Festival de Locarno 2014 (IV): L’Abri (Fernand Melgar), Buzzard (Joel Potrykus)

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Huir para quedarse

Camino de los pases a la sala de prensa, o viceversa, trayecto diario habitual por el centro neurálgico del festival, en el stand de RSI (cadena de radio y televisión suiza) tenía lugar un coloquio sobre una cuestión que en España no puede estar más de actualidad, pero al mismo tiempo convenientemente silenciada. La importancia de los incentivos fiscales a las producciones cinematográficas. Los tres invitados lo entendían como algo fundamental, poniendo como ejemplo películas como Sils Maria o La gran Belleza, que se habían rodado en Suiza y además de generar ganancias durante el rodaje, vistas con perspectiva consolidaban una manera de abrir Suiza al mundo, atraer turismo y también más rodajes.

Todo el mundo parece tenerlo claro excepto nuestro ministro Montoro, que debe estar orgulloso con sus restricciones porque ha ajustado las cuentas de las pancartas y derrotado con gallardía a sus enemigos subvencionados, puede tener por seguro que España no será un plató bienvenido en el extranjero. Mientras tanto, la impresión cinematográfica y real que se tuvo ayer de España en Locarno tristemente no fue otra que la que pudimos comprobar en el descorazonador documental L’Abri’ (Fernand Melgar). España vista como el foco de la inmigración ilegal hacia Europa, además de un dramático punto negro social del que es mejor escapar.

El domingo había expectación, se proyectaban las dos películas suizas a concurso en la sección oficial y la afluencia de asistentes se hizo notar. El nivel, en cambio, desequilibrado entre el excelente retrato documental que Fernand Melgar elabora de un centro nocturno de acogida en Lausana para personas sin hogar, y el resbalón de la cineasta suiza Andrea Staka con Cure: The Life of Another, su regreso a la dirección tras ganar el Leopardo de Oro en 2006 con Das Fräulein. Además, en la sección Cineasti del presenti descubrimos la inquietante comedia independiente norteamericana Buzzard (Joel Potrykus).

L'Abri

L’Abri (Fernand Melgar) – Concorso internazionale

Cae la noche, empieza a hacer frío y se cuentan por decenas las personas sin hogar ni recursos que esperan tras una valla a que abran el refugio en el que poder dormir. Hay niños, mujeres y hombres de todas las clases y nacionalidades, pero cuando abran las puertas descubrirán que no hay hueco para todos. No, la imagen no es del tercer mundo ni de un país subdesarrollado, la imagen pertenece al epicentro de Europa, el modelo económico y de bienestar, nos encontramos en la ciudad suiza de Lausana.

El reconocido documentalista suizo Fernand Melgar filma con una distancia admirable y desbordando humanidad un lugar en el que ésta se pone en entredicho. L’Abri (traducida como “El refugio”) expone un prisma observacional sobre los trabajadores y las distintas personas que acuden a un refugio nocturno para personas sin hogar de Lausana, dando pie a que se introduzcan sus historias personales, su día a día. Mientras tanto, cada día el refugio abre sus puertas, ofrece camas y alimentos, la realidad no varía, pero el invierno llega. Su mecanismo es simple, primero admiten a las mujeres y los niños, pero de ahí en adelante se elige a las personas a dedo, originando no pocos conflictos y peleas. Nuestra ética reducida finalmente a ese dedo, un prejuicio, el que decide si duermes en la calle o no, si eres una persona o si no tienes derechos. El film retrata también la otra parte, la de los trabajadores sometidos al peso de su decisión, además de su esfuerzo insuficiente por la regularización de las personas que acuden al albergue. Personas que como se advierte en una conversación entre dos africanos, deben marcharse antes de degradarse físicamente y convertirse en los despojos de una sociedad que les da la espalda. Las conclusiones son múltiples y siguen abiertas, Europa y Suiza eran el lugar a huir para poder tener una vida, pero ya no es un sitio en el que poder quedarse.

