Frank

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El artista madridista

Chris Sievey se pasó toda la vida persiguiendo la fama. A finales de los 70 lo intentó en la escena musical de Manchester con su grupo The Freshies, en los 80 se enfundó una enorme cabeza de papel maché y creó un personaje mítico en el noroeste de Inglaterra: Frank Sidebottom, en los 90 intentó explotar el personaje… pero no trascendió. Lo intentó con el público infantil, con el adulto, en la radio, en la tele o con la música, pero nada. Su grupo la Frank Sidebottom’s Oh Blimey Big Band se convirtió en un objeto de culto en los albores de la era hipster y de su inefable música fue testigo directo Jon Ronson. Teclista por accidente de aquella formación que grabó en su memoria lo mejor y lo peor de aquella época para convertirlo en el guión de esta película que rescata el espíritu del hombre cabezón: Frank (2014).

No se preocupen si es la primera vez que escuchan la historia de este personaje, tampoco esperen un biopic al uso si es de los que temen que se mancille su memoria. La película que dirige Lenny Abrahamson (Adam & Paul, 2005) recupera algún dato autobiográfico del teclista (interpretado por Domhnall Gleeson) pero de Frank (Michael Fassbender) sólo mantiene su espíritu transgresor -en un sentido amplio- y, por supuesto, su gran cabeza de mentira. Así, la película nos zambulle en el universo de la música alternativa, nos presenta a un aspirante a compositor que no puede acabar ninguna canción y que sin saber muy bien como se ve enrolado en una banda de nombre impronunciable liderada por un misterioso y carismático frontman que se esconde en semejante cabezón.

Frank

Salpicado por un humor ácido y extravagante fruto de situaciones incómodas e inesperadas -lo que muchos definen como posthumor- el filme no trata en ningún momento de buscar el equilibrio en su composición sino que está más centrado en añadir distintos estímulos y pasearse por diferentes registros. Los ensayos, la grabación del disco, la convivencia… todo lo que sucede en el backstage de un grupo es aquí más interesante si cabe dada la excentricidad de sus componentes. No son personajes disparatados, inverosímiles o con una pose consciente; son un grupo de freaks reunidos en torno al campo gravitatorio de la cabeza de Frank. Por cierto, el personaje está interpretado por Fassbender aunque no se le ve el rostro hasta el final de la película; permitirse el lujo de mantener a una de las estrellas indiscutibles del momento bajo una máscara casi todo el metraje ya indica hasta qué punto Frank huye de convencionalismos.

Aún con todo, el riesgo narrativo de contar una historia tan desequilibrada y radicalmente diferente se ve sustentado por la astucia visual del director a la hora de presentar las situaciones y resolver los conflictos. No hay previsibilidad, no hay un tono constante y, lo que es más interesante, no se intenta mantener a flote el ritmo de la película sino que esta se deja caer y se recompone al mismo tiempo que lo hace la banda. Sería una traición al espíritu de Chris Sievey hacerlo de otra manera, su Frank no tuvo una carrera regular y no hay demérito en que así fuese. Aunque lo ideal sea triunfar en esa meca del indie que es el South by Southwest, a lo mejor todo lo que necesita una banda sea encontrarse a sí misma en los sucios baños de un local llamado “El Madrid”.

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