoteles de lujo para ser él mismo y Devereaux no es otra cosa que un adicto al sexo. La primera parte del film es un continuo de sexo y mal gusto, un festival de drogas y gemidos que funciona como involuntaria cara B de otro filme que comparte los mismos ingredientes: El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013). Pero a diferencia de la película de Scorsese, aquí no hay una estilización del exceso, el espectador no se identifica con los placeres de Devereaux cómo sí lo hacía, aunque fuese de manera culpable, con Jordan Belfort. Welcome to New York es cruda hasta la repugnancia.

Pero, cuidado. Que rechacemos la actitud de un personaje en una película que, a la vez, nos produce malestar no son motivos suficientes para sentenciar y dilapidar el trabajo de Abel Ferrara. El director neoyorquino es consciente del mensaje que emite al igual que lo es Depardieu, quién transmite la misma repulsión al espectador que él siente por el personaje. Una opinión sobre DSK, que si no había quedado clara fuera de la pantalla, el actor manifiesta de forma abierta en un prólogo que quebranta el contrato con la ficción. Un contrato que vuelve a saltarse Depardieu en varias ocasiones, en momentos clave en los que rompe la cuarta pared para mirarnos a los ojos y hacernos cómplices con su mirada. La complicidad, junto con la curiosidad, son los dos conceptos con los que juega Abel Ferrara para introducirnos en Welcome to New York, una historia que interesa, no porque sea un caso de relevancia mundial -o no sólo por eso-, si no porque arroja luz -aunque sea luz ficticia- en las sombras del poder.

Welcome to New York

En último término, Welcome to New York es una película de elipsis, en la medida en que muestra todos los momentos que eran omitidos, que no eran dominio público. De DSK conocíamos su actividad laboral pero no la personal, la oculta entre las cuatro paredes de un hotel de lujo. Es esa dualidad, esa otra vida, la que interesa. Esas variables que no aparecen en las páginas color salmón, las acciones que ocurren tras el número de una habitación de hotel. Al fin y al cabo, no estamos hablando de una persona más, de un político como otro cualquiera, era la gran esperanza del socialismo francés, el jefe de los hombres de negro, el director del Fondo Monetario Internacional, una de las cabezas de la Troika. ¿Se puede dirigir la economía mundial con la misma mano con la que manoseas mujeres contra su voluntad? Welcome to New York se escuda en la relevancia del personaje para mostrar su lado más oscuro y personal y de paso diluir fronteras entre lo público y lo privado, lo ético y lo reprobable, la realidad y la ficción.

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