Pela del Álamo: “Un festival tiene el deber ético de abrir nuevos caminos y explorar”

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Fotografía: Tamara de la Fuente

Fotografía: Tamara de la Fuente

Quédense con esto: Curtocircuíto, Santiago de Compostela, del 6 al 11 de octubre. El qué, dónde y cuándo de un festival internacional de cortometrajes que debe ser, si no lo es ya, una cita fija en nuestra agenda. Con una década de camino recorrido empieza una nueva etapa con una dirección que trae bajo el brazo -además de una fecha fija- una nueva filosofía y una nueva linea editorial. Secciones que responden a conceptos y no a territorios, cine experimental con papel protagonista, fronteras entre ficción y documental, labor didáctica del festival… de todo esto y más habla con pasión su director, Pela del Álamo (Nacional VI, 2012), concentrado en transmitir de forma precisa las claves de esta undécima edición que debe asentar las bases para las que vendrán. 

Después de diez años, estamos ante la undécima edición de Curtocircuíto, la segunda en la que estáis tú y tu equipo al frente, ¿en qué estado se encuentra el festival?

Empieza una nueva etapa, marcada por nuevos retos. Curtocircuíto se encuentra en un punto de inflexión y estamos viendo que este cambio no llega sólo con la entrega del testigo  de un director a otro, realmente esta inflexión durará un par de ediciones… y espero que para mi tercera edición, el año que viene, con las bases que vamos sentar este año el festival ya esté encauzado en la nueva línea. Esa nueva línea atiende a una nueva filosofía que implica  una nueva estructura, una nueva línea de programación y una nueva estética –que no es gratuita–. Todas estas cosas en conjunto conforman la nueva identidad del festival, y a partir de mi tercera edición como director todo debería consolidarse para entrar de lleno en la nueva etapa.

El año pasado se celebró en diciembre y este año en octubre, los cambios de fecha suelen indicar cierta inestabilidad, ¿ha corrido peligro la celebración del festival?

Sí, a punto estuvo de no celebrarse el año pasado. Más allá del director de turno, la administración, que es quien manda, tiene un desconocimiento evidente sobre la importancia de mantener las fechas en este tipo de eventos. La continuidad es básica para generar adhesiones en el público local y para posicionarse en el calendario internacional de festivales. Cuando un festival tiene dos, tres, cuatro años… automáticamente la gente los vincula a una fecha determinada, se generan unos hábitos, unas inercias de asistencia, viajes… y el festival se puede consolidar como un punto de encuentro, no sólo para el público local sino para el público de fuera.

Al principio, hace diez años, la administración local, cuando potenció el festival, le puso  mucho mimo y esmero. Pero después,  aunque se mantuvo parte de la financiación, se dejó de contar con la complicidad de la administración y con el pretexto de la crisis, se cayó en una cierta deriva, hasta que finalmente en 2013 el festival estuvo a punto de no celebrarse. No en vano, estaba previsto para mayo y se terminó haciendo en diciembre. En lo que a mí respecta, fue una edición para salvar el festival, porque si se dejaba de hacer un año ya no se recuperaría nunca, seguro. Como yo entraba nuevo en la dirección y los plazos eran surrealistas -diseñamos y produjimos el festival en dos meses-, concebimos un festival pequeño, que fuera viable en términos logísticos. Todo lo que pudimos hacer fue componer unos jurados y unas actividades en la nueva línea que queríamos desarrollar pero en cuanto a la programación, nos tuvimos que atener a las películas presentadas sin mucho más margen.

Hay una línea editorial clara y marcada. Los festivales tienen el deber de acercar esas obras que suelen estar inaccesibles, incluso tener una función didáctica. Qué respuesta esperáis del público.