Buzzard

Buzzard (Joel Potrykus) – Cineasti del presente

Imaginen que en lugar del showrunner Greg Daniels, le hubieran encargado el proyecto de la adaptación americana de The Office a Rob Zombie. Bueno, podemos dar por seguro que no habría hecho algo así, pero la conexión de ideas quizá sirva para introducirnos en el tono de Buzzard (Joel Potrykus), primera película de la sección Cineasti del presente a la que nos acercamos. Presentando desde una primera secuencia demoledora a su antisocial protagonista, un fanático del cine de terror que odia su trabajo en una aburrida empresa (prefiere construir un arma blanca similar al guante de Freddy Krueger) y cuyo comportamiento se rige por aprovecharse de los errores del sistema para su propio beneficio, sometido a una imposible lucha contra el “stablishment”, Potrykus desarrolla su progresiva caída en la obsesión, paranoia y nihilismo más profundo una vez que el mundo se vuelve en su contra. Las trampas dejan de salirle, la suerte le es esquiva y queda condenado a la desaparición de sí mismo.

Pero más allá de su inquietante desenlace, lo alucinante de Buzzard es que llegado un punto de la trama el film se convierte en una “basement movie” en todo el sentido de la expresión. El protagonista se encierra en el sótano de su humillante compañero de trabajo, juegan a la Nintendo, se pelean y establecen una relación cómica extraordinaria, con varios momentos que son material de comedia de primera clase, en especial la partida comiendo conos 3D en una cinta de correr. Potrykus demuestra su habilidad para extraer situaciones extremas de un escenario reducido, rodadas la mayoría en una única y larga toma, por medio de las que construye una paranoica huída hacia ningún sitio, la que este film representa al respecto del cine independiente norteamericano, de la etiqueta indie y del logo de Sundance, su doppelgänger maligno.

Perfidia - Cure - Fidelio

Perfidia (Bonifacio Angius) Cure: The Life of Another (Andrea Staka) Fidelio, l’odyssee d’Alice (Lucie Borleteau) – Concorso internazionale

Completan la visión de la sección oficial estos días tres irregulares películas, que pese a albergar propuestas ciertamente atractivas y transmitir atisbos de lucidez, no pueden evitar estar marcadas por un desarrollo gris, reiterativo y finalmente insatisfactorio. La más esperada de ellas, Cure: The Life of Another (Andrea Staka), traza una débil metáfora de una Croacia en plena guerra de independencia, y lo hace por medio de un thriller psicológico protagonizado por una joven que, tras matar por accidente a su mejor amiga, seguirá viéndola y hablando con ella mientras comienza a suplantar su vida. La atmósfera tan propia del cine de género da lugar a los instantes más logrados, rozando la obsesión y la paranoia, pero la ganadora del Leopardo de Oro en 2006 es incapaz de conseguir que el film trascienda más allá de sus resortes fantásticos. Y menos aún de cerrar su metáfora.

En Perfidia (Bonifacio Angius), el retrato de un joven que en un principio bien podría ser parte de nuestra generación desencantada, treintañero infantilizado sin sustento ni trabajo, deshecho de una Italia en crisis, desemboca en un film profundamente distinto del esperado, moralmente difuso, que pretende ser oscuro e incómodo en la relación con su distante padre y la sociedad, pero tan solo acaba resultando naif. El argumento lleva a su director a plantear dilemas morales que son devorados por su intrascendencia tras la cámara, incapaz de construir una visión mínimamente contundente sobre la sociedad italiana. Sus planas decisiones narrativas y estéticas dificultan la consecución de su tono, plenamente identificado en el rigor mortis y mental de su protagonista, por lo que es llegada su conclusión cuando se nos plantea que quizá la película verdaderamente interesante tendría que haber empezado en la secuencia final.

Por último, Fidelio, l’odyssee d’Alice (Lucie Borleteau) cuenta con un punto de vista inusual y agradecido, el de una mujer embarcada en un trabajo y un mundo de hombres. Mecánica en un marino mercante, Alice se encuentra afectada emocionalmente por sus contradicciones sentimentales, con un amor en un puerto y otro en el buque, llamado precisamente Fidelio. No en vano, el film está dirigido por la actriz Lucie Borleteau, que dota de capas a su protagonista (Ariane Labed) -cuya doble presencia en Locarno desde ya la convierte en clara aspirante al premio a la mejor actriz- así como sabe adentrarse en su complejidad emocional. La cuestión es que más allá del seguimiento a su personaje la película se resiente, desaprovecha el misterioso descubrimiento del diario del mecánico al que sustituyó, fallecido en extrañas circunstancias, y la odisea termina siendo un conflicto inmaduro, propio de un test de la Cosmopolitan.

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Festival de Locarno - Leopardo de Oro

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