Las aventuras de Antoine Doinel (François Truffaut)

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El estreno de Boyhood nos brinda una oportunidad perfecta para acercarnos a la obra de François Truffaut, en concreto a sus películas sobre el personaje Antoine Doinel, mito del cine francés y uno de los referentes más claros de la última película de Richard Linklater. 

Entre los distintos artefactos cinematográficos que han explorado el paso del tiempo y la existencia a través del cine la saga sobre el personaje de Antoine Doinel de François Truffaut ocupa un lugar privilegiado en el imaginario colectivo gracias a la influencia de las cinco películas que la componen: Los 400 golpes (1959), Antoine et Collete (1962), Besos robados (1968), Domicilio conyugal (1970) y El amor en fuga (1979). Desde la adolescencia hasta la madurez, Jean-Pierre Léaud da vida al alter ego de François Truffaut, la antítesis del héroe contemporáneo, un personaje lleno de energía y defectos, inteligente, despistado, nervioso y, pese a todo, profundamente adorable.

A diferencia de otros proyectos que captan la evolución de un personaje, Las aventuras de Antoine Doinel no fueron concebidas de antemano como un estudio del paso del tiempo sino que fueron fruto del devenir y las casualidades en el proceso de producción de François Truffaut. A partir de la primera película que presenta al personaje, Los 400 golpes, las distintas continuaciones son consecuencia de decisiones personales del director en las distintas etapas de su carrera, una característica que aporta a la saga frescura y naturalidad, cada película habita en su tiempo al igual que lo hace Doinel. De esta manera, las sucesivas entregas aportan nuevos matices al personaje y la historia va adquiriendo mayores dimensiones narrativas y cinematográficas.

los 400 golpes

La primera de las aventuras es la más conocida y valorada: Los 400 golpes (Les 400 coups, 1959). Su triunfo en Cannes abrió la puerta por la que se coló el vendaval de la nouvelle vague y se convirtió en una de las más representativas del movimiento y un punto de inflexión en la historia del cine. Su mayor triunfo es regodearse en lo cotidiano y saber plasmar el neorrealismo que predicaba la nouvelle vague. Con una narración episódica y basada en la infancia del propio director, el joven Doinel se rebela contra su familia, la escuela y todo aquello que reprime su alma transgresora. En la calle disfruta de la libertad mientras en casa se refugia leyendo a Balzac, la escuela que debería alimentar su espíritu de aprendizaje es por el contrario una prisión para él. La escuela, el calabozo, el reformatorio… múltiples cárceles por las que va pasando y de las que sólo intenta escapar. En el excelso final del filme, Antoine Doinel corre para ver por primera vez el mar y cuando lo alcanza entiende que la libertad desorienta, por eso deshace su camino, vuelve a tierra y levanta su mirada hacia nosotros para hacernos cómplices de todo.

antoine-et-colette

Tres años después -y casi de tapado- Truffaut recupera la historia de Antoine Doinel en Antoine et Collete cortometraje incluído en la película colaborativa El amor a los veinte años (1962). Antoine, independizado, vive en un pequeño apartamento y trabaja en una tienda de discos; en uno de los habituales conciertos de música clásica que frecuenta conoce a Collete, la primera de las mujeres sobre la que hace girar su vida. El director mantiene la misma esencia realista que en Los 400 golpes y se afana en mostrar su predilección por la ciudad de París, sus cafeterías, tertulias, teatros… y en definitiva todos aquellos lugares que frecuentaban la juventud de la época. También posee episodios autobiográficos pues Truffaut, al igual que Doinel, se mudó enfrente de la chica que le gustaba. Con esta película, François Truffaut introduce un elemento más en la ecuación vital de Antoine Doinel: el amor.

Besos robados

Y con todas los elementos de la ecuación disponibles, Truffaut vuelve sobre las andanzas de nuestro antihéroe en Besos robados (Baisers voile, 1968). Posiblemente la más libre de toda la saga gracias a la variedad estilística y la improvisación en el proceso de rodaje. Doinel se marcha del ejército -una nueva cárcel en su madurez- y comienza a trabajar de vigilante nocturno, detective privado, reparador de televisores… una disparidad e inestabilidad en el ámbito laboral que es similar en lo emocional, entre prostitutas y ligues se ve seducido por una mujer mayor a la que investiga y seduciendo a una joven que se le resiste, Christine. En una escena muy reveladora, Doinel ante el espejo repite los nombres de ambas mujeres y el suyo, en un intento desesperado de recuperar el control de su vida que ahora ejercen esas dos mujeres. Entre imposibles equilibrios y carreras -Doinel siempre corriendo- alcanza la estabilidad junto a Christine, al menos de momento.

Domicilio conyugal

Tras la etapa nerviosa y convulsa de Besos robados, descubrimos en Domicilio conyugal (Domicile conjugal, 1970) que Antoine y Christine están casados, viven juntos y no tardarán mucho en tener un hijo. Con una estructura narrativa más tradicional, la historia se apoya en los personajes que habitan el bloque de viviendas del matrimonio. El ambiente general es optimista y cómico, se palpa la influencia de Jean Renoir en obras como El crimen del Sr. Lange (1936). Con todo, la película es una radiografía del matrimonio, de su auge y caída, de como soportar las irritaciones que acarrea la vida en común. El nuevo estado civil de Doinel no le impedirá tener una aventura y esto junto a su ambición literaria supondrá un nuevo giro en su vida.

El amor en fuga

Pese a rodar las cuatro primeras entregas en once años, la cuarta y última, El amor en fuga (L’amour en fuite), tardaría nueve años en llegar lo que da indicios de lo inesperado de la cinta. De hecho, es una suerte de encargo autoimpuesto para recaudar fondos tras el escaso rédito de sus últimos trabajos. En Domicilio conyugal la historia de Antoine Doinel queda relativamente cerrada pese a esto -o gracias a esto- El amor en fuga se concibe como una especie de collage vital, un punto final que recupera el metraje de los trabajos anteriores y el espíritu enérgico de Doinel -¡vuelven las carreras!-. A diferencia de los anteriores filmes, en estas no hay referencias autobiográficas o paralelismos reales, la fuente de inspiración es el propio personaje, es un trabajo de intertextualidad: el Antoine Doinel presente sobre Antoine Doinel pasado. Si bien es cierto que esta obra destaca por su genialidad discursiva, esta circunstancia traiciona en parte la naturaleza de la saga. Fue un éxito comercial pero François Truffaut, profundamente decepcionado, renegó de ella e incluso llegó a definirla como una estafa.

Jean Pierre y François

Los veinte años que van de 1959 a 1979, de Los 400 golpes a El amor en fuga, comprenden múltiples logros. Más allá de constituir una de las líneas principales en la obra de François Truffaut, supone uno de los experimentos pioneros -y seguramente el más relevante- en la captura del paso del tiempo y la evolución personal con todos los matices que esto acarrea. Por si esto fuera poco, las distintas varaciones estilísticas y formales enriquecen toda la experiencia y le otorgan una involuntaria ambición histórica. Desde un punto de vista cinematográfico, Las aventuras de Antoine Doinel son drama, comedia, realismo, optimismo y desolación. Es un personaje compuesto por energía, inestabilidad y pasión, parte Jean-Pierre Léaud, parte François Truffaut y sin duda la suma de ambos. Es la nouvelle vague y la influencia de Jean Renoir. Es la aspiración de Françoise Truffaut por emular La comedia humana de Balzac. Pero por encima de todo, es una imagen en nuestra cabeza, la de Antoine Doinel corriendo de un lado para otro.

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