Un festival sin una línea editorial propia no tiene identidad, y nadie se va a fijar en él. Tener personalidad propia es lo que te hace auténtico, diferente, y por tanto necesario. Nosotros consideramos que un festival tiene el deber ético de abrir nuevos caminos y explorar. Tenemos que traer al público las propuestas que no tienen cabida en los circuitos comerciales. En concreto, tenemos interés por las hibridaciones entre la ficción y el documental, por aquellos autores que buscan unos registros más innovadores, aquellos que transitan los terrenos fronterizos.

En cuanto a la respuesta del público sabemos que estas propuestas no son tan comerciales y tan resultadistas como podrían ser otras. Pero tenemos la convicción de que el público de Santiago tiene potencial para consumir este tipo de propuestas y sobre todo, creemos que está en nosotros seducir a la ciudad para conseguir público. Hay que conseguir que la gente entre al cine queriendo, no tanto entretenerse, sino descubrir cosas nuevas.

Cuales son vuestros festivales de referencia, dónde se mira Curtocircuíto para crecer.

Hay festivales como Oberhausen, Punto de Vista o Vila do Conde que en cuanto a contenido son referencias. Pero sobre todo una cosa que nos interesa mucho son los modelos del PlayDoc y del S8, que son dos festivales amigos, cercanos, uno al norte y otro al sur de Galicia. Nos interesa que son festivales compactos, bien comunicados con la escena internacional y que a su vez han sabido conectar con el público local y tener su legión de seguidores, una base social. Es un modelo que a nosotros nos interesa porque no pretendemos crecer en cantidad, sino en calidad y en conexión con el público.

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Viendo el diagrama que compone el festival, hay una grata sorpresa al ver que la sección oficial no se divide por nacionalidades sino en Radar y Explora. ¿Ha quedado obsoleta la clasificación por país de procedencia?

Creo que la organización basada en la territorialidad, en la procedencia de las películas, es algo obsoleto. Principalmente en el caso español parecía que no nos atrevíamos a competir con lo internacional cuando estamos en igualdad de condiciones y en el caso de Galicia aún más, siempre parecía que las películas gallegas no podían competir con las estatales y mucho menos con las europeas. Sin embargo los éxitos del cine gallego en los últimos cinco años, sobre todo del llamado Novo Cinema Galego, constata que nuestro cine puede competir y coexistir con otras cinematografías. Este año, pese a que solo tenemos una película gallega en Sección Oficial, esta está abierta a películas que se equiparan por su vocación, por su experiencia, no por su lugar de procedencia.

La organización que hemos hecho en la Sección Oficial responde a conceptos: Radar sería una sección que tiene que ver con un cine de autor de calidad, con unas narrativas más o menos convencionales y donde hay trabajos muy interesantes y muy bien hechos. Explora sería ese campo para la experimentación, para la hibridación, para obras más vanguardistas o al menos, no tan ortodoxas. Si bien es cierto, que por ejemplo en Radar, lo que nosotros podemos considerar como convencional para el público no lo va a ser del tanto, pero ahí está la función del festival de, desde la humildad, intentar educar y que el festival vaya creciendo en su función didáctica.

Aunque no queramos hacer una competición territorialista no nos olvidamos de que somos un festival público y que trabajamos desde Galicia, somos gallegos y en mi caso soy cineasta, por lo tanto considero indispensable que haya una sección competitiva (Planeta GZ) donde las películas gallegas que no estén en Sección Oficial tengan su lugar. Estoy muy contento de que este año hayamos compuesto un programa doble en esta sección y que todas las películas vayan en la línea del festival. No hemos tenido que hacer un popurrí para llenar un programa doble, todas las películas que estan en Planeta GZ están en la línea del festival y eso es un lujo que tiene que ver con el momento que vive el cine en Galicia.

Cada vez son más difusas y menos pertinentes las fronteras entre el documental y la ficción, ¿cuál es la actitud de Curtocircuíto a este respecto?

Vivan los experimentos y las hibridaciones. Esa es nuestra actitud.

Nombres propios. Mike Hoolboom un autor de vanguardia, transgresor, con una obra muy prolífica sobre todo a raíz de que le diagnostican VIH, un hecho determinante en su obra.

