Chris Gude: “La estructura de Mambo Cool siempre buscaba un ritmo más musical y no un ritmo narrativo”

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Chris Gude

Nacido en 1985 en Nueva York pero hablando un perfecto español gracias a los orígenes de su padre, conversamos con Chris Gude tras la presentación de la fascinante Mambo Cool en el reciente Festival Punto de Vista, donde se encontraba a concurso en la Sección Oficial – La Región Central. Además, Mambo Cool podrá verse este martes 17 de febrero en Madrid a las 20:30 en la sesión Docma de la Cineteca de Matadero. Ampliamos el extracto de la entrevista que publicamos en nuestro podcast del festival para profundizar, además de en la forma de romper la barrera entre documental y ficción por medio de la música y la puesta en escena, en sus próximos proyectos y la influencia del cine de Pedro Costa.

¿Cuando pensaste realizar el documental conocías la realidad de Medellín o te era ajena? ¿Tenías cierta relación con los dealers de la zona o fue una experiencia nueva para ti?

No, ya era una relación con el ambiente y los personajes desde hace años, cuatro años antes de hacer la película, fueron ellos los que me propusieron la idea de hacerla. Y en la medida que la íbamos haciendo claro que descubrí cosas nuevas, me metí en lugares nuevos, con gente nueva, pero sí era algo conocido.

Al respecto de tus decisiones al enfocar el punto de vista del material, sobre todo el tema musical, intentas darle más prioridad a esa salida en los personajes por encima del enfoque más duro de la droga. Te interesas por la música, te acabas dejando llevar por el swing, por los boleros, la bachata. La música acaba siendo la parte más importante de la película. ¿Qué nos puedes contar de ese proceso de creación musical?

El concepto desde el principio era hacer una película sobre música. Nos desviamos por otros lados, pero la esencia sigue estando ahí. De una cierta forma hay una conexión entre la música y la droga, esa búsqueda de éxtasis, o como ellos dicen, ese “derroche de vida”, es algo conectado, sin juzgar moralmente al uso de drogas ni nada de eso.

La música es toda original, todo fue compuesto para la peli. Si pudiera hubiera sacado temas originales, pero es prácticamente imposible, los derechos de los temas de esa época están en manos de gente a los que no interesa soltarlos por poca plata y compartirlos. Pero eso es otra historia. La música se inspiró por la música que se escuchaba en esos ambientes, con los actores y los personajes. Empezamos con el tumbao del son montuno, nos metimos en boleros, hay una cumbia, funk, una rumba cubana con una trompeta jazzista… y todo termina en un mambo, como un clímax musical. La selección de temas en su orden acaba creando una narrativa musical y un clímax propio a los timbales del mambo. Era bastante consciente, la estructura de la película siempre buscaba un ritmo más musical y no un ritmo narrativo, siempre buscamos un ritmo más inspirado por tensión, resolución, repetición… Aunque la música empieza a los 19 minutos, hay mucho silencio que también hace parte de música, todo es sonoro, todo es musical.

Mambo Cool

Mambo Cool (Chris Gude)

Además del apartado musical, sorprende cómo desde la puesta en escena construyes ese Medellín de los dealers desde las sombras. Con primeros planos casi en contrapicado, forzados, es todo muy manierista, se aleja de la visión documental y construye realmente un mundo expresionista de esos seres que viven en las sombras de la ciudad. Entre ellos destaca sobre todo un personaje, que guía la película con unas reflexiones realmente profundas. ¿Ese personaje llega o lo creas? Porque es un milagro.

Sí, es un milagro. Yo no lo creé, nunca hubiera podido crearlo y ninguno de los personajes lo hubiera podido crear. Si puedo decir que no son ellos mismos exactamente, son personajes que creamos entre nosotros dos. Por ejemplo, el protagonista del que hablas se llama Máscara de alias. Su personaje es un personaje que tiene dentro de él, pero realmente no es él. Nosotros mientras grabábamos fuimos descubriendo ese personaje y desarrollándolo, aunque es un anti-personaje también, porque como su mismo nombre dice, no muestra una psicología detrás, es una máscara de emoción. La mejor palabra para describirlo está en el título, es cool, la compostura, la calma, toquecitos de humor… Pero sí, a veces yo me pregunto si es él, o no es él… es parte suya y de lo que nosotros construimos de él.

Lo de los planos no era muy premeditado, iban a ser más planos abiertos, pero en la medida que fuimos grabando siempre fuimos acercándonos más, buscando un lugar menos realista, más surrealista, más mitológico, más íntimo. Realmente la inspiración de la película era el fenómeno, los ambientes, los personajes, los rostros. Quería quedarme con el fenómeno y no buscar unas perspectivas o un punto de vista alejado y analítico, no me interesaba analizar la economía ni lo social de este mundo, quería meterme en el mundo y conocerlo así, en lugar de analizarlo desde fuera, que me parece un poco estéril y frío. Me interesaba más la visión de la alcantarilla y fuimos por ese lado.

