A la contra: Mis problemas con Guardianes de la galaxia

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El problema de los hype es que una vez extendidos cualquier posicionamiento parece artificial. Quienes sucumbieron a los encantos de Guardianes de la galaxia iniciaron una escalada de elogios e hipérboles que ha llegado hasta el propio espacio exterior. Por otro lado, los detractores de la película, que haberlos haylos, hemos caído en una oposición frontal que responde más a un intento de desmarcarse de la mayoría que a una reflexión profunda. El primer punto a debate es si un producto de estas características merece esa reflexión, aceptando esta idea voy a intentar armar de argumentos a todos aquellos a los que “la película del año” no les ha convencido, posiblemente sean problemas personales, pero en cualquier caso siento que son compartidos.

Atendiendo a las diferentes maneras en las que el superhéroe/cómic ha invadido la gran pantalla -siempre en el terreno del blockbuster- podemos diferenciar dos grandes escuelas: Michael Bay y Christopher Nolan. Sé que estos nombres son motivo suficiente para que muchos huyamos despavoridos pero aceptémoslos por su influencia y valor ejemplar (entendido como representativo, no como modelo). Michael Bay ha adaptado la saga Transformers a gritos, priorizando las explosiones y la postproducción frente a cualquier tipo de complejidad narrativa. Christopher Nolan, por su parte, realizó un Batman más oscuro y serio -quizá demasiado serio- que se movía por la psicología de sus personajes y no por la concatenación de escenas de acción. Entre ambos extremos, estan las adaptaciones de Ironman de Jon Favreau o los tres Spiderman de Sam Raimi, posiblemente las películas más equilibradas del género. En este contexto, Marvel ha abierto, o está intentando abrir, una tercera vía gracias a Joss Whedon y James Gunn y sus primeras entregas de Los vengadores y Guardianes de la galaxia. La intención es dar un paso más en la fórmula de superhéroes equilibrando acción y argumento con ciertos detalles autorales.

Guardianes de la galaxia se ha convertido por su repercusión en la bandera de esta tercera vía, pero habría que analizar si los elementos que componen la película aportan lo suficiente para abrir un nuevo camino. El primer gran problema está en su estructura narrativa. Recogiendo elementos de las dos escuelas que antes hablábamos, primero desarrolla en el prólogo el trauma del protagonista: el fallecimiento de la madre -en íntima relación con los productos ochenteros- será el trasfondo necesario para entender las motivaciones de nuestro héroe; por otro lado, la historia está encadenada por sucesivas escenas de acción que van subiendo en intensidad, una continua escalada que resta espectacularidad al clímax final por el simple hecho de la abundancia de las mismas. James Gunn, que aquí debería dar argumentos para esa tercera vía, se esconde tras una serie de gags cómicos que con mayor o menor acierto salpican la trama pero termina por firmar una historia de lo más previsible, no se atreve a saltarse las reglas del género como en anteriores ocasiones. No hay nada nuevo bajo el sol -o las estrellas- cuando el personaje de Chris Pratt bien lo podría haber interpretado Harrison Ford en su juventud, o el total del grupo protagonista formado por renegados, pringados y loosers, recuerdan -en el marco del cine de aventuras- a otro grupo de perdedores que acompañamos hace treinta años: Los Goonies (1985). La falta de carisma de los villanos y su escaso peso en la historia, termina por dar al conjunto una excesiva sensación de serialidad. Estamos ante el capítulo primero de una saga, vale, pero no hay ningún esfuerzo en trascender como película en sí, sólo en ser una buena presentación para las que vendrán.

Casette

El otro gran problema, el más grave, es que la película de James Gunn es por encima de todo un producto nostálgico, una apuesta que es totalmente legítima pero que apunta en dirección contraria a cualquier tipo de innovación. En realidad es profundamente conservadora. No seré yo quien vea en esta película una “Star Wars para una nueva generación” pero entiendo a los críticos que lo justifican porque es lo que el producto aspira a ser: guerras intergalácticas, un protagonista carismático y gamberro, secundarios excéntricos, villanos maniqueos, humor y acción. Este intento por evocar la saga de George Lucas no es más que un gancho para todos aquellos que crecieron con ella o se han rendido con el paso de los años. Si queremos conseguir el mismo resultado qué mejor que repetir la fórmula. Estamos por tanto ante un sucedáneo que no contento con beber de referencias cinematográficas de hace tres décadas se zambulle en la nostalgia cultural de la época; así Guardianes de la galaxia está salpicada por temazos setenteros que son inyecciones de dopamina para su público. Nadie puede resistirse a esbozar una sonrisa cuando escucha “Hooked on a feeling” en una space-opera. Además, una serie de objetos dignos de un artículo de BuzzFeed refuerzan esta idea con el walkman y el cassette como protagonistas.

¿Pero qué pasaría si quitamos los temazos de otra época y los cassettes? Mucho me temo que si sacudimos el polvo nostálgico encontramos un producto vacío. Es cuestión de debatir si la apología de los setenta y ochenta está justificada o es, como decíamos, el gancho que el público necesita para acudir en masa y celebrar un hito que no existe. ¿Es necesario otra Star Wars?, ¿el género se renueva repitiendo fórmulas?, ¿es posible avanzar con la mirada puesta en el pasado?, ¿sirve para algo Guardianes de la galaxia?

2 Comments

  • Creo que no he estado más de acuerdo con una crítica desde que tengo uso de razón. Suscribo palabra por palabra, caracter por caracter. Vi la peli, busqué la crítica por aquí y encontré este espacio de “a la contra”.

    Bravo, Ballesteros. Gran central, mejor cinéfilo.

  • Gracias Arroyo, es bueno que nos juntemos aquellos a los que no nos gustó Guardianes de la galaxia, más que nada para que constatemos que no estamos locos si no nos gusta nada esta “obra maestra”.

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