Como programador, una de las cosas que más me gusta de Mike Hoolboom, es que entiende la experimentación como un juego, de tal forma que todas sus películas emplean un lenguaje muy accesible para la gran mayoría de los espectadores sin perder en ningún momento esa vocación experimental. Esto tiene mucho que ver con una de las ideas que queremos enfatizar desde el festival: lo experimental no es necesariamente algo hermético o complejo, lo experimental tiene que ver con el juego. Jugar con una propuesta que nos lleva a un lugar probablemente desconocido. Punto. Lo experimental no implica, de entrada, nada más y queremos luchar con esas connotaciones que tiene a veces para el público de aburrido, tedioso, elitista, cine de museo, etc. Mike Hoolboom precisamente, siendo un autor experimental y de vanguardia, creemos que es muy digerible y nos puede ayudar en esa labor didáctica que comentábamos antes. Además, el hecho de que un cineasta haga de su vida y de su condición su obra es algo muy valioso, de una honestidad y una valentía tremendas.

Frank's cock (1993) - Mike Hoolboom

Frank’s cock (1993) – Mike Hoolboom

Además es la primera retrospectiva que se hace en España de su cine.

Exacto, es la primera retrospectiva de Mike Holboom en España. La idea es que el festival de descubrir y ofrecer al público cosas nuevas. Traer por primera vez a este país la obra de un autor que no ha sido tan reconocido en España, por las razones que sean, y que sin embargo ha sido reconocido en muchos otros países del mundo, es un honor. Lo mismo ocurre con Abrantes, el protagonista de la nueva sección Púlsar, no entiendo que con lo prolífico que es, no se le haya hecho todavía nada con él en este país.

Respecto a Gabriel Abrantes tiene esa etiqueta de enfant terrible, que a veces se aplica con demasiada alegría pero que a la vista de su obra se aplica totalmente. A él le dedicais la otra retrospectiva: Púlsar.

Abrantes en un punto tiene este lugar común con Hoolboom: es un autor que lleva su personalidad al límite en sus películas. Su propia persona está muy presente en su obra, además de dirigir, produce e interviene como actor, y todas sus películas están impregnadas de una visión morbosa y transgresora del mundo. Evidentemente, Abrantes a pesar de lo prolífico y lo joven que es, todavía tiene mucho camino por recorrer y veremos si con los años, su obra se consolida en aquello que promete ahora. Púlsar es una nueva sección dedicada a autores emergentes, jóvenes, que en su breve recorrido ya hayan demostrado un actitud, una autenticidad. Abrantes a día de hoy cumple con esa premisa y ya veremos que nos depara en el futuro.

Abrantes tiene reconocimientos tan importantes como el Leopardo de Oro de Locarno y sin embargo, es desconocido en nuestro país, ahí entra la labor del festival para actualizar autores ante el público.

Sí, es la labor didáctica que venimos comentando. En este caso Abrantes es extrañamente desconocido a pesar de tener los reconocimientos que has comentado y nosotros tenemos la convicción que es un autor que va en la línea de Curtocircuíto, no solo por esa autenticidad y por esa cualidad personal de su trabajo sino también por esa ironía, ese morbo y ese punto gamberro que tiene. Curtocircuíto no quiere dejar de ser un festival gamberro, todo lo transgresor que su naturaleza institucional nos permita. No somos un festival condescendiente con la norma, en ningún caso. Tenemos que innovar, tenemos que ser atrevidos y tenemos que ser frescos. Abrantes simboliza bien todas esas cualidades.

A History of mutual respect (2010) - Gabriel Abrantes

A History of mutual respect (2010) – Gabriel Abrantes

Esos riesgos que se toman son muy necesarios a la hora de marcar bien la línea editorial y entiendo que tener libertad a la hora de programar es fundamental para Curtocircuíto, pero ¿teneis líneas rojas? Ya sean impuestas desde fuera o por vosotros mismos.

