Puro vicio (Inherent Vice)

Escrito por

 Sol, drogas y Neil Young

– Es toda mía, la preciosa carga que no

pueden asegurar por su vicio inherente.

– ¿Qué es eso?

– No lo sé.

El título original del film de Paul Thomas Anderson, así como de la novela de Thomas Pynchon en la que se basa, es Inherent Vice. La traducción literal sería Vicio inherente; y Vicio propio es como tradujeron la novela en España. Sin embargo, respecto a la película decidieron que no era buena idea ni mantener el título original, ni la traducción literal, ni siquiera la de la novela; en su lugar han optado por una interpretación más libre: Puro vicio. Más comercial, más sugerente pero que desvirtúa el significado original.

El Inherent Vice primigenio hace referencia al término legal con el que se designan los defectos que puede tener un objeto, que no se aprecian en el momento de su compraventa o evaluación, pero que conllevan un deterioro del mismo y facultan al comprador para tomar acciones legales contra el vendedor. Es decir, es aquello que te revela que te han dado gato por liebre. En nuestra lengua, en Derecho, a esto le llaman vicio oculto o vicio redhibitorio, he ahí otros dos nombres con los que podían haber bautizado el film.

Este breve pero confuso análisis lingüístico/interpretativo del título viene motivado por la necesidad de entender una de las principales claves de una película que lanza muchos interrogantes pero ofrece pocas respuestas. Y para una que nos da el propio título no la desechemos de antemano.

Inherent-Vice

Siendo precisos, la historia de Puro vicio más que interrogantes lo que lanza son posibilidades; caminos que se abren en distintas direcciones, se entrecruzan y van a parar a ninguna parte o a todas que para este caso es lo mismo. La historia se centra en Doc Sportello, detective por profesión y drogado por vocación y viceversa, que comienza a investigar un caso a petición de su ex novia Shasta, la femme fatale que tira del hilo. En la madeja, una fauna excéntrica e indescriptible en la que hay -por citar algunos ejemplares- moteros neonazis, empresarios del ladrillo, saxofonistas resucitados, dentistas encocados y por supuesto mucho hippie.

Como paisaje la California de los 70, como carburante las drogas psicodélicas y como destino una canción de Neil Young, por ejemplo: Journey through the past. Entre esos caminos de los que hablamos, el film de Paul Thomas Anderson transita por un neo-noir muy luminoso en un equilibrio imposible entre El sueño eterno (1946) de Howard Hawks y El gran Lebowski (1999) de los hermanos Coen. Entre el cine negro y la comedia, el humor parece que pesa más, en cualquier caso la sensación de que Paul Thomas Anderson lo tiene todo bajo control es total.

INHERENT VICE

Tras una filmografía en la que parece que no se cansa de alcanzar cimas, Anderson “el maestro que guía al cine norteamericano”, ha adaptado a un inadaptable como es Thomas Pynchon. Demostrando así que el viejo y desfasado debate entre cine y literatura no debe librarse en términos de fidelidad al original sino en cuestiones de adaptación al medio, al lenguaje. Esto es exactamente lo que hace el director de Puro vicio, lleva el posmodernismo literario de Pynchon al posmodernismo del cine, sin renunciar a las características de sus formas pero manteniendo la complejidad del relato. Con todo, la película resulta inabarcable y la trama se enmaraña tanto que no hay manera de darle sentido sin perderse en el proceso. Pero a fin de cuentas hay que respetar el espíritu de Doc: dejémonos llevar por el viaje psicodélico, en lugar de intentar explicar porqué disfrutemos del cómo. No perdamos la Vitamina C.

Después de todo no podemos saber que es verdad y que es consecuencia de la droga, tampoco dónde está el vicio inherente. Visto con distancia, ¿podemos aplicar el vicio inherente a las personas? ¿y a las épocas? En la película Doc se pregunta cuándo aplicarlo a sus ex novias. Pynchon, sin dudarlo, lo aplica a los años 70  y P.T. Anderson, por extensión, a la Historia de América. ¿Quién se atreve a asegurar ya nada?

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