Boyhood y la belleza de este mundo

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Más allá de lo permeables que seamos ante la influencia de las críticas (en este caso muy positivas), el concepto de Boyhood no puede ser más atractivo: grabar a un chico durante doce años, de los 6 a los 18, y poner ese resultado en pantalla. Realidad y ficción se mezclan y contaminan para nuestro disfrute; desde que conocemos a Mason, con seis años mirando a las nubes, hasta que lo despedimos, con dieciocho volando del nido, lo acompañamos en su recorrido vital atraídos por el magnetismo de la película. En el sobrecogedor y profundo plano final, que no revelaré, Mason mira fugazmente a cámara mientras esboza una sonrisa haciéndonos cómplices de la magia del momento. Acto seguido corte a negro y primeras notas de Deep Blue de Arcade Fire que introduce los créditos con sus pertinentes primeros versos:

“Here, in my place and time / And here in my own skin / I can finally begin” 
(“Aquí, en mi lugar y tiempo / Y aquí en mi propia piel / Puedo finalmente empezar”)

Un punto final redondo para 165 minutos de belleza que si nos ponemos exagerados -o estupidamente románticos- nos arroja al Síndrome de Stendhal. La acumulación de las escenas, favorecidas por el uso de la elipsis y su montaje invisible, hace que sea una tarea imposible pararnos a saborear cualquier momento concreto porque cuando queramos darnos cuenta ya estaremos absorbidos por el siguiente. Aunque el filme no tenga una ambición desmedida (no es El árbol de la vida, ni pretende serlo) si posee una magnitud que emana precisamente de su sencillez. Esta grandeza puede abarcarse desde múltiples lados pero puede ser interesante leer Boyhood como un lenguaje de conocimiento en sí mismo.

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Para ello hay que remontarse más allá del invento de los Luimière en el siglo XIX, mucho más allá, en concreto al siglo IV antes de Cristo y a la obra de Platón. En su diálogo Menón plantea la teoría de la anamnesis (o reminiscencia) que influida por el mito órfico-pitagórico, plantea que nuestro alma ha estado previamente en el mundo de las Ideas dónde ha adquirido todo el conocimiento. Después, al encarnarse en nuestro cuerpo, en el mundo material, olvida lo aprendido debido al trauma y tiene que volver a recordar. Por tanto la teoría sostiene que conocer es recordar. De esta forma la persona en su proceso de aprendizaje evoca los recuerdos de las Ideas y recupera los conocimientos olvidados. Con esta teoría Platón intenta demostrar que el conocimiento universal no proviene de la realidad empírica (de los sentidos) sino que es un saber innato que se recupera gracias al camino que marca el maestro. En todo este proceso es el lenguaje lo que posibilita una dialéctica con el alma. El mundo de las ideas y el de las cosas están unidos por el lenguaje.

Si extrapolamos esta teoría de la anamnesis al caso de Boyhood podemos entender los distintos niveles a los que funciona la película. En primer lugar hay que tener claro que la película es hija exclusiva de su director, hay mucho del cine de Linklater encerrado en este filme y el conocimiento de su obra es un plus para disfrutarla. Por otro lado, el tema principal de la película es la infancia, lo es porque vemos crecer a Mason durante doce años, pero de la misma forma también es otro tema crucial la paternidad pues los personajes de Patricia Arquette e Ethan Hawke transmiten tantas emociones como el de Ellar Coltrane. En todo caso no es una coming-of-age al uso, no al menos en la forma idealizada que este tipo de películas ha tratado la infancia y la adolescencia. En este sentido quizá sea determinante que el propio Ellar Coltrane escribiera los diálogos y las situaciones según su punto de vista y experiencia, sumando verdad y restando poesía. La película no posee una narración clásica de introducción-nudo-desenlace, no hay una trama porque en la vida tampoco la hay, todo es resultado del transcurso del tiempo. Así, la historia se muestra sin cortes, fluye cómo lo hace nuestra memoria cuando echamos la vista atrás, seleccionando no siempre lo más importante sino los momentos que, independientemente de su relevancia, nos hicieron sentir. No encontraremos en Boyhood la primera pelea o la primera relación sexual, tampoco se hará énfasis (visual o musical) sobre alguno de los momentos determinantes. No, Linklater no quiere resumir la infancia de Mason ni que la película se convierta en un highlights con los mejores momentos de su vida. Lo que pretende es acercarnos su mundo y las emociones que lo rodean, transmitir en lugar de mostrar, dar los códigos para que el espectador descifre.

BOYHOOD - 2014 FILM STILL - Ellar Coltrane

Recuperando y aplicando libremente la teoría de Platón: Linklater es el maestro que nos muestra el camino que debemos discurrir y Boyhood es el lenguaje que nos hace recordar todo el conocimiento que poseemos de nuestra infancia, de la de Mason y de todas las infancias. Una manera de hacer cine que nos acerca a lo universal. En definitiva, con Boyhood conocemos porque recordamos.

“Y aquí es, precisamente, a donde viene a parar todo ese discurso sobre la cuarta forma de locura, aquella que se da cuando alguien contempla la belleza de este mundo, y, recordando la verdadera, le salen alas y, así aislado, le entran deseos de alzar el vuelo, y no lográndolo, mira hacia arriba como si fuera un pájaro, olvidado de las de aquí abajo, y dando ocasión a que se le tome por loco. Así que, de todas las formas de «entusiasmo», es ésta la mejor de las mejores, tanto para el que la tiene, como para el que con ella se comunica; y al partícipe de esta manía, al amante de los bellos, se le llama enamorado”

Fedro, Platón.

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1 Comment

  • Creo que esta es una de las mejores y más fundamentadas criticas que he leído sobre esta hermosa película. Hasta ahora solo había leído criticas sobre como la cinta carece de guión, como Linklater se aprovecha del tecnicismo de grabar durante 12 años para ser nominado, en fin, puras cosas absurdas sobre un filme que habla más que nada del tiempo y lo hace de una forma muy sencilla y bella.

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