No, la verdad es que nos sentimos absolutamente libres. Trabajar en un festival que se hace desde la administración tiene sus pros y sus contras, hay un componente que tiene que ver con el aparato, la burocracia, las cadenas de mando y decisión que es muy engorroso y que no tiene que ver con el cine, tiene que ver con la producción del festival, con la logística. Sin embargo, tengo que reconocer que absolutamente nadie, nunca, jamás, ha cometido una injerencia en la programación cinematográfica del festival. Nunca se ha cuestionado nada, ni en mi corta carrera en el festival, ni en los años anteriores con el otro director. No en vano, no sólo proponemos contenidos poco convencionales que podrían no ser interesantes para el conjunto de los ciudadanos, sino que además tenemos una sección como Noite Malandra, cien por cien gamberra con componente erótico y sexual muy explícito y muy políticamente incorrecta con temas como la violencia de género y otros temas que tienen su enjundia.  Nunca nadie jamás nos ha dicho nada. Esperemos que siga así, en el momento que haya un atisbo de censura, desde la dirección artística del festival se denunciará. Vivimos en el siglo XXI.

Qué ocurre con las autoimposiciones a la hora de programar, no tanto en lo relativo a temáticas, sino en relación con el público. Porque a veces puede existir ese temor de alejar al público en lugar de atraerlo por programar cierto tipo de contenidos y es necesario buscar un equilibrio.

Por supuesto existe esa búsqueda del equilibrio. Cuando programamos lo hacemos pensando tanto  en el público como en el lugar que creemos que Curtocircuíto debe ocupar, en relación a nuestra propia idea del festival y también en relación a los festivales que tenemos alrededor. No podemos ocupar el lugar que ya ocupan otros como el (S8), el Vila do Conde o PlayDoc porque trabajamos en un radio de acción muy próximo y lo último que debemos hacer es solaparnos. Además, ser diferentes nos enriquece. Esa es lo único que nos cohíbe a veces a la hora de programar.  Con todo, coincidimos algunas películas, este año tenemos unas diez en común con Vila do Conde, pero de casi ciento veinte que programamos tampoco son tantas. Al final la producción anual es la que es. Ese es un poco nuestro límite, la identidad que nosotros le queremos dar al festival.

Muchas veces la dimensión de un festival se puede intuir por los nombres propios que componen el jurado, en Curtocircuíto además del citado Mike Hoolboom, encontramos a Lois Patiño, a la actriz Ana Moreira o a críticos como Adrian Martin o Cristina Álvarez.

Nosotros no queremos crecer en tamaño, queremos ganarnos la confianza del público por la calidad y seriedad de nuestro trabajo y para eso necesitamos los contenidos de mayor calidad. En este sentido, creemos que la presencia de todas estas personas -que además de ser parte de los jurados, vienen a hacer alguna función en las actividades paralelas-,es una forma de hacer ciudad y país. Es el camino por el que Curtocircuito debe evolucionar. No debería crecer, en sedes, ni en jornadas, porque ese crecimiento no es sostenible, son fuegos de artificio; sin embargo, traer a personajes interesantes y lúcidos tiene que ver con tus ideales y con la pasión con la que produces el festival, eso es algo más honesto.

Qué objetivos os marcais en esta edición y hacia donde camina Curtocircuíto.

En esta edición en concreto hay un único gran objetivo, ser capaces de seducir al público. Sin los espectadores no somos nadie. Además, al ser un festival público su dueño son los espectadores. Mi gran objetivo es llenar las salas, intentar que haya el mayor número de gente posible y que disfruten. Ese es nuestro objetivo para esta edición. A medio plazo lo que queremos es consolidar las conexiones con distintos ámbitos del panorama europeo e iberoamericano que nos permitan generar una bidireccionalidad, que nosotros podamos llevar el nombre de Curtocircuito y Galicia fuera de la Península Ibérica y que a su vez podamos seguir trayendo contenidos potentes que nos revelen nuevos mundos y nuevas formas de escritura que amplien nuestros horizontes.

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