Play-Doc 2015

Escrito por

En estos algo más de tres años de vida de Revista Magnolia la cobertura de festivales ha sido una constante en nuestros números. Hemos compaginado grandes certámenes como San Sebastián y Locarno, de tamaño más intermedio como Gijón, SevillaMálaga o en apariencia y presupuesto modestos pero cada vez más prestigiosos como Punto de Vista o el IBAFF, descubriendo en estos últimos gratas sorpresas de programación y organización que no se corresponden con la visibilidad que reciben. A este grupo tenemos que añadir ahora Play-Doc, el Festival Internacional de Documentales que se celebra desde 2005 en Tui, un pequeño pueblo fronterizo que separa Galicia de Portugal, Miño mediante.

Durante su década de andadura Play-Doc ha despertado la atención de la crítica especializada por ser un lugar de encuentro entre público y cineastas alrededor de un cine documental que rastrea lo más interesante del panorama internacional, poniendo su foco cada edición en cineastas pioneros y de gran valor por reivindicar, sin descuidar su importancia como lanzadera del cine local. En ese sentido, algunas obras claves del denominado “novo cinema galego” como Todos vós sodes capitáns de Oliver Laxe, Arraianos de Eloy Enciso o Costa da morte de Lois Patiño han sido proyectadas y premiadas en el certamen de Tui.

Con todo, llegamos a esta undécima edición de Play-Doc atraídos por una sección oficial que viene con cintas avaladas en Locarno, Berlín o Sundance; por una retrospectiva de la cineasta francesa Claire Simon; la siempre interesante sección de cine galego y una nueva y estimulante sección, Resonancias, en la que son los críticos de cine los encargados de programar, generando una sensación de conjunto que solo un certamen de estas dimensiones puede lograr.

play-docSO

por Gonzalo Ballesteros

En la compacta sección oficial encontramos algunos indicios de la estudiada línea editorial, diversidad en la nacionalidad de las películas (de hasta 3 continentes distintos) y mayoría de mujeres directoras. Pero, por encima de todo, estamos ante siete maneras distintas de afrontar la no ficción, una tesitura que enriquece el festival y a todo aquel que se aproxima y deja al jurado ante la decisión de elegir por un estilo por encima de otros factores.

Hemos visto, por un lado, películas que tratan de crear un discurso valiéndose de material de archivo pero apoyado con imágenes propias. Como en Songs from the North donde la directora Soon-Mi Yoo se enfrenta a la arriesgada tarea de mostrar la hermética Corea del Norte y hacerlo de la manera más objetiva posible. Para ello muestra fragmentos de la cultura popular norcoreana a los que suma una entrevista con su propio padre que aporta otro punto de vista. Esta decisión de crear un discurso a través del material “oficial” recuerda a Canciones para después de una guerra de Basilio Martín Patino con quien guarda semejanzas hasta en el título.

Liahona

Liahona (Talena Sanders, 2014) – Premio CAMIRA

Otro filme de la sección oficial que utiliza material de archivo para buscar nuevos significados es Liahona de Talena Sanders que a la postre se llevaría el premio de la crítica. En su filme la directora norteamericana traza un recorrido por la cultura, historia y tradiciones de la fe mormona, a través de los paisajes y lugares donde esta religión es mayoritaria. Descontextualiza las imágenes creando un relato irónico que pone de manifiesto las contradicciones de una religión que vivió desde dentro. Con material encontrado también se construye en su totalidad Concerning Violence. En concreto el director sueco Göran Hugo Olsson utiliza imágenes rescatadas sobre la descolonización de África a las que contrapone un texto de Frantz Fanon. Y decimos contrapone y no pone porque decide situar al mismo nivel texto e imagen llenando la pantalla con algunas de las frases que a su vez narra la voz en off. La magnitud de las imágenes sumada a la potencia del texto crea un resultado sobrecogedor, una película que está muy por encima del resto.