Esas decisiones estéticas me recordaban, salvando las distancias, al cine de Pedro Costa. Viéndola estaba pensando en En el cuarto de Vanda (2000), Juventud en marcha (2006) y sobre todo en Cavalo Dinheiro (2014), por ese uso tan artificioso del espacio o la creación de atmósferas surrealistas y oníricas muy expresivas. ¿Lo tenías de influencia o qué otros recursos manejaste? Porque la película es muy potente visualmente, por ejemplo del uso del color.

Bueno, no tanto En el cuarto de Vanda, pero Juventud en Marcha era una gran influencia, y los cortos también, como The Rabbit Hunters. Yo hice Mambo Cool y la estrené un año antes de que saliera Cavalo Dinheiro, pero cuando la vi, dije, coño, nuestros estilos se están acercando más inconscientemente, sin yo ver su película y sin él ver la mía (risas). Pero claro, él no va a ver mis películas, eso es otro rango y otra comparación. Para mi fue interesante la dirección que lleva en Cavalo Dinheiro, me parece que Mambo Cool se parece más a Cavalo Dinheiro que a otra película suya.

Mambo Cool

Mambo Cool (Chris Gude)

Es tu primer trabajo en el largometraje, no sé si tienes nuevos proyectos en marcha, si sigues interesado en Medellín o tienes otro tipo de intereses.

Hay que continuar, no tanto en Medellín, pero sí con Máscara y quizás otro personaje de más de Medellín. El próximo proyecto tiene lugar en un desierto en Colombia, en una península fronteriza con Venezuela llamada La Guajira. Está bastante ligado con Mambo Cool, aunque el paisaje es completamente diferente, quiero explorar más la naturaleza de una cierta forma, aunque sea desértica. Ya tenía una amistad de varios años con Máscara antes de hacer esta película, pero después de hacerla la colaboración ha sido parte importante de nuestra relación y amistad, me gustaría que siguiera. También siento cierto compromiso social, pero también de amigos, de lealtad, de que sigamos trabajando juntos.

En ese sentido, la decisión de seguir trabajando con él es un poco como la de Pedro Costa con Ventura, ¿no? Compartir ciertos ideales, ciertos temas y querer seguir transmitiéndolos a través de su cuerpo, de su físico. Creo que uno de los puntos fuertes de Mambo Cool es que es una película muy de ciudad nocturna, de esos rincones de la noche a los que no es tan fácil acceder, a veces los creas, a veces están ahí. ¿Quieres llevar esa idea al territorio de la naturaleza, “hacer un Herzog”, o qué tienes en mente?

Siempre hay un poco de ciudad en este nuevo proyecto, un poco de Maracaibo, supuestamente, pero como Mambo es una ciudad sin nombre, o para ponerle todos los nombres, Máscara tampoco tendrá nombre, como no lo tiene en Mambo Cool. Pero su personaje, su misterio, ese hombre errante, ese hombre sin casa, poético, nostálgico y fuerte, ese es el personaje que sigue en el nuevo proyecto. Va a seguir un gran experimento que empezar a desarrollar en el desierto. Ya fui a grabar unas imágenes para ensayar y hacer como un teaser del registro de localizaciones, para mi era bastante difícil encuadrar cosas, es un ambiente nuevo para mi. No tenía protagonistas dentro del encuadre, eso también era difícil. Va a ser un nuevo reto, pero al final la esencia es similar, entre el documental y la ficción, invadida con alcohol y delirio.

Es importante que señales el juego entre documental y ficción porque quien vea Mambo Cool puede creer leyendo la sinopsis que se va a encontrar un retrato de las miserias de los dealers y la droga en Medellín, pero realmente creas un artificio, logrando la expresividad de la ciudad, de la noche, de los personajes y la música, eso es lo que al final uno valora. En especial destacaría la secuencia del plano cenital de la mesa, en ella encuentro un trabajo muy fino y elegante en el montaje, con un sonido asincrónico que funciona muy bien y que traspasa el documental, el poder de la secuencia es más expresivo.

Lo que dijiste era muy interesante, empezaste a hablar de la miseria de los dealers y acabaste mucho más allá. Yo quiero estar muy lejos de la miseria porque no retrato miseria para nada, nunca fue la intención, no es de lo que trata la película. Uno puede hacer un retrato realista que no es porno-miseria y que no se basa en ese concepto, pero el artificio y la estilización nos alejó más de lo que pueda ser interpretado como miseria. No hay un sentimentalismo ni una conexión como en narrativas convencionales con los personajes, pero yo creo que sí hay algo íntimo, y de ahí viene la parte más documental de la película, esa relación personal e íntima, nunca quise apartarme de eso. Buscamos un lugar íntimo pero no común, humano pero no regionalista, y este fue el resultado.

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