Sesión Doble: El Diputado + Z

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El 24 de mayo se celebran Elecciones Municipales en España. Sí, es cierto que también son Elecciones Autonómicas en la mayoría de las regiones, pero es indudable el carácter localista que ha adquirido la cita a lo largo de la campaña. Hace muchos, muchos años que unas Elecciones Municipales en España no tenían tanta relevancia. Hay que remontarse a dos fechas del siglo XX para encontrar unas municipales con un carácter tan generalista, la más reciente la de las elecciones de 1979, las primeras en las que concurría un PCE legalizado y en las que obtendría algunas alcaldías importantes aunque una sensación general de pinchazo pese a ser la tercera fuerza a nivel nacional. Las otras elecciones, mucho más relevantes a nivel histórico, fueron las municipales de 1931 que tuvieron carácter plebiscitario y donde se presentaron dos grandes bloques: el Monárquico y la Conjunción Socialista-Republicana. La amplia victoria de estos últimos en los núcleos urbanos derivó en la caída de la Monarquía de Alfonso XIII.

Este 2015, las candidaturas de unidad popular o mareas han generado un clima de regeneración/ruptura democrática que aspira a alcanzar un espacio relevante en los libros de Historia. Barcelona, Madrid o Santiago de Compostela, están a punto de ser gobernadas por candidaturas ciudadanas que han conseguido reunir -de manera histórica en la democracia- a la izquierda partidaria y a la izquierda social ante el nerviosismo de los partidos tradicionales y los poderes económicos que están propagando el discurso del miedo para tratar de evitar lo inevitable. Desde sus puestos de responsabilidad y haciendo uso de los grandes medios de comunicación que les sirven de altavoz, han intentado relacionar a las candidaturas ciudadanas con Venezuela, ETA o Bin Laden. En un ejercicio ridículo desde el punto de vista intelectual, pero que cala en ciertos sectores de la población.

Ante este ambiente preelectoral que mezcla esperanza y miedo, queremos proponer desde Revista Magnolia una sesión doble de cine político que aborda otros periodos convulsos. Una sesión que sirve para saciar nuestra sed audiovisual y entretenernos en la jornada de reflexión. Hablamos de El diputado (1979) de Eloy de la Iglesia y Z (1969) de Costa-Gavras.

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En la España democrática pre-15M el periodo político más convulso y emblemático está capitalizado por la Transición de la dictadura a la democracia. Es ahí dónde se enclava la película de Eloy de la Iglesia El diputado, que narra la historia de un diputado comunista que se postula a la Secretaría General de su recientemente legalizado partido mientras oculta su condición de homosexual. La película fue realizada en 1979, apenas dos años después de la legalización del PCE, lo que da una idea de la urgencia de la cinta. Obviamente hay muchos paralelismos entre la historia de ficción y los acontecimientos y personajes reales; de hecho el partido de la película es concebido como una tercera vía entre el PSOE y el PCE aunque más cerca de estos últimos.

Aunque la cinta es una radiografía evidente del momento en cuestión, de la Iglesia pone el foco a partes iguales entre la vertiente política de la película y la vertiente sexual. Su particular feísimo estético y sordidez social, que se convertiría en un sello a lo largo de su carrera, está aquí bien representada por la vida de este diputado bien posicionado y comprometido políticamente que sin embargo pone en riesgo su carrera al no poder reprimir su orientación sexual y su gusto por los menores. Huelga decir, que todo lo relativo a la diversidad sexual hoy es medido con otra escala pero en el tiempo en el que transcurre la película la homosexualidad estaba relegada a la marginalidad social y moral. Con todo, El diputado se dedica a  escalar en la montaña de la provocación hasta puntos que hoy en día pueden ser incómodos, de esta forma el director abre un frente tras otro más preocupado por generar controversia que por controlar una historia desbocada.

El diputado

Aunque quizá sea una lectura descontextualizada, lo cierto es que el retrato de la izquierda comunista que hace Eloy de la Iglesia tiende a la caricatura e incluso el infantilismo: pisos clandestinos empapelados con propaganda comunista, música de cantautores o incluso citas a Marx en una discusión de pareja. Todo impregnado la corriente ideológica y el Partido que estructura la vida cotidiana, un partido que por otro lado -tal y como propone de la Iglesia- hace suya la bandera de la modernidad pero luego muestra su conservadurismo al no poder albergar en su seno la diversidad sexual, por ejemplo. Pero no sólo el PCE o los comunistas son retratados en la película, también tienen un papel protagonista los grupos de ultraderecha -aquí la relación con Fuerza Nueva es evidente- que reaccionaban al progreso con violencia, actos vandálicos e incluso asesinatos contra todo grupo de izquierda.

Es curioso que pese a la evidencia de las referencias, del contexto y del clima político de la época, El diputado se abra con la clásica aclaración de que cualquier parecido con acontecimientos o personajes reales es pura coincidencia. Contrasta además, con lo que ocurre en la siguiente película de nuestra sesión doble: Z (1969). La de Costa-Gavras, por el contrario, aclara en el inicio que cualquier parecido lejos de ser fruto del azar es intencionado. Una declaración de intenciones desde el primer fotograma. El guión está escrito por Jorge Semprún quien fuera Ministro de Cultura (sí, hubo Ministros decentes antes de Aguirre, Sinde o Wert) y adapta el libro de Vassili Vassilikos sobre el asesinato del líder pacifista Grigoris Lambrakis en 1963 en la inestable Grecia que precedió a la Dictadura de los Coroneles. La película fue rodada en Argelia aunque en ningún momento se explicita el país donde se desarrolla la acción.

Z, a diferencia del film español, es mucho más compacta en términos cinematográficos. Su estructura narrativa propia de un thriller le otorga una consistencia constante en sus dos horas de duración. Primero con la continua escalada de tensión hasta el asesinato del diputado y después con la posterior investigación que desvela al juez como verdadero protagonista del film. Además el montaje fragmentado y el particular uso del flashback contribuyen a enriquecer la película desde el punto de vista visual.

Z

El film de Costa-Gavras es un referente claro del cine político. Cosechó un éxito enorme a nivel mundial, desde Cannes hasta los Oscars, pero sobre todo entre el público gracias en parte a la ola de Mayo del 68. Aunque no estuvo exenta de críticas, principalmente por su marcada ideología y su representación maniquea de ambos bandos. En cualquier caso hay que tener claro que la posición de Costa-Gavras es combativa, es propaganda política sí, pero no puede ser de otra manera. Es una película de trincheras pero honesta al fin y al cabo.

Tanto El diputado como se preocupan en retratar y denunciar el clima de inestabilidad y terror que en estos años implantaba la extrema derecha en Europa con la complicidad de los Estados. Es lo que en Italia se vino a llamar “estrategia de la tensión”, que pretendía generar un estado de alarma que favoreciera implantar un Estado Policial o, al menos, perjudicar a los partidos de izquierda en ocasiones atribuyéndoles los disturbios. El asesinato de Lambrakis en Grecia en el 63, el atentado de Piazza Fontana en Italia en el 1969 o la Matanza de Atocha en Madrid en 1977 son algunos ejemplos del uso del terror para frenar el progreso.

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