Y si hay alguna película en la sección oficial que pueda competir con Concerning Violence por su impacto en el espectador esa es L’abri. La película se introduce en el día a día de un refugio para gente sin hogar en el duro invierno suizo y para contarlo la cámara de Fernand Melgar acompaña a una serie de personas que buscan refugio cada noche a la vez que muestra el difícil trabajo de aquellos que gestionan el albergue que tienen que decidir quién entra y quién se queda fuera. Una obra que ya nos cautivó a su paso por Locarno.

MOTU MAEVA

Motu Maeva (Maureen Fazendeiro, 2014) – Premio a la mejor película

Otra película que generó mucho debate fue Approaching the Elephant. La cinta de Amanda Rose Wilder se sumerge en la cotidianidad de una escuela libre durante su primer año. En este proceso vemos cómo se construye una forma alternativa de escuela donde la democracia y la voz de los niños está por encima de todo. Lo más interesante quizá es como habiendo grabado una cantidad ingente de material, después crea un discurso que pivota sobre la relación de dos de los alumnos y el directo de la escuela.

Para finalizar la sección oficial hay que hablar de las dos propuestas más arriesgadas: The Iron Ministry y Motu Maeva. En The Iron Ministry, J.P. Sniadecki nos lleva a un viaje casi sin fin por una línea de ferrocarril china, la más grande del mundo. La disposición de los vagones, las clases sociales de cada uno, las actividades que realizan dentro de cada compartimento… estamos ante una especie de experimento social, cómo si no hubiera nada más allá de lo que ocurre sobre las vías, un microuniverso repleto de matices que encierra muchas lecturas de lo que ocurre en China. Por último, Motu Maeva, es posiblemente la película más personal de toda la sección oficial, desde el punto de vista discursivo pero también formal. En apenas cuarenta minutos nos propone un viaje por la memoria de Sonja André, una aventurera del siglo pasado que vive en una isla construida por ella misma, la que da nombre al filme. Un viaje que cautivó al jurado que se decantó por el filme de Maureen Fazendeiro, ganadora en esta sección oficial.

playdocgalicia

por Antonio M. Arenas y Gonzalo Ballesteros

En el Seminario de crítica y programación que acompañó las jornadas de festival uno de los temas que salieron a debate fue la etiqueta del “novo cinema galego”. Más concretamente hasta qué punto fue invención de la crítica y de los festivales locales, una pregunta necesaria con otra respuesta que salta a la vista, su eco a lo largo de festivales de todo el mundo demuestra la presencia cada vez más nítida de un cine gallego que requería las herramientas críticas precisas que lo impulsaran. Por ello, que Play-Doc dedique un sección al cinema galego nunca fue un asunto menor, como suelen serlo las secciones regionales de otros certámenes, responde a la pujanza de un nutrido y cada vez más diverso grupo de cineastas emergentes cuyas propuestas año tras año se encuentran entre lo más interesante del año.

De entre los presentes, el autor más destacado en esta edición estaba llamado a ser Eloy Domínguez Serén, que ya había despertado gran interés con cortometrajes como Pettring (2013), en el que entabla su diálogo como cineasta forzado desde el exilio laboral a Suecia. Temática del desarraigo y la creación artística en la que ha seguido trabajando, siendo irónicamente en su regreso a Galicia con Jet Lag cuando tantea la realidad y los mecanismos documentales de forma más rotunda. Rodada en una gasolinera a las inmediaciones de Tui, Jet Lag parte del retrato observacional de las sombras del trabajo nocturno, por medio de un sólido punto de vista filmando el turno de noche de un empleado de la gasolinera, hasta convertirse sin pretenderlo en un anti-thriller cargado de retranca por culpa de un atraco que rompe la aburrida cotidianidad esperada. El inteligente uso de las cámaras de vigilancia como nudo dramático y su decisión formal de mantener el punto de vista de la cámara convierten su apuesta documental en la gestación de un clímax constante a la espera de una película y unos atracadores que nunca llegan, pero que en cambio permiten hacer aflorar otros sugerentes retazos costumbristas de aquel accidentado rodaje a deshoras en una gasolinera.

