#62SSIFF (II): Une nouvelle amie (François Ozon), Autómata (Gabe Ibañez), Pasolini (Abel Ferrara)

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Una de cal y otra de arena en la segunda crónica de la sección oficial del Festival de San Sebastián. Y ahora sí que tenemos claro que la de arena es la mala tras la larga travesía por el desierto radiactivo de Autómata, en el que sucumbe uno de los proyectos españoles recientes de mayores dimensiones, además de una nueva oportunidad desperdiciada para la ciencia ficción de gran presupuesto. Sorteando no pocos riesgos, François Ozon ofreció otra apreciable muestra de sus capacidad para introducir variaciones tonales a sus films, arrojando luz a una historia de ecos “almodovarianos” que explota deseos ocultos afrontados con transparencia. Por último, y dentro de la sección Perlas, que aglutina lo mejor del año de otros festivales internacionales, Abel Ferrara y Willem Dafoe llegaron a Donostia para presentar Pasolini, a concurso en Venecia, una obra de múltiples lecturas que aborda cuestiones importantes sobre las que continuar desentrañando, repleta de claves polémicas y de emoción alrededor de una figura tan convulsa como la del cineasta italiano.

Une nouvelle amie (François Ozon) - Sección oficial

Une nouvelle amie (François Ozon) – Sección oficial

Rostro habitual del Festival de San Sebastián, donde logró la Concha de Oro en 2012 por En la casa, François Ozon presentaba su último film en Donosti con el concepto “transgénero” como principal razón de ser. Y lo cierto es que parece difícil encontrar una definición que se aplique mejor tanto al fondo como a la forma de Una nouvelle amie. Por medio de un ejercicio de estilo de notable precisión melodramática, su introducción recorre toda una vida en un instante para compartir y detenerse el dolor de una pérdida, la de un esposo y una amiga íntima. Un hueco que suplirá otra mujer, la nueva amiga del título, Virginia. Pero aunque la transexualidad sea el leiv-motiv, Ozon concede mayor importancia a los deseos que laten en la superficie, con el subconsciente del film expuesto y una claridad narrativa que ilumina a sus personajes por encima de la complejidad de su temática. Capaz de transitar por el thriller psicológico (a lo De Palma) o la comedia ligera sin dificultad, pero con certezas estilísticas que se revelan en una de sus poderosas escenas musicales, Una nouvelle amie aborda la cuestión de la identidad femenina mirando con igualdad a un futuro próximo que no era necesario remarcar en el epílogo una vez que el relato brillaba por la belleza, el amor y la esperanza de sus personajes.

Automata

Are we human or are we dancers? Autómata (Gabe Ibañez) – Sección oficial

Aunque el personaje de Antonio Banderas nos deje bien claro que es un humano y no un robot, un proyecto del tamaño de Autómata (Gabe Ibañez, 2014) naufraga sin remedio por motivos que nos hacen preguntarnos hasta qué punto había un grupo de personas responsables del proceso creativo o llegado cierto instante se desconectó la oportunidad de toda lógica narrativa y cinematográfica, facturando el producto final con la única intención de salvarlo directo a los mercados de ventas internacionales.

Resultaría completamente inmerecido tratar de establecer citas y comparar Autómata con Isaac Asimov, Philip K. Dick, Blade Runner o incluso Yo, Robot, pues se tratan de referencias inequívocas en toda distopía robótica que se precie, en especial cuando la absorción de esos referentes no es la adecuada, o lo que es más importante, cuando no lleva a cabo una relectura o aportación al género que transite más allá de lo rutinario. Autómata adolece de una introducción torpe, sustentada en unos títulos explicativos en pantalla cuyo contexto en los primeros compases suscita un interés que nunca consuma, basado en el aprecio por su diseño de producción y la visión tecnológica de la urbe, no acertando al desarrollar las cuestiones que mueven a sus personajes. Quizá para evitar lo predecible de su narrativa, una investigación en torno a la repentina toma de conciencia de los autómatas, llegado el segundo tramo saca a relucir profundos diálogos existencialistas que no rozan ni la epidermis del esqueleto del film, puesto al servicio y lucimiento de un Antonio Banderas al que no hay dirección de actores que controle, y que como mecenas de esta co-producción búlgaro-española parece el principal culpable de su descalabro. Puede que en la ficción la humanidad sea recordada gracias a la supervivencia de los autómatas, pero en Autómata no hay demasiado que deba ser recordado.

Pasolini

Pasolini (Abel Ferrara) – Perlas

Todavía no sabremos si lo consigue, pero Abel Ferrara ansía lograr una obra total e íntima al mismo tiempo sobre la figura de Pier Paolo Pasolini.  Un intento desmesurado y a sabiendas incompleto, repleto de capas en el montaje y sustentado tras su magníficas decisiones de puesta en escena y las gafas de sol de un Willem Dafoe hierático, capaz de absorber en sus entrevistas el discurso del cineasta italiano como pocos actores habrían logrado. Con imágenes de Saló, o los 120 días de Sodoma (1975), el inicio retrata abiertamente a Pasolini como un concepto en el que los límites del placer, el moralismo y la provocación se diluyen. Una manera de entender el cine y afrontar la vida que Abel Ferrara comparte, e incluso imita en las mejores escenas de la película, para a lo largo de su último día en la tierra abrirse a su memoria, sus entrevistas, su escritura cinematográfica y a sus pulsiones, cerrando el film atreviéndose a filmar lo irresoluble, con un emocionante plano secuencia final que eleva al cineasta y al hijo sobre el infierno moralista en el que se había convertido nuestro planeta.

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