FICXixón 52 (I): Je ne suis pas morte (Jean-Charles Fitoussi), Metamorphoses (Christophe Honoré)

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El premio de honor a Terry Gilliam y la retrospectiva dedicada a Bill Plympton han desbordado con su pasión y creatividad los primeros días del Festival de Gijón entre masterclass, encuentros con el público y charlas en las proyecciones. Precisamente de este último, un cineasta indómito en los parámetros de la animación norteamericana, pudimos ver Mutant Aliens (2001), gamberrada que cerró con altas dosis de transgresión la idea de cuerpos mutados y transformaciones lujuriosas con las que transcurrió nuestra primera jornada.

De inicio, la desigual pero absorbente actualización de la Metamorfosis de Ovidio que emprende Christophe Honoré en Metamorphoses. A continuación, la espléndida recuperación de Je ne suis pas morte, con la presencia de su director Jean-Charles Fitoussique maneja la búsqueda del amor de una mujer creada con restos de otras mujeres muertas como uno de sus materiales de partida. Materiales volubles como el espíritu de su película, estrenada en 2008 en el Festival de Locarno y proyectada no sin complicaciones en 35mm gracias al esfuerzo de la Revista Lumière.

Je ne suis pas morte

Je ne suis pas morte (Jean-Charles Fitoussi)- FICXLab

Ayudante de dirección de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet durante más de una década, colaboración y aprendizaje refrendados en su documental acerca del rodaje de Sicilia! (1999), titulado  Sicilia! Si gira (2001), ahora creo que le podría haber preguntado a Jean-Charles Fitoussi en el coloquio cuánto había de homenaje a sus maestros y de absorción de sus elementos cinematográficos, pero al mismo tiempo en qué decisiones radicaban sus aportaciones y personalidad, inexcusable en todo caso. Uno puede imaginar que el trabajo formidable que ejecuta por medio de las panorámicas y los deliciosos (por toscos) movimientos de cámara reconocen la mirada contemplativa pero también imaginativa de un cineasta cuya obra permanecía prácticamente inédita en nuestras fronteras. Pero quizá solo sea una intuición fruto de un único visionado, quien sabe cuando volveremos a ver uno de sus trabajos en pantalla grande en retrospectivas o festivales, el único espacio donde puede verse dadas las condiciones de su única copia en 35mm y las dificultades que impone el entorno digital de la exhibición cinematográfica.

El hecho de que avanzada la proyección hubiera que cambiar la bobina durante varios minutos para continuar con la película, en el mejor y más palpable de los casos, define la sesión y el interés por su obra, a contracorriente en todo caso. Porque el argumento de Je suis pas mort (2008) es mejor saltarlo, como Fitoussi procede a saltar de historia en historia, de conversación en anécdota, de encuentro a revelación. Su irónico título, que desvela el punto de vista de una madre en coma cuya voz en off recorre el film, no sin un agradecido y esquinado sentido del humor, se traslada con libertad a la hora de trabajar sin guión o con material improvisado y dotarle de estilo gracias al control del tiempo y la distancia que imponen o acercan sus intérpretes, para recordar en la apasionante última secuencia del film, un atardecer mirando a cámara tras un elaborado plano secuencia que es súmmun y concreción de sus más de tres horas de duración.

Metamorphoses

Metamorphoses (Christophe Honoré) – Sección Oficial

Ovidio vive entre jardines, pistas de baloncesto callejeras y polígonos industriales tras los que asoma un Carrefour, quizá falta un graffiti o un vídeo de youtube que lo atestigüe en su contemporaneidad pero da lo mismo, la inquietud que mueve a Christophe Honoré al trasladar la mitología romana a nuestros días, los de una Europa perdida como bien saben, supone la de recuperar sus pulsiones, en plena crisis económica y moral, el deseo y la lujuria como escape vital pero también narrativo. Recuperar los mitos de Orfeo o Narciso no es una decisión cargada de superioridad o distancia irónica, nos pone frente al espejo de nuestra propia tradición, devuelve las narraciones y su origen al primer plano para a partir de ellas construir un retablo de extraña y aturdidora belleza, cuyos personajes y transformaciones funden al hombre y el animal. Por ello es una lástima que su ensimismamiento y obsesión por el bestiario le impida redondear un film desigual que apenas logra por momentos integrar la Metamorfosis de Ovidio en nuestra sociedad, siempre para volver a dejarla escapar.

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