Jet Lag

Jet Lag (Eloy Domínguez Serén, 2014)

El de Eloy Domínguez Serén no es el único caso de cineasta gallego que rueda desde el extranjero. Con Anima Urbis Xisela Franco explora el formato de diario fílmico durante su estancia académica en Toronto, mientras que con O sol sempre brilla sobre min, Alvaro Fernández-Pulpeiro construye un grandilocuente poema visual inmerso en la naturaleza devastadora de los atardeceres de Texas que pueblan nuestro imaginario cinéfilo y colectivo. Sin duda nombres a tener en cuenta para el futuro, pero la sección también ha recogido muestras del presente, dos trabajos que no han parado de saltar de festival en festival, dejando una huella a su paso y recordando que “o novo cinema galego” es mucho más que una etiqueta.

El primero de ellos, A viaxe de Leslie ha pasado por la Seminci, Málaga, Cinturota o la Mostra de cinema periférico S8, es un largometraje que bucea en la historia de Leslie Howard, un actor de Hollywood que perdió la vida durante la Segunda Guerra Mundial cuando el avión comercial en el que viajaba fue derribado por los alemanes frente a las costa de Galicia. Lo más interesante del documental es la construcción del discurso a partir del mar de dudas y cabos sueltos que presenta, en un juego que permite al espectador hilar su propia hipótesis. La otra obra de la que hablamos es, a su vez, uno de los cortometrajes españoles más exitosos del pasado año, Ser o voltar de Xacio Baño, a quien estos días le ha dedicado una retrospectiva la Mostra S8. En Ser o voltar, el director gallego realiza una suerte de retrato sobre sus propios abuelos que le sirve para reflexionar sobre su condición de cineasta, cortometraje que estuvo en la sección oficial de Locarno y ganó en Curtocircuíto con el que redondear una selección que augura larga vida a la cinematografía gallega.

claire simon2

por Antonio M. Arenas

Basta con repasar anteriores ediciones de Play-Doc para comprobar su interés en dedicar retrospectivas a aquellos cineastas canónicos como los hermanos Maysles o Ross McElwee capaces de abrir caminos, los que rompieron barreras entre el documental y el experimental como Jay Rosenblatt, los pioneros y los heterodoxos, los imprescindibles como Artavazd Pelechian, en definitiva, los que más allá de los grandes focos siguen proponiendo una mirada a la tradición del documental que también permita difuminar sus límites y asombrarnos. 

El cine de Claire Simon (Londres, 1955) sintetiza esta máxima con naturalidad, ella misma nos respondía en nuestra entrevista que no sabía donde marcar el límite entre ficción y documental en sus películas, que incluso el uso de la palabra documental le parecía una cuestión de marketing. No le falta razón, sus películas no son fruto de la hibridación de laboratorio ni un calculado artefacto promocional de sí mismo, o probablemente sería más popular y reconocida en festivales de todo el mundo, sino que parten de un acercamiento íntegro a lo real. Lo que en consecuencia provoca la necesidad de adaptar su mirada como profesional tras la cámara, sin perder de vista la tradición documental francesa.

Gare du Nord

Gare du Nord (Claire Simon, 2013)

Dicha naturalidad en el tránsito de la ficción y el documental estuvo muy presente en la retrospectiva que le dedicó el festival, incluyendo además de una de sus ficciones, Ça brûle (2006), el díptico formado por Gare du Nord (2013) y Géographie Humaine (2013), su reciente y ambicioso proyecto -todo lo ambiciosa que puede ser una cineasta adentrando su cámara entre el gentío, que es mucho- con el que documenta la Estación Norte de París desde ambas disciplinas. Pero como era de esperar, Claire Simon lo hace sin ajustarse a lo canónico, logrando generar vasos comunicantes entre la ficción y lo real, esbozando una narración en el documental y permitiendo que lo real se adentre constantemente en su ficción. Estas dos películas no resumen la diversidad de su obra, pero si encierran algunas de sus principales búsquedas, un interés por las historias humanas y también por su lectura global, aportando además el valor del relato al documental y del contexto social a toda ficción.

