#63SSIFF (I): Regresión (Alejandro Amenábar), Truman (Cesc Gay), Pikadero (Ben Sharrock)

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dia1

Como nos temíamos no podía ser de otra manera, inmersos en una 63º edición donde el cine español quiere acaparar todo protagonismo, la inauguración del Festival de San Sebastián corrió a cuenta de la nueva película de Alejandro Amenábar. Rodada en inglés, con dos estrellas como Ethan Hawke y Emma Watson y ambientada en la Minnesotta de 1990, Regresión se presentó fuera de concurso de una sección oficial y de un cine español con los que le resultará difícil encontrar sintonía. El que fuera niño mimado de la industria (y sigue siéndolo a tenor de su expectación, si bien nunca ha estado a la altura del prestigio crítico con el que la prensa le ha querido convenientemente tratar) da claros síntomas de agotamiento con un thriller de terror cuyas virtudes técnicas y sugestión mental manifiestan su condición de cineasta tan efectista como intrascendente, que contrasta con el grueso del cine español presente en el festival.

Hablamos por ejemplo de realizadores en ocasiones tildados de “menores” como Cesc Gay, que propone con Truman un emotivo reencuentro entre dos viejos amigos (interpretados brillantemente por Javier Cámara y Ricardo Darín) en el que supera sus limitaciones escénicas gracias a un magnífico guión que gira alrededor de la pérdida; o de futuros talentos como el escocés afincado en Arratia Ben Sharrock, cuya ópera prima Pikadero abría la sección Nuev@s Director@s con una mirada caricaturesca a la crisis, en la que retrata con frío humor nórdico las dificultades para emanciparse de toda una generación del País Vasco.

Sección oficial (Fuera de concurso) - Regresión (Alejandro Amenábar)

Sección oficial fuera de concurso – Regresión (Alejandro Amenábar)

Seis años después de tropezar con Ágora, la cacareada vuelta de Alejandro Amenábar prometía al menos colmar las expectativas de un amplio sector que ha defendido y elevado, con o sin razón, cada una de sus obras. El supuesto regreso a sus orígenes, con un thriller de corte clásico, y un reparto capitaneado por Ethan Hawke y Emma Watson eran la carta de presentación de Regresión, que ha inaugurado la presente edición de San Sebastián sin dejar indiferente a nadie. En esta ocasión, el director viaja hasta la América profunda de principios de los noventa para adentrarse en un misterioso caso con tintes satánicos. Haciendo uso de recursos estilísticos más efectistas que sutiles, pone a funcionar el engranaje narrativo para lograr el codiciado clima de tensión y suspense.

Y lo cierto es que llegados a un punto lo alcanza, más por corrección que por ingenio, pero lo suficientemente lejos para atrapar al espectador más entregado. En el camino, eso sí, siembra una multitud de pistas falsas para ir despistándolo hasta el esperado desenlace final. En ese momento, Amenábar arroja luz sobre el oscuro entramado para cargar contra las supersticiones en general y la religión en particular. Con el escepticismo y la razón de su lado, pretende denunciar una farsa con el grave problema de que él mismo construye otra farsa. Se aprovecha de todo aquello que denuncia como la sugestión, la histeria colectiva o los miedos autoinducidos para aplicarlo a su historia y que así funcione. En definitiva pone toda su empeño y capacidad como cineasta en intentar engañarnos y ofrecernos una gran estafa.

Gonzalo Ballesteros

Truman

Sección oficial – Truman (Cesc Gay)

Con un tono más amable y cómplice con el espectador de lo esperado, el tema en este ocasión lo requiere, Cesc Gay conserva en Truman esa mirada ácida y desencantada hacia la mediana edad gracias a la que deslumbró con En la ciudad (2002) o Ficción (2006), que traslada desde su habitual y cosmopolita Barcelona al ambiente entre copas de vino y restaurantes modernos del centro de Madrid. El motivo es el reencuentro entre dos grandes amigos (Ricardo Darín y Javier Cámara) debido a la enfermedad terminal del primero de ellos, haciéndonos testigos de su relación los últimos cuatro días antes de despedirse para siempre.

Mientras que el estoico personaje de Darín trata de dejar atados cada uno de sus asuntos vitales pendientes, parece como si Cesc Gay, en una película paralela, se despidiera o recordara a muchos de los actores que admira o con los que ha trabajado, otorgando papeles anecdóticos a Javier Gutiérrez, Eduard Fernández, Elvira Mínguez, Silvia Abascal, Nathalie Poza, Pedro Casablanc o Àlex Brendemühl, este último como inesperado veterinario de Truman, perro que da título al film y que será el último de los cabos por atar de una película a la que en todo caso podemos acusar de sus flagrantes limitaciones en la puesta en escena, aunque el guion más redondo que ha dirigido Cesc Gay compense sus carencias.

Sembrando su fuerte en el lado interpretativo y en el valor de unos diálogos capaces de tocar temas importantes sin caer en una falsa gravedad pomposa, co-escritos como es habitual junto a Tomàs Aragay, el guion de Truman esquiva de forma certera y con una enorme sensibilidad dramática todo aquello que pueda parecer sensiblería o tremendismo, sin dejar por ello de trazar una emotiva oda a la amistad masculina. Decisiones agradecidas para el espectador ante un tema tabú, lo que probablemente la convierta en su película más accesible y a su vez la que mejor les define como escritores, cronistas de su propia experiencia vital y del mundo que les rodea.

Antonio M. Arenas

Pikadero

Nuev@s Director@s – Pikadero (Ben Sharrock)

En la sección Nuev@s Director@s ha inaugurado la competición Pikadero, primer largometraje de Ben Sharrock, una coproducción hispano-británica rodada íntegramente en euskera. La acción se sitúa en los márgenes de algún pequeño pueblo de la geografía vasca, dónde una pareja joven busca poner en marcha su relación amorosa con los impedimentos propios de una época, la actual, que es hostil con ellos. Sin recursos, con trabajos no remunerados y viviendo con sus respectivas familias sólo les queda deambular y, con suerte, encontrar una oportunidad para quererse en uno de los socorridos picaderos.

La gravedad, por triste y común, del tema que trata contrasta con una puesta en escena y una construcción formal bastante naíf. Los personajes masculinos se abandonan a la caricatura mientras que el papel de ella mantiene un vínculo con la realidad. A su vez el director busca tomar la distancia suficiente para encontrar la comedia de unas situaciones patéticas e insípidas. En este sentido, es imposible no pensar en Kaurismäki como referente, aunque quizá haya demasiados motivos que muestran que la distancia es insalvable. Una estética tan cuidada como transparente, dominada por los planos fijos y la simetría -aquí puede aparecer Wes Anderson como influencia-, termina de componer una película en constante equilibrio que apuesta por la ligereza visual para abordar un drama generacional.

Gonzalo Ballesteros

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