Vengadores: La era de Ultrón

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Dioses y monstruos

Probablemente el mayor acierto del reencuentro entre dioses, monstruos y superhéroes que propone Joss Whedon, en la que se adivina su última colaboración con Marvel, sea el de enfrentar a los personajes a sus mayores miedos. Quienes en los albores de la formación del grupo prometieron que en caso de no poder salvarla, vengarían la tierra, se ven obligados ahora a reconocer sus propios temores y traumas del pasado. No queda lejos la cueva del planeta Dagobah, donde Luke se adentraba para completar su entrenamiento en El imperio contraataca. Ante la insistencia por conocer qué le aguardaba en su interior, el maestro Yoda respondía que sólo aquello que llevase con él.

Vengadores: La era de Ultrón

Así, una vez despachado un prólogo glorioso por todo lo que supone de cara a las formas del cine de superhéroes, Whedon se permite el lujo de detener la narración y dar cabida a momentos de introspección en el pasado de los protagonistas: una Viuda a quien entrenaron como letal sicaria despojándola por el camino de todo y todos, un Capitán revisitado por fantasmas del ayer, un Dios atormentado por aciagas visiones de su mundo más allá de las estrellas o un genio de la ciencia incapaz de aceptar el nuevo mundo y los peligros que entraña. Precisamente, el destacado lugar que se otorga a estos momentos a lo largo del metraje entronca con su valor como pieza intermedia de unión y reflexión en la hoja de doble filo que es lo andado y lo que queda por andar. Frente al montaje original superior a las tres horas de duración, la película arroja dudas sobre la valía de productos Marvel como entes individuales o como meros adelantos de un clímax que nunca termina de llegar.

Con todo, el realizador aplaca estos miedos valiéndose de calculadas señas de identidad. Cuando se le confió la puesta a punto del experimento sin precedentes que fue la primera no sólo salió indemne del reto, sino reforzado por la motivación de hacer de esta segunda una película superior a su predecesora. En muchos aspectos así es. La primacía del grupo no alcanza a tocar el cielo que sí acarició el grupo de fracasados de Guardianes de la Galaxia, e incluso más allá de los primeros compases se echa en falta cierto arrojo visual, pero ciertas decisiones como componer una suerte de trama de la bella y la bestia o dotar de trasfondo a Ojo de Halcón terminan por modelar la propuesta en meritorio espécimen de un estilo absolutamente personal en un tipo de cine a priori alejado de esta definición.

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