Pero como decíamos, lo más asombroso resulta su capacidad de mimetizar otras vertientes del documental para llevarlas a un estado propio y personal, convirtiendo cualquier imagen en genuina. Es el caso de Mimi, adorable retrato de una mujer que se resiste a ser golpeada por la vida y con el que Claire Simon despliega su interés por distinguir el apartado sonoro de la imagen, relato y realidad, evocando las historias personales de su protagonista en su entorno de Niza. Una perspectiva radicalmente distinta a la de Coûte que coûte (1995), donde absorbe los preceptos del Direct Cinema filmando cámara en mano los últimos meses de una empresa de hostelería al borde de la quiebra. En cambio, el nervio de la cámara y su narrativa tan cruda saben dar un resquicio en contacto con sus personajes al inevitable paso del tiempo, simbolizado en el retrato de una palmera y la esperanza que pese a todo desprende su final.

Aunque donde coincidiremos mejor aflora su mirada es en Récréations (1992), mediometraje excepcional en el que se adentra en la aparente cotidianidad de un recreo infantil, el del colegio de su propia hija, para filmar lo inenarrable. Su aproximación tan cercana a los niños le sirve para implantar un método observacional en el que fluye con inocencia la imaginación de los relatos de la infancia y afloran las tragedias más pequeñas. En ese sentido su acercamiento a la batalla de patio de colegio no dista al de cada rincón del mundo, al que se enfrenta con la cámara y el corazón en el lugar adecuados, menos pendiente de trazar un estilo reconocible que de atrapar la esencia del momento.

playdocresonancias

por Antonio M. Arenas

Tras la experiencia satisfactoria de Convergencias en el pasado Festival de Gijón, iniciativa con la que la Asociación Convergencias de la Crítica Cinematográfica acogía por primera vez las propuestas de los críticos dentro del panorama de los festivales, la inclusión de Resonancias en Play-Doc se enfrentaba a un contexto completamente diferente. Si en Gijón el fin último de esta sección de la crítica tenía el reto de competir en interés con las películas de la competición oficial, actuando como un agente similar al de la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes, en esta ocasión Resonancias se debía a la exigencia menos ambiciosa, pero también más compleja y en mayor medida enriquecedora, de lograr que sus propuestas entraran en diálogo con la programación más selecta y próxima al documental de autor que encontramos cada año en Play-Doc.

En consecuencia, la selección no se escudó en aglutinar las películas más relevantes o premiadas del panorama documental, sino aquellas pocas capaces de establecer puentes entre sí, permitiendo continuar el diálogo y la apuesta formal de cada una en el conjunto de la sección y del festival, haciendo por tanto con Resonancias honor a su nombre. Inmersos en el programa, los asistentes pudieron aproximarse e indagar en torno a otras formas documentales más heterodoxas, como la (re)utilización de material de archivo y la multiplicidad de recursos sobre los que permite trabajar, así como el relato nostálgico y fabulado en torno a éste, donde la voz en off y el campo sonoro construyen una narración paralela frente al sustrato real de las imágenes. En definitiva, películas íntimas construidas en torno a materiales ajenos y repletas de fisuras que interfieren entre dos o varios espacios, ya sean arquitectónicos, reales, fílmicos o figurados, generando correlaciones apasionantes sobre las que volveríamos la vista a lo largo de estos días.

Quand je serai dictateur (Yaël André, 2013)

Quand je serai dictateur (Yaël André, 2013) – Propuesta por M.ª Carmen Fúnez

Quand je serai dictateur (Yaël André, 2013) fue la película seleccionada para abrir Resonancias y probablemente la apuesta formal más interesante al respecto. Propuesta por M.ª Carmen Fúnez, para llevarla a cabo la cineasta belga Yaël André recopila un ingente material de películas familiares grabadas en Super 8 con las que construye una serie de cartas a modo de deseos (“Cuando yo sea dictador”, “Cuando yo sea Dios”), por medio de las que se comunica con un antiguo amigo. Presa de tanta ligereza como fatalismo, descubriremos la tragedia que esconden sus misivas por medio de un dispositivo que se reinventa constantemente, generando múltiples historias imaginadas que discurren entre lo lúdico, lo poético y lo trágico, creando un hábitat fruto del contraste de la nostalgia y lo inaprensible del relato, la ausencia de una amistad y el inexorable paso del tiempo que atraviesan sus imágenes. Decisiones que la convierten en una experiencia tan estimulante como ciertamente agotadora, su estirado y reiterativo resultado queda lastrado por la presencia constante de una voz en off que no acierta a equilibrar su tono, cuando en su montaje temático de recursos se muestra más certera y encuentra alguno de sus más fascinantes hallazgos.

