Festival de Locarno 2015 (I): James White (Josh Mond), Dream Land (Steve Chen)

Escrito por

dia1Locarno

Amor y aislamiento

Mientras el homenajeado Edward Norton y Ricki de Meryl Streep se llevaban los titulares y flashes de la jornada inaugural, como la distribuidora se los ha llevado en España del título de la película de Jonathan Demme, una oda al rock y la diversidad de la familia norteamericana en tiempos de Obama, tan potente musicalmente hablando como débil en el esbozo de sus personajes, la Competición Internacional y Cineasti del Presente daban comienzo con James White y Dream Land respectivamente. Dos películas de alejadas coordenadas cinematográficas que en cambio comparten el aislamiento de la urbe contemporánea, del violento hiperrealismo cámara en mano de Nueva York a la belleza enigmática y ensoñadora de Camboya. Además, fuera de concurso asistimos al rodaje del casting de una versión moderna de Romeo y Julieta en un asentamiento gitano cerca de Roma. Porque en Locarno el amor y las películas, las grandes estrellas y el cine más independiente, no entienden de aislamientos.

James White

Concorso internazionale – James White (Josh Mond)

Nueva York como epicentro del caos contemporáneo, así entiende Josh Mond el traumático devenir de su protagonista, que da título al film. Pero en James White no nos encontramos ante un trabajo de corte psicológico ni a una reflexión intelectualizada sobre la soledad de la muerte en la Gran Manzana, sino ante la rabia, la reducción del dolor al gesto, a la mirada perdida y la autodestrucción. La repentina muerte de su padre y el avanzado cáncer de su madre tornan a James White un ser turbulento e irracional, somos testigos de ese tránsito que desmonta sus relaciones personales y laborales, los meses que entrega todo el amor a su madre como conexión última que de sentido a sus actos. Después, no hay nada.

Encontrar a la Miranda de Sexo en Nuevo York (Cynthia Nixon) en un rol tan físico y devastador, interpretando a la madre del protagonista, supone uno de los escasos alicientes de la película, que descansa sobre los hombros de un encomiable Christopher Abbot cuyo seguimiento centra cada imagen. El estilo hiperrealista de cerrados planos cámara en mano, que oprimen a James como su mundo cae sobre él, termina antojándose un recurso formal insuficiente y repetitivo, del que únicamente aflora algo de aire en su escapada a México. “Solo hemos tenido momentos muy altos y otros muy bajos, tenemos que recuperar el espacio en el medio”, una frase que define la relación madre-hijo y también las carencias de la propuesta. Quizás su contundencia se escapa de la línea Sundance y provoca algún momento demoledor una vez avanza la enfermedad, el futuro que nunca tuvimos, pero la reducción del guión a su esqueleto la terminan por convertir en una película tan errática como el comportamiento de su protagonista.

Dream Land

Cineasti del presente – Dream Land (Steve Chen)

La camboyana Dream Land es una película sobre una joven alienada que todavía no lo sabe. Su en apariencia exitoso trabajo como agente inmobiliario y su relación de pareja con un fotógrafo de moda no le conducen a la felicidad, pero tampoco es capaz de expresarlo. Vende pisos de alta gama para extranjeros y la enriquecida clase media-alta de la moderna capital de Camboya, mientras tanto algo que no comprende falla en su cabeza. Llegado un momento de la película, en una de sus inocentes reflexiones existencialistas, fruto de la insatisfacción, se pregunta si su vida no podría ser como un vídeo de karaoke que le encanta, del que analiza su ridículo entramado romántico de forma plenamente sincera y emocional. Pero en cambio, lejos de adoptar una postura cínica o condescendiente con su personaje femenino, la dirección del norteamericano Steve Chen, que nos ha conducido hasta entonces al interior de su aislamiento a través de la belleza misma de los apartamentos que enseña, desde el reflejo de la luz y la ciudad en los cristales, transforma su propia vida en un vídeo de karaoke.

La confrontación entre la urbe futurista y la soledad del individuo en la Camboya contemporánea conduce a su protagonista femenina al encuentro de la espiritualidad en contacto con la naturaleza de una isla, pero todo es una ilusión. Como en el cine de Apichatpong Weerasethakul o Tsai Ming-Liang, sueño y realidad se confunden, son un simulacro carente de respuestas ni recuerdos, los eliminamos como el último selfie que nos hemos hecho. La trágica memoria del país en contraste con la arquitectura de la ciudad y la historia de desamor pop de su protagonista hacen de Dream Land una propuesta tan fascinante como inhóspita, por explorar. Presenta a un cineasta debutante que ha sabido alejarse del enfoque turístico para adentrarnos en lo más profundo de la compleja realidad de Camboya con tanta belleza y lucidez como misterio.

Romeo e Giulietta

Fuori concorso – Romeo e Giulietta (Massimo Coppola)

Romeo e Giulietta insiste en definirse a sí misma como una tentativa. Un documental de lo que podría haber sido una película o la película de lo que en un principio iba a ser un documental. Su director Massimo Coppola se acerca con un pequeño equipo técnico a un asentamiento gitano cerca de Roma para realizar un casting de Romeo y Julieta entre jóvenes de la zona. Muy rápidamente encuentra el tono perfecto con el que integrarse en el ambiente, para a la vez saber destapar con humor las limitaciones sociales y educativas de la zona.

Pero la mayor ocurrencia sucede de forma inesperada, entre prueba y prueba que nos invitan a descubrir la idiosincracia del asentamiento, los adolescentes elegidos para interpretar a Romeo y Julieta se gustan, pero no pueden estar juntos ni besarse, son de distintas familias y sus padres se oponen. El drama de los Capuleto y Montesco sigue vivo. Coppola despierta su simpatía jugando con el texto de Shakespeare y las más livianas formas documentales, pero pese al material tan potente que tiene entre manos, nunca pasa de ser una tentativa. Tentativa de la que se despide filmando la casta declaración romántica de Julieta a Romeo con un travelling circular que, si bien parece parodiar la hiperbólica versión de Baz Luhrman, también añade la experiencia del cine a sus vidas.

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