Oscars 2015: Expectativas y realidad

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En un monólogo de Joaquín Reyes, el chanante se preguntaba por qué cuando alguien ofrecía un chicle la respuesta inmediata era: “¿qué si tengo o qué si quiero?”. Con los Oscars ocurre algo parecido, cuando preguntan sobre el ganador de alguna categoría se suele responder con otra pregunta: “¿quién creo o quién quiero?”. La Academia de Cine de Hollywood y su sistema de votación consiguen que muchas veces los premios sean previsibles, y aunque también hay ciertas sorpresas, en general divergen los premios otorgados con el criterio del crítico o del cinéfilo. No hace falta recordar que Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) o Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) forman parte de una extensa lista de obras maestras a las que no se les reconoció con el premio a mejor película en su año.

Ahondando en esta idea, en Revista Magnolia volvemos a hacer nuestro particular dossier de los Oscars, divididos esta vez entre Boyhood y Birdman. Al igual que Tom Hansen debe enfrentar sus expectativas contra la realidad cuando acude a la fiesta de su ex-novia Summer en 500 días juntos (500 Days of Summer, Marc Webb, 2009), nosotros vamos a enfrentar a los candidatos en las principales categorías para analizar quien creemos va a ganar (el año pasado hicimos pleno) y quien desearíamos lo hiciera.

por Antonio M. Arenas

Relatos Salvajes (Damián Szifron, Argentina)

Leviatán (Andrei Zvyagintsev, Rusia)

Ida (Pawel Pawlikovski, Polonia)

Timbuktu (Abderrahmane Sissako, Mauritania)

Tangerines (Zaza Urushadze, Estonia)

 

La capacidad mediática y popularidad dentro de los círculos de la Academia de Pedro Almodóvar, productor de Relatos Salvajes, parte como gran apuesta del film argentino para lograr la estatuilla, sin antojarse como rival de entidad suficiente en una nominación en todo caso tremendamente abierta. Timbuktu, con su sutil y poética crítica al fundamentalismo islámico goza de sus adeptos, pero quizá carece de la emoción de la estonia Tangerines, que aún partiendo de tapada, día tras día no gana adeptos por la sensibilidad de su historia. En todo caso, y a priori, Ida y Leviatán no dejan de ser las dos grandes favoritas, por lo que también los enemigos a batir e incluso a restarse votos entre sí.

Leviatán

Andrey Zvyagintsev se ha convertido por méritos propios en uno de los grandes cineastas europeos del Siglo XXI, cruel narrador contemporáneo de la Rusia de Putin. Los ecos de su impecable trayectoria, desde El regreso a Elena, confluyen en Leviatán acentuados por su marcado contenido político y social, levantado acta de la corrupción a todos los niveles del sistema ruso, como del apartado existencial de sus personajes y su arraigada forma de vida, cuestiones morales y decisiones estéticas que su cine debe al de Tarkovski. Además de su incuestionable potencia cinematográfica, la polémica que su estreno ha suscitado en Rusia quizá suponga un ventajista añadido más a la hora de reconocerla, quizá no.

Ida

Ida parte como favorita por razones obvias. La nominación a mejor fotografía la sitúa en un escalón superior al resto de nominadas, como lo estuvieron Amor (Michael Haneke, 2012) o La vida es bella (Roberto Benigni, 1997) en su momento. Su apuesta estética y trasfondo lindando con el holocausto, tan del gusto de los académicos, ya la encumbraron en los pasados premios del cine europeo, donde el año pasado también arrasó La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013), a la postre ganadora del Oscar. Todo indica a la estatuilla dorada.

mejorbandasonora

por Antonio M. Arenas

Alexandre Desplat, The Imitation Game

Alexandre Desplat, El gran hotel Budapest

Hans Zimmer, Interstellar

Johann Johansson, La teoría del todo

Gary Yershon, Mr Turner

 

Un nombre en mayúsculas protagoniza la categoría de mejor banda sonora original, y no es otro que el del francés Alexandre Desplat, compositor imprescindible del panorama actual que pese a su historial de ocho nominaciones todavía ve cómo se le resiste el preciado Oscar. Y no parece ser esta la edición que cambie su particular historia. Tampoco será por escasez de propuestas de calidad, a las nominadas El gran hotel Budapest y The Imitation Game podríamos unir las más que solventes Godzilla, Monuments Men o Invencible, logrando así un hipotético pleno de nominaciones sin que el nivel general disminuyera. Lo que por supuesto habla mal del resto de sus competidoras.

Sorprendentemente o no, el único punto salvable de la tan estruendosa como finalmente ridícula Interstellar es la banda sonora de un Hans Zimmer que pese a seguir adueñándose de los logros de otros compositores, incluido él mismo, logra dejar de sonar a déjà vu experimentando con nuevas formas y tiempos transportados al viaje espacial, lo que significa mucho para un autor de renombre que llevaba más de una década ensimismado y en franca decadencia. El británico Gary Yershon, de exigua carrera y siempre ligada al cine de Mike Leigh, se cuela entre las nominadas probablemente por el empaque formal y academicista de Mr. Turner, lo que le ha brindado diversas nominaciones técnicas a un film que tenderá a pasar desapercibido, siendo el islandés Jóhann Jóhannsson con La teoría del todo el último y principal aspirante a la estatuilla.

El gran hotel Budapest

Sabíamos ya de la sensibilidad y polivalencia de Alexandre Desplat, pero la exquisita imaginación con la que reconstruye toda una época, la Europa de entreguerras, deslizándose entre lo frenético, la nostalgia y los apuntes dramáticos sin perder la inspiración ni la armonía del conjunto, hacen de la banda sonora de El gran hotel Budapest uno de sus más memorables e inabarcables trabajos, sintetizado a la perfección con The New Lobby Boy.

Su doble presencia en la terna de nominadas le resta oportunidades, pero nos confirma la extraordinaria solidez de su colaboración con Wes Anderson, enriqueciéndose mutuamente tras Fantastic Mr. Fox y Moonrise Kingdom, por mucho que echemos de menos a Mark Mothersbaugh y sus adictivas melodías, siendo precisamente su banda sonora de La LEGO película la gran olvidada de la categoría junto a la de Mica Levi en Under the Skin, quizá nacidas ambas en el Siglo XXII.

La teoría del todo

Hay que reconocer que la aportación del músico islandés a La teoría del todo es tan efectista como efectiva. Sus notas vuelan aportando color y ritmo a una película que precisa de esa dulzura constante de los instrumentos de cuerda para edulcorar el drama de su personaje principal. Por ello, destaca en contraposición el tema Camping al utilizar un elegante violonchelo, de llanto y tono pausado  que contrasta con la felicidad del conjunto, resonando en uno de los escasos momentos dramáticos logrados de la película de James Marsh.

A Johansson partir de favorito le ha servido para recibir acusaciones por inspirarse en el tema de The Cinematic Orchestra con el que acaba la película. Afirmación que no terminamos de compartir, pero sí en tanto que la potencia del tema le supera ampliamente. Y aunque en líneas generales funcione, el patrón que marca su extensa banda sonora limita sus posibilidades, por lo que no podríamos negar que nos encontramos ante un ganador de insuficiente categoría.

por Gonzalo Ballesteros

Jason Hall, El francotirador

Graham Moore, The imitation game

Paul Thomas Anderson, Puro vicio

Anthony McCarten, La teoría del todo

Damien Chazelle, Whiplash

 

Podemos recorrer una buena parte del siglo pasado si ordenamos las nominadas a mejor guión adaptado: los años 40 de la mano de Alan Turing en The imitation game, los 60 con Stephen Hawkins en La teoría del todo, los psicodélicos 70 en Puro Vicio; con otro biopic el del marine Chris Kyle pasamos a los 2000 en El francotirador y llegamos a nuestro tiempo a ritmo de Jazz en Whiplash. Normalmente esta categoría está plagada de adaptaciones de memorias o biopic clásicos y este año no es una excepción, sólo Paul Thomas Anderson y Damien Chazelle consiguen colarse con personajes anónimos. Todo apunta a que la estatuilla irá en memoria de algún personaje famoso.

Whiplash

Este año la sorpresa la ha dado una ópera prima, con todo merecimiento. La película de Damien Chazelle comenzó su carrera a los Oscars avalada por Sundace y ha recolectado un buen puñado de premios por el camino. El vibrante duelo a ritmo de jazz de sus protagonistas transmite una emoción casi física por lo que no es de extrañar que JK Simmons sea uno de los favoritos en actor de reparto. Las nominaciones a montaje y sonido parecen indiscutibles y la de mejor película una grata sorpresa. Quizá la nominación que más sorprende es la que nos ocupa, el guión es una adaptación del cortometraje que da origen a la historia. Pasar de algo más de 15 min a 90 en una historia que depende de momentos muy compactos y directos es todo un reto que sin duda se merece reconocimiento.

The Imitation Game

El biopic de Alan Turing que adapta para la pantalla Graham Moore está basado en el libro Alan Turing: The enigma de Andrew Hodges, escritor, matemático y activista gay británico. Si bien aquel libro, publicado hace más de veinte años, jugó un papel determinante en el descubrimiento y popularización de una figura histórica asombrosa, la película no le hace justicia. No por una cuestión de fidelidad o de falta de atención, sino porque el género cinematográfico necesita algo más que una traslación para conseguir impactar, necesita un lenguaje propio. Con todo, el guión tira de fórmula, es complaciente en su desarrollo y tiene todos los elementos que le gustan a la Academia de Hollywood, huele a Oscar.

 

por Pablo Vigar

Richard Linklater, Boyhood

Alejandro G. Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo, Birdman

E. Max Frye, Dan Futterman, Foxcatcher

Wes Anderson, El gran hotel Budapest

Dan Gilroy, Nightcrawler

 

En la relación existente entre la imagen y las letras sobresale la que desde casi el comienzo del cinematógrafo se estableció entre éste y el texto impreso. Más allá de constituir un compendio de direcciones técnicas, los guiones contienen la primera aproximación, tras la idea, que se hace a un largometraje. Ese primer tratamiento que, de ser digno, suele servir, por ejemplo, como magnético poder de atracción para un actor colmado de sueños que comienza desde ya a anticipar posibles matices que ofrecer cuando suelte las líneas de diálogo en este reflejadas. Este año las cintas nominadas en la categoría de mejor guión original relatan con precisión y acierto las venturas y desdichas de mayúsculos personajes principales. En Boyhood este retrato se expande a lo largo de, literalmente, toda una vida. En Birdman se complementa con una mirada adversa al estatus de estrella, complementaria con el descenso al sueño americano de Foxcatcher y Nightcrawler. Por su parte, el último experimento con la cámara de Wes Anderson no es sólo un perfecto mecanismo de relojería en lo que a diálogos e introducción de gags verbales se refiere, también referencia directamente los recursos de la poesía, provocando, casi sin quererlo, una bonita alusión a la correspondencia entre géneros que señalábamos al comienzo.

Boyhood

Que en la categoría de mejor guión encontremos una película que prácticamente se rodó sin uno, dadas las excepcionales circunstancias de su rodaje a lo largo de 12 años, es sintomático de todo lo que consigue la película en términos de la narración, presumiendo además de liberarse de la pesada losa de esos momentos definitorios –enmarcados por un “primer”– en este proceso de crecimiento de un niño. La constatada habilidad de Linklater –director y también guionista– para caligrafiar diálogos absolutamente realistas y naturales resulta en Boyhood esencial. Si Twain tenía el río y Kerouac el camino, a Linklater pertenece el tiempo. Cuanto más influye éste en los compases de su obra, mejor escrita resulta. Y a Boyhood tiempo precisamente no le falta.

El gran hotel Budapest

El período histórico de la Europa de entreguerras impregnado de un sentimiento imperante de nostalgia del libreto de El gran hotel Budapest parece tener todas las papeletas para proporcionar este año a su director la codiciada estatuilla en esta categoría. Más aún si tenemos en cuenta que el director ha pasado de una sola candidatura –precisamente en esta categoría– en el año de Moonrise Kingdom a ser este curso junto a Birdman la película más nominada. Si a ello sumamos que el Oscar a Mejor Película parece que va a debatirse entre Boyhood y Birdman, puede que los académicos hayan considerado que premiar el guion de ésta justifica y reconoce tantas candidaturas. Para nosotros, el entrañable juego de historias en diferentes épocas ya es justificación suficiente para reconocer la valía de este relato.

por Gonzalo Ballesteros

Marion Cotillard, Dos días, una noche

Felicity Jones, La teoría del todo

Julianne Moore, Siempre Alice

Rosamund Pike, Perdida

Reese Witherspoon, Alma salvaje

 

Sin grandes sorpresas en las nominadas de esta edición, podemos destacar varias cuestiones. La primera, casi anecdótica, es que todas las nominadas excepto Julianne Moore tienen menos de 40 años, una juventud poco habitual. La segunda es que no hay pesos pesados, sólo Reese Witherspoon tiene un Oscar y el resto cosechan un puñado de nominaciones. Rosamund Pike, además de ser la novata, es la única nominación para Perdida la película de David Fincher.

Marion Cotillard

La actriz francesa está en todo. A tres, cuatro o cinco películas por año, la hemos visto a las órdenes de Woody Allen, Terence Malick, Christopher Nolan… y ahora los hermanos Dardenne. Dos días, una noche es una de las ausencias en la categoría de habla no inglesa lo que no ha impedido que Cotillard se cuele con el personaje de Sandra, toda la película recae en ella y el resultado es impecable. Podría ganar su segundo Oscar con un personaje que habla francés, de nuevo.

Julianne Moore

Un Oso de Plata, una Copa Volti, dos globos de oro… y cinco nominaciones a los Oscars. A Julianne Moore se le resiste el premio de la Academia para terminar de consagrarse como una de las grandes a ojos de Hollywood. Nunca lo ha tenido tan fácil, ha ganado la “antesala” y no suena otro nombre en las quinielas… hasta a sus compañeras les saca, al menos, quince años de edad y eso ante la envejecida Academia también es un argumento de peso.

por Gonzalo Ballesteros

Steve Carrell, Foxcatcher

Bradley Cooper, El francotirador

Benedict Cumberbatch, The imitation game

Michael Keaton, Birdman

Eddie Redmayne, La teoría del todo

 

En la categoría de mejor actor la cosa va por parejas: el desembarco británico de Benedict Cumberbatch y Eddie Redmayne frente a los consagrados que buscan reconocimiento: Michael Keaton y Steve Carrell. En medio Bradley Cooper, que es estadounidense y jóven y, además, uno de los actores de moda que ha sido nominado en las últimas tres ediciones. Entre las ausencias son especialmente dolorosas la de Ralph Fiennes (de hecho ningún actor de El gran hotel Budapest está nominado) y Ellar Coltrane que dada la originalidad de la interpretación podía haber estado reconocido al mismo de forma testimonial.

Steve Carrell

Normalmente los actores que están tantos años dando vida a un personaje de televisión se quedan marcados para toda su carrera. Steve Carell no es un excepción y siempre será Michael Scott en The Office, o lo que es lo mismo: el mejor jefe del mundo. Este año tiene una ocasión de oro para ganarse el respeto de la profesión. En Foxcatcher interpreta a un viejo rico y excéntrico, los kilos de maquillaje no impiden que aflore una interpretación contenida pero potente. That’s what she said. 

Eddie Redmayne

Si tenemos que enumerar las características necesarias para que un actor se lleve el Oscar, puede que Eddie Redmayne las reúna todas. Interpreta a Stephen Hawking, un personaje célebre que requiere además un evidente desgaste físico. La Academia gusta mucho de las interpretaciones que en realidad son imitaciones, esas que a la salida de la sala provocan frases del tipo: “ha clavado el papel” o “se parecía muchísimo”. Si ese es el criterio, sólo Benedict Cumberbatch puede arrebatarle el Oscar.

por Gonzalo Ballesteros

Alejandro González Iñárritu, Birdman

Richard Linklater, Boyhood

Bennet Miller, Foxcatcher

Wes Anderson, El gran hotel budapest

Morten Tyldum, The imitation game

 

Si las apuestas se cumplen y Alejandro González Iñárritu se lleva el Oscar a la mejor dirección relevará a su compatriota Alfonso Cuarón, dos directores mexicanos ganando el Oscar de manera consecutiva. Más allá de la anécdota, Richard Linklater y Wes Anderson buscan el reconocimiento a dos carreras que se mueven por los márgenes de la industria, por su parte Bennet Miller viene avalado por el premio a mejor director en Cannes, casi nada. Y en cuanto a Morten Tyldum… ¿quién le ha invitado a la fiesta?

Richard Linklater

Tras firmar la mejor trilogía romántica de la historia, este maestro de las emociones, los diálogos y el tiempo (sobre todo el tiempo) ha dado a luz este año a un proyecto casi vital: Boyhood. Y después de dirigir grandes películas sin llamar mucho la atención, esta película ha hecho todo el ruido que no habían hecho las anteriores. No es para menos. Linklater ha dirigido durante doce años con un sentido total de lo que tenía entre manos. Esta por ver si la Academia de Hollywood va a estar a la altura de las circunstancias o, una vez más, se le va a escapar el tren, en cualquier caso Linklater ha conseguido filmar la vida y eso vale más que cualquier premio.

Alejandro González Iñárritu

Alguna vez habría que investigar que tiene el plano-secuencia que eleva a quien lo hace (bien, claro) a la cima de la dirección. Si, como en este caso, toda la película es un plano-secuencia, parece que no hay más debate… Iñárritu ya tiene el Oscar en la mano y en cualquier caso, quien se atreva a decir algo tendrá que argumentar que o quien se merece más reconocimiento que un plano-secuencia de 90 minutos. Si el año pasado Cuarón parecía haber alcanzado la estratosfera de la dirección, este año su compatriota le arrebata la posición con una acrobacia técnica sin parangón, porque la excelencia técnica es lo que se debe premiar a toda costa… ¿o no?

por Antonio M. Arenas

El francotirador, Clint Eastwood
Birdman, Alejandro González Iñarritu
Boyhood, Richard Linklater
El gran hotel Budapest, Wes Anderson

The Imitation Game, Morten Tyldum
Selma, Ava DuVernay
La teoría del todo, James Marsh
Whiplash, Damien Chazelle

 

 

 

 

And the Oscar goes to… ¿Birdman? ¿Boyhood? ¿Selma? Resultan necesarios los interrogantes de cara a unos Oscars relativamente abiertos. Las casas de apuestas y los numerosos premios de los sindicatos han dado un vuelco a nuestras expectativas y Birdman se postula como favorita, pero teniendo en cuenta la tendencia en los últimos años de repartir triunfadores con distintos Oscars a mejor director y película, insistimos en creer en lo abierto del principal galardón, del que cuesta entender la ausencia de Foxcatcher (nominada a mejor director), así como la presencia de Selma, fuera del resto de categorías. No están todas las que son, ni son todas las que están, por lo que resulta irónico que pese a ampliar el número de posibles nominadas hasta diez, la lectura de las candidatas resulte tan previsible y poco arriesgada para una gala de la que en cambio sí esperamos agradables sorpresas.

Boyhood

Richard Linklater no ha sido nunca un cineasta fácil de calificar para la industria ni para la crítica. Entre el cine independiente, las apuestas experimentales de animación y los encargos comerciales, el Oscar siempre le había mirado con resignación, tanto que incluso habiendo cosechado cierto prestigio con su trilogía, Antes del anochecer tuvo que conformarse con una nominación a mejor guión adaptado. No sabemos si la Academia compensará a un cineasta tan genuino, a estas alturas tampoco nos preocupa, pero Boyhood es una cima de su forma de entender el cine a través del paso del tiempo, que va más allá de su concepción a lo largo de doce años. Un valioso retrato generacional cuya trascendencia tan solo estamos atisbando a apreciar.

Birdman

Tras los múltiples galardones a despliegues técnicos digitales de las características de La vida de Pi, Avatar y Gravity, el siguiente reconocimiento apunta al plano secuencia de Birdman Tan virtuoso como superfluo y finalmente irrelevante, apenas fuegos de artificio para enmascarar el vacío argumental en la ficción alrededor del ego de los actores y de significado en la propia carrera artística de su director, resulta lógico entender que la Academia tenga en alta estima el film de Iñárritu, además de por criticar parodiar celebrar sin autocrítica ni pudor alguno la trastienda de Hollywood. No en vano, recordemos que hablamos de los Oscars del selfie, por lo que pueda pasar.

Boyhood VS Birdman

Ilustración obra de Tabaré Santellán.

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