Siguiendo esta línea apropiativa encontramos 1960 (Rodrigo Areias, 2013), mediometraje que se valía de un dispositivo similar pero a la inversa y con el que Andrea Franco cerró su propuesta de sesión doble. En esta ocasión la voz en off se basaba en un texto escrito en 1960 por el arquitecto Fernando Távora. “Diarios de a bordo” en los que detalla impresiones personales acerca de la arquitectura y la vida viajando por el mundo, ideas expuestas sobre imágenes de aquellos lugares filmadas en la actualidad por el cineasta en Super 8. De ese contraste surge un extrañamiento que un principio parece tratar de plasmar el viaje del pasado hasta configurarse como un ente propio y personal capaz de generar sus propios y estimulantes campo-contracampo, acercando São Paulo a Nueva York y nuestra visión del mundo contemporáneo a 1960.

1960 (Rodrigo Areias, 2013)

1960 (Rodrigo Areias, 2013) – Propuesta por Andrea Franco

Afrontando (y enfrentando) la realidad por medio de la pantalla dividida, bajo la fachada más cercana a la instalación video-artística que supone The Policeman’s House (Mich’ael Zupraner, 2013) se postula un valiente ensayo audiovisual acerca de las diatribas personales del artista judío-israelí Mich’ael Zupraner viviendo en la ciudad palestina de Hebron. La convivencia étnica y militar de la zona queda reflejada en la (im)posibilidad de compartir espacios por medio de tres pantallas divididas generadas con grabaciones personales del autor. Imágenes que aparecen y desaparecen en el retrato de una casa y de sus moradores, de sus costumbres y tradiciones en tiempos convulsos, del conflicto que genera su condición judía y de la fuerte presencia de una cultura árabe que pese a todo resiste en los márgenes de la representación, en los bordes de cada pantalla.

Cerró la programación de Resonancias probablemente el trabajo más redondo, Double Happiness (Ella Raidel, 2014). La película elegida por Hanna Hatzmann se aleja de los esquemas previos de la sección para adentrarse en las consecuencias megalomaníacas de la China actual en el imaginario arquitectónico y sentimental de su población. Partiendo de la construcción de una réplica a tamaño real del idílico pueblo austríaco de Hallstatt en China, patrimonio de la humanidad, Raidel dispone un cambiante juego de espejos, tan respetuoso con la sociedad china en su investigación y fiel a los procedimientos documentales más clásicos, como dispuesto a la ironía y a una puesta en escena más arriesgada, trazando un futuro no-tan-distópico donde el gigante asiático absorba toda la civilización occidental hasta perder su propia esencia, convirtiéndose en un espacio sin memoria ni identidad.

Double Happiness

Double Happiness (Ella Raidel, 2014) – Propuesta por Hanna Hatzmann

Por último y como invitado especial, el director, crítico y programador Gabe Klinger ofreció una breve conferencia alrededor de sus múltiples facetas dentro del mundo del cine y presentó Double Play, en la que a medio camino de la crítica audiovisual y el retrato documental, filma el encuentro de dos cineastas tan especiales y genuinos en su concepción del cine como Richard Linklater y James Benning. De entre todas la pequeñas lecciones que captura y el placer de sus conversaciones, Klinger logra extraer sin grandes alardes aquello que les une tanto cinematográfica como vitalmente. Un broche que sintetiza las ambiciones de Resonancias, hacer de su programación un lugar de intercambio e intimidad entre críticos, cineastas y, por supuesto, espectadores.

Comentar

— required